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	<title>El Valedor</title>
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	<description>Por Tomás Mojarro</description>
	<pubDate>Thu, 02 Sep 2010 22:02:12 +0000</pubDate>
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		<title>Llovió en el jardín</title>
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		<pubDate>Thu, 02 Sep 2010 22:02:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Tomás Mojarro</dc:creator>
		
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		<description><![CDATA[Llovió en el jardín. Lluvia mansa, que intentaba pasar inadvertida. Al aroma de la bugambilia recién bañada se me vino encima la evocación. Al contemplar la llovizna me punzó la añoranza, la tristura por los años dorados de la niñez, esos que para mí transcurrieron acunados en la paz y el amor de mis buenas [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Llovió en el jardín. Lluvia mansa, que intentaba pasar inadvertida. Al aroma de la bugambilia recién bañada se me vino encima la evocación. Al contemplar la llovizna me punzó la añoranza, la tristura por los años dorados de la niñez, esos que para mí transcurrieron acunados en la paz y el amor de mis buenas gentes  y al arropo de los derrumbaderos zacatecanos de mi Jalpa Mineral. Qué tiempos, qué niño fui una vez, qué feliz. Y pensar que yo no lo sabía; de haberlo sabido&#8230; En fin.<br />
“Fue mi libro de texto un amor escolar”.<br />
No mi profesora, quede esto claro. Ella sólo me enseñó el silabario (el de San Miguel, yo tierno aún, y ya ella pasada de tueste). Más tarde iba a llegar la niña de mis amores tempranos, que sigue siendo de mis amores tardíos. Ella, la sota moza que allá en mis terrenos acaba de fallecer. Accidente automovilístico. Ella, tan llena de vida, por la que yo me desvivía. Yo aquí todavía a estas horas, mientras que la niña de mis amores al arrimo de un álamo del camposanto descansa en su paz. Caprichos macabros que tiene La Parca&#8230;<br />
Pero fuera tristuras; si la bienamada descansa en su paz, haya paz también de este lado. Haya sosiego, el que necesito para relatar a todos ustedes un suceso que aconteció en tiempo de aguas, cuando esa coqueta y frutal sota moza que es mi Jalpa Mineral muda de ropas, se despoja del pardo sayal del oficio de tinieblas, las rogativas cuaresmales y las postrimerías del alma para al filo de las primeras tormentas echarse encima sedas, gasas y encajes de festividad, vaporosas y olorosas a albahaca, geranio, yedra, jazmín. Y aquel tufo (ardor, fecundidad) de hembra en brama que se desasosiega y despide humores de fermento, humus, mantillo, encelando al cielo para que la empape, y después parir. Primavera. Y aquellos chamacos cómo quedar reducidos al aula escolar.<br />
- ¡Al paseo, a la excursión. En fila india todos!<br />
De ser  “india”, que entre nosotros es decir indígena, la fila india tendría que ser de cazcanes, sangre de bravos y temerarios que al mando de Tenamaxtle mandaron al mundo de la paz eterna al Tonatiúh, nada menos. Al valeroso crudelísimo que fue el soldado aventurero Pedro de Alvarado. “Hasta tu muerte o la mía”, la divisa del guerrero cazcán. Pero a la excursión escolar me referí en un principio.<br />
A La Cañada, La Villita, El Santuario todos los de las primeras letras, pastoreados por el mínimo (bajo de estatura) profesor Máximo. Yo, circundado por aquel mundo de feracidad y horizontes revenidos de verdes, allá voy, un ojo al gato y otro a la niña de mis dos ojos, a la que con las puras pupilas me bebía. Ella por aquel entonces ajena a mis amorosos afanes, y años más tarde al trágico fin que le aguardaba por culpa de un irracional alcoholizado que manejaba el volante de su camioneta. Ella, el primer amor. A lo lejos facetea falseteando el cantador de la Costa Chica:<br />
Dos palomitas azules - paradas en un romero - la más chiquita decía - no hay amor como el primero&#8230;<br />
Pero esa chiquita, inexperta a su edad, ignoraba que todos los amores nuevos (no los amoríos) son siempre el primero. Conste.<br />
Y vámonos al paseo todos los niños de escuela, y échate a espulgar bajíos y laderas (sus escurrimientos, orgasmos de vivas aguas), y aspira a todo pulmón el olor de la guayaba, el membrillo, el guamúchil; y qué diablos le ocurre a esa lagartija, que avanza a remolque sobre esa otra,  y frente a la gloria de verdes pelambres de la sabinera, a cantar a gritos&#8230;<br />
(Ese canto, más tarde.)
</p>
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		<title>México viejo</title>
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		<pubDate>Thu, 02 Sep 2010 22:00:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Tomás Mojarro</dc:creator>
		
	<category>Fabulillas</category>
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		<description><![CDATA[Porque antes que mi pan viene mi suspiro, y mis gemidos corren como aguas&#8230;
Que todo ocurrió la tarde del domingo anterior, Día del Anciano, dije a ustedes ayer. Que, deprimido por la ausencia de mi única y como algunos  se refugian (en plan de fuga, qué contrasentido) ya sea en la droga que se fuma, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Porque antes que mi pan viene mi suspiro, y mis gemidos corren como aguas&#8230;<br />
Que todo ocurrió la tarde del domingo anterior, Día del Anciano, dije a ustedes ayer. Que, deprimido por la ausencia de mi única y como algunos  se refugian (en plan de fuga, qué contrasentido) ya sea en la droga que se fuma, en la que se inhala o en esa, la más dañina de todas, que libremente se vende embotellada, yo me arropé entre los libros de mi biblioteca, tomé al azar un volumen de poemas y ahí el incidente:  al abrir el libro se me vino a las manos aquel mensaje en cuyas primeras líneas algún ser anónimo se quejaba de que su hijo menor, el más amado de todos, lo internó en un asilo de alias rimbombante: “residencia”. El manuscrito:<br />
“Fue en el asilo donde acabé de envejecer. Pero, fuerzas de debilidad, logré fugarme y me vine a refugiar, solo y mi alma, en este cuartucho de azotea, vecino de gatos y lavaderos, abierto a vientos, lluvias y carrasperas. (Afuera de mi covacha las palomas a zureos reniegan de la llovizna.)<br />
Tardes de domingo como esta son las más deprimentes para el que envejece en una soledad de lomo engrifado como gata en brama. Por tratar de conjurarla me he aplicado a abrevar remembranzas en mi altero de viejas fotos, que más me dañan que aligerarme el espíritu. Aquí, macollo de ausencias, el oficio de mis fieles difuntos: desvaídos rasgos de la que fue mi amantísima (canto, risa, el geranio, el no-me-olvides, el deseo tensado, trenzado, en el catre de latón). Qué joven fui una vez…<br />
No me pregunten qué quise decir - es que tenia un nudo en las palabras.<br />
Me he puesto a brujulear mis fotos: hijas, partos, nietos, parientes ya muertos o más distantes todavía: desbalagados. Ah, esta herida que no cesa:<br />
el hijo fallecido por oscuro conflicto de la sota moza, sota de bastos. Ausente uno más, que de mí se ha olvidado, pero cuyo olvido fue menos ingrato que el corazón de pedernal que me encerró en el asilo. En estas corrosivas tardes de domingo intento olvidar y recuerdo; busco recordar, y olvido. (Olvidar, invoco al piadoso alzhaimer…)<br />
¿Dónde mi juventud? Se me trasminó entre los años. Tan  escaso de dones como sobrado de ilusiones fui padeciendo gozosas heridas de la sucesión de mujeres que, costras de las heridas, me dejaron estas fotos, dedicatoria y fecha vetustas y unos marchitos pétalos emparedados entre sonetos, rimas y redondillas. De súbito, inesperado, el fogonazo: llegó ella, la única, y ahora mi mente burbujea de recuerdos: romanzas y trovas, luna llena y mandolina y ventana grifa de bugambilias. Y aquí estoy, y avizoro el final, y porque esta soledad pesa cual cresta de roca desprendida de la mente para dar en el corazón, envío este mensaje a ver si alguno…”<br />
Al llegar a este punto (estos tres puntos) el manuscrito se interrumpe. Yo, el papelillo en la diestra, por la ventana miro una tarde que la llovizna torna remedo de noche, y de noche todas las tardes son pardas. ¿Quién sería el solitario? Yo, rumiante de soledades, ¿qué hubiese podido darle más allá un trueque de tristura por pesadumbre? Un súbito suspirillo, en las pupilas el picor. Contemplé la tarde aterida, observé el matutino:  “Solos, millones de viejos”.<br />
Día del Anciano. ¿Alguno se percató de la fecha, alguno agasajó a su “adulto mayor”, como le apoda el eufemismo ridículo? Mis valedores, quien sepa de edad, achaques y añejos pedimentos de auxilio conocerá la causa de esta mi depresión. Senectud, cuántos suspiros se cometen en tu nombre. Y qué hacer. (En fin.)
</p>
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		<title>El elefante encadenado</title>
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		<pubDate>Thu, 02 Sep 2010 21:58:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Tomás Mojarro</dc:creator>
		
	<category>Fabulillas</category>
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		<description><![CDATA[Para qué el aprendizaje de la teoría política, dije a ustedes ayer. Para qué estudiar, si troquelado en la mente portamos el cuerpo de tras catálogos que nos infiltró el entonces presidente  Echeverría: el catálogo de agravios: el gobierno es malo, muy malo; el de buenas intenciones: el gobierno debe ser bueno, muy bueno; y [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Para qué el aprendizaje de la teoría política, dije a ustedes ayer. Para qué estudiar, si troquelado en la mente portamos el cuerpo de tras catálogos que nos infiltró el entonces presidente  Echeverría: el catálogo de agravios: el gobierno es malo, muy malo; el de buenas intenciones: el gobierno debe ser bueno, muy bueno; y el de la acción: exijámosle. Y ya. Para qué el libro, el aula, el maestro. Para qué más. Mis valedores: ya  nos tomaron la medida. Nos vencen por nuestra propia ignorancia. Nuestra pura ignorancia nos convierte en colaboradores del Poder, y eso, de ciudadanos, nos convierte en súbditos. Siniestro.<br />
Aquí El elefante encadenado, que prometí ayer, relato  a la pura medida para ilustrar de forma gráfica y elocuente la evidencia de un poder popular que está ahí, al servicio de todos nosotros, con tan sólo que sepamos generarlo entre todos. Del autor, Jorge Bucay, no doy referencia, por desconocerlas. La narración:<br />
Cuando yo era chico me encantaban los circos, y de ellos los animales, especialmente el elefante. La enorme bestia, durante la función, hacía exhibición de peso, tamaño y fuerza descomunal. Pues sí, pero después de su actuación y hasta un rato antes de volver al escenario, el elefante quedaba sujeto por una cadena que aprisionaba una de sus patas a una pequeña estaca clavada en el suelo.<br />
La estaca era sólo un minúsculo pedazo de madera apenas enterrado unos centímetros en la tierra, y aunque la cadena era gruesa y poderosa me parecía obvio que ese animal, capaz de arrancar un árbol de cuajo con su propia fuerza, podría, con facilidad, arrancar la estaca y huir. El misterio es evidente: ¿qué lo mantiene entonces? ¿Por qué no huye?<br />
Yo, a mis pocos años de edad, aún  confiaba en la sabiduría de los grandes. Pregunté por el misterio del elefante  a algún maestro, a algún padre, o algún tío, y ese alguien me explicó que el elefante no se escapaba porque, con toda su fuera, estaba impedido para huir;  estaba amaestrado.<br />
- ¿Si está amaestrado por qué lo encadenan?<br />
No recibí respuesta coherente&#8230;<br />
Con el tiempo me olvidé del misterio del elefante y la estaca; únicamente lo recordaba al encontrarme con otros que se habían hecho la misma pregunta. De repente, por suerte para mí,  fui a descubrir a alguno lo bastante sabio como para darme la respuesta: el elefante del circo no escapa porque ha estado atado a una estaca desde que era muy pequeño.<br />
Cerré los ojos y me imaginé al pequeño recién nacido sujeto a la estaca. Estoy seguro de que en aquel momento el elefantito empujó, tiró y sudó tratando de soltarse, y que a pesar de su esfuerzo no pudo lograrlo. La estaca era ciertamente muy fuerte para él. Me puedo imaginar que el elefante se  durmió agotado, y que al otro día volvió a probar, y también al otro y al siguiente, y así hasta que un día, un terrible día para su historia, el animal aceptó su impotencia y se resignó a su destino. (¿Vamos captando la moraleja, mis valedores?)<br />
Poderoso y enorme, el elefante del circo no escapa porque cree, pobrín él, que no puede. Tiene el recuerdo de su impotencia, la que experimentó a poco de haber nacido, y  lo peor es que jamás se ha vuelto a cuestionar seriamente ese registro. Jamás intentó de nuevo poner a prueba su fuerza. Mis valedores&#8230;<br />
¿Entendemos, seremos capaces de entender el “síndrome del elefante encadenado?” Porque si no, si ni aun así, entonces qué otro remedio: a seguir renegando, exigiendo justicia y forjando mega-marchitas. Per secula seculorum. (Lóbrego.)
</p>
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		<title>Estado y sociedad</title>
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		<pubDate>Thu, 02 Sep 2010 21:57:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Tomás Mojarro</dc:creator>
		
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		<description><![CDATA[“Para vivir mejor, la sociedad civil crea, como un utensilio, el Estado. Luego, el Estado se impone, y la sociedad tiene que empezar a vivir para el Estado. A esto lleva el intervencionismo del Estado: el pueblo se convierte en carne y pasta que alimenta el mero artefacto y máquina que es el Estado. El [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>“Para vivir mejor, la sociedad civil crea, como un utensilio, el Estado. Luego, el Estado se impone, y la sociedad tiene que empezar a vivir para el Estado. A esto lleva el intervencionismo del Estado: el pueblo se convierte en carne y pasta que alimenta el mero artefacto y máquina que es el Estado. El esqueleto se come la carne en torno a él. El andamio se hace propietario e inquilino de la casa”.<br />
Y a propósito de ese Estado opresor y represor a su hora, ¿no  conocen ustedes el cuentecillo de El elefante encadenado? De conocerlo, ¿sigue en nosotros la resistencia a pensar, a la autocrítica, a la creación de estrategias para darnos ese  gobierno ideal,  que mande obedeciendo?  ¿O habremos se seguir confrontándonos con ese Estado prepotente y atrabiliario con la pura fuerza del reniego, el verbo e-xi-gir y la toma de la vía pública, para recibir del Poder el desprecio y la mofa: “ni los veo, ni los oigo, ni los siento, y háganle como quieran”? El elefante encadenado, mis valedores&#8230;<br />
Para aquellos de ustedes que no conocen el cuento lo relataré después. Porque todos nosotros, a semejanza del proboscidio&#8230; en fin.<br />
Porque es el criterio de muchos de ustedes, expresado de viva voz o en sus mensajes telefónicos: sueño guajiro el tuyo,  y no más, me contestan. Tal es la reacción de  ciertos radioescuchas de nuestro espacio comunitario de Domingo 6, que se transmite cada domingo en Radio Universidad, cuando les propongo, como vía para que aflore en nosotros el poder popular que nos capacite para darnos un gobierno al que obedecer como sus mandantes,  la organización celular autogestionaria. “Sueños guajiros, valedor”. Puros sueños guajiros, replican, y ante la propuesta responda el sarcasmo, la ironía, la burleta&#8230;<br />
¿Semejantes irónicos no se habrán puesto a pensar, y en un ejercicio de autocrítica caer en la cuenta de que cuando befan y vejan esta propuesta y la tachan de irrealizable se están befando a sí mismos, exhibiéndose de adolescentes mentales incapaces de crecer, de madurar, de hacer algo por sí mismos? Y qué hacer: a seguir delegando, y a seguir soportando las desmesuras del Estado, y a seguir refugiándose en el escepticismo y en la única ley que respetan, la del menor esfuerzo y así  continuar,  inmaduros, con  el reniego puntual, el e-xi-gir  y la mega-marchita nuestra de todos los días contra las medidas del Sistema de poder, tan perjudiciales para nosotros&#8230;<br />
Fue el propio Poder el que nos infiltró tan inútiles métodos de defensa. Y si no, ¿dieron  algún resultado favorable para las masas sociales las grandes movilizaciones de médicos, maestros y ferrocarrileros a finales de los años 50? ¿Y ahora? Nunca de nada nos han servido,  juran la Historia y la realidad objetiva. Pero no, que el dogma de fe es más poderoso que toda clase de pruebas. Dogma y prejuicio nos impiden pensar, y entonces llevar a cabo ese ejercicio de autocrítica donde vamos a toparnos con una realidad tan evidente como la inutilidad del reniego, la exigencia y la mega-marchita&#8230;<br />
Más tarde, ya en el Poder,  Echeverría nos iba a castrar con su cuerpo de los tres catálogos, vigente hoy mismo entre masas sociales y comentaristas del periodismo: el de agravios:  el poder es malo, muy malo; el de buenas intenciones:  el poder debe ser  bueno,  muy bueno;  el de la acción: exijámosle”.<br />
Y ya. Todo resuelto. Ya para qué leer, pensar, estudiar.  Ya tenemos la suficiente cultura política. (El elefante encadenado, mañana.)
</p>
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		<title>Recuerdos de infancia</title>
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		<pubDate>Thu, 02 Sep 2010 21:56:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Tomás Mojarro</dc:creator>
		
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		<description><![CDATA[Nativo soy de un poblado que en mis años tiernos vivía un tiempo congelado en la rutina del diario vivir que cabía en el marco del canto del gallo y un madrugar de campanas, un día rayonado a ladridos, rebuznos, mugidos de toros en brama para, ya al pardear, allá el cencerro, el olor a [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Nativo soy de un poblado que en mis años tiernos vivía un tiempo congelado en la rutina del diario vivir que cabía en el marco del canto del gallo y un madrugar de campanas, un día rayonado a ladridos, rebuznos, mugidos de toros en brama para, ya al pardear, allá el cencerro, el olor a majada  y el toque de esquilas que convocaban al ángelus. Y hasta otro día,   calca del anterior y molde para el que vendrá después. La noche de mi región: pacífica convivencia del trasnochado con la bruja, y el ánima en pena, y el derrame de bilis. Cruz, cruz&#8230;<br />
Pero  de súbito, mis valedores, la rutina se trizó cierto mediodía cuando,  ojos de azoro, miramos que en penco cuatralbo, con un lucero en la frente, el lucero de la revolución, fusca al cinto y en la testa la gorra norteña “cuatro pedradas”, entraba nada menos que don Pánfilo Natera en persona. Yo, con dos docenas de aturdidos de primeras letras, boca abierta y en la diestra la tricolor de papel, de repente escuché en la troca atascada de músicos&#8230; ¡el himno nacional! “¡Mexicanos, al grito de..!”Yo, inflado de tricolor emoción:<br />
- Cuando crezca voy a ser revolucionario.<br />
Como crecer, no fui un Gulliver que digamos, y como revolucionario no pasé de liliputiense, pero la lucha se le ha hecho en lo que llevo de vida. En fin, que crecí en edad y tuve ocasión de escuchar, siempre en horas de excepción y yo siempre en posición de firmes, los acordes del himno patrio. Húmedas las pupilas, una fuerza interna me forzaba a alzarme y soñar en la patria libre, digna como algún día iba a ser su paisanaje. Era mi himno patrio, inaccesible al deshonor&#8230;<br />
¿Que si  belicosas las cuartetas que redactó Bocanegra? Tales eran los tiempos mexicanos. ¿Que alabanzas a Huerta el Chacal? Culpas fueron del tiempo y no del bardo: “Del guerrero inmortal de Zempoala - te defiende la espada terrible, - y sostiene su brazo invencible - tu sagrado pendón tricolor”.<br />
¿Que exaltación del “bravo adalid” que terminaría dándoselas de emperador? “Si a la lid contra hueste enemiga - nos convoca la trompa guerrera, - de Iturbide la sacra bandera -¡Mexicanos!, valientes seguid”.<br />
¿Y? Actualizarlo como ahora quedó, y en paz su convocatoria a la guerra. Pues sí, pero aquí mi pregunta, mi preocupación, mi mortificación&#8230;<br />
¿Envejecí del espíritu? ¿Después de vejez apátrida? ¿Qué metamorfosis sufrió mi sensibilidad, que todavía hoy tanto me siguen emocionando  los acordes de La Marsellesa, del Himno de Riego, del de la Gran Bretaña, pero no del mío, hermoso como es? ¿Por qué la insensibilidad?  El himno patrio, es obvio,  sigue siendo el mismo. ¿Entonces? Sospecho, mis valedores, que el daño se ubica no en ese que es flor y espejo patrio, pero tampoco en mí. Que la carcoma está en la rutina, en la saturación. Porque ahora resulta que como consecuencia, según he leído por ahí, de alguna disposición (deposición) de doña Margarita cuando la hermana predilecta del hombre de la(s) pompa(s) y circunstancias era todopoderosa, en todas las estaciones de radio, puntualmente, el guerrero pregón me anuncia que finaliza la nocturna  programación, con el último acorde cediendo espacio a un noticiario redactado en un español de masquiña, de pacotilla. Día con día el himno patrio como cortinilla de la programación radiofónica. A la misma hora todos los días. Y qué molestia con tal rutina, que me cegó las fuentes del entusiasmo cívico. Y aquí mi pregunta: ¿sólo a mí me acontece el fenómeno? ¿A alguno de ustedes no?  “¡Mexicanos!” (Bueno.)
</p>
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		<title>Yo, muerto de hambre&#8230;</title>
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		<pubDate>Thu, 02 Sep 2010 21:54:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Tomás Mojarro</dc:creator>
		
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		<description><![CDATA[De los infelices a los que el pantano engulló hablé a ustedes ayer, tragedia de la que pude enterarme por el mensaje encerrado en una botella que encontré a la orilla de cierta región pantanosa. Texto de frases nerviosas, describe el tránsito de los desdichados desde que sanos de cuerpo y espíritu bordeaban el barrizal  [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>De los infelices a los que el pantano engulló hablé a ustedes ayer, tragedia de la que pude enterarme por el mensaje encerrado en una botella que encontré a la orilla de cierta región pantanosa. Texto de frases nerviosas, describe el tránsito de los desdichados desde que sanos de cuerpo y espíritu bordeaban el barrizal  hasta que fueron presa de las aguas pútridas. Aquí el final del mensaje:<br />
Yo, el último de la comitiva, presencié el momento en que todos, por turno, fueron tragados por las aguas ponzoñosas y pasaron  a mejor vida. Yo quería salvarme. Creía haberme salvado. Lo intenté hasta el agotamiento,   pero de súbito la atracción del barro caldoso comenzó a ejercer una malsana atracción sobre mí,  débil de cuerpo y espíritu. En precario equilibrio sobre esta lengua de tierra firme y prendido al tronco de un arbolillo, mi mente afiebrada ponderaba mi crítica situación. Fatigado  por mantenerme aferrado a la lengua de tierra cuyas riberas muerden unas aguas en oscuro fermento, envidié a los desgraciados que pasaron a mejor vida y fui prisa fácil para delirios y  calosfríos&#8230;<br />
Aquí estoy, por asidero el ramaje de este arbolillo canijo, pupilas hipnotizadas por las miasmas del barrizal tembloroso por el chacualeo de algunos lomos loderos, culebras y demás bicharajos que habitan el tremedal. Aquí me sostengo, lamentando mi lóbrega suerte mientras que los otros pasaron a mejor vida. Aquí me esfuerzo por evitar lodos y pudrición,  consciente de que los otros, por dejarse ganar por las aguas inmundas, ya están pisando tierra firme, qué contrasentido. Yo aquí,  zozobra y angustias,  me afianzo en precario equilibro dentro de esta lengua de tierra, las dos manos aferradas a la ramilla de este arbusto sarmentoso. Fiebre y delirios, me doy a calcular las posibilidades de alcanzar la otra orilla y pisar tierra firme. Ultimo recurso, me he puesto a redactar este mensaje que nadie habrá de leer&#8230;<br />
Boca amarga, contemplo el aguadal y sus fétidos borborigmos, y reflexiono en lo incierto de mi futuro. Los estremecimientos que bicharajos producen en la piel del pantano me provocan una maligna fascinación. ¿Y si yo también? ¿Si tan sólo soltase mis manos del clavo ardiente? Y de repente, ¿cómo fue? Porque me he decidido, y elijo la pudrición. Yo también elijo pasar a mejor vida. Yo hasta aquí llego, me rindo, no aguanto más, abandono el esfuerzo y decido entregarme, yo también, al arropo ventral de las miasmas, fementida prolongación de un pantano que hasta hoy  crucé sin mancharme.<br />
La suerte está echada, y aquí mi fin. El lodazal, sin límites, es tentación que no cesa. Hoy perdí los arrestos postreros,  y ante el espectáculo de los otros, que así pasaron a mejor vida retozando en el barrizal, humillo la testa y marco unas señas telefónicas<br />
- Santo señor de Los Pinos, le suplico me admita en su corte celestial. Permítame hozar, yo también, en las mismas miasmas, que es decir en la misma nómina. Mi celular aguarda sus órdenes, yo uno más de sus voceros, señor. A mí también, como a ellos,  tutéeme, o aún mejor: twitéeme.  A mí también sobrecito, espacio en la TV y estrellita en la frente. Quiero, yo también, con su coro de validos, a balidos cantarle en tono de sol:<br />
“Bécame - bécame mucho - como si fuera esta noche - la última etc”.<br />
Aquí aguardo su venia para clavarme en el tremedal y, de periodista muerto de hambre,  pasar a mejor vida. Yo también.  ¡SOS!<br />
(Pobre infeliz, ¿no les parece? En fin.)
</p>
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		<title>Daños colaterales</title>
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		<pubDate>Thu, 02 Sep 2010 21:53:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Tomás Mojarro</dc:creator>
		
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		<description><![CDATA[Las víctimas del siniestro, ¿quiénes serían? ¿Serían gambusinos, exploradores, colonizadores, gente de azar y aventuras? A saber. Lo único cierto es que fue el suyo un final espantable: terminar sepultados en el vientre del barrizal, bajo las aguas muertas de aquel pantano sin límites. El Señor los tenga en su reino (los va a tener; [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Las víctimas del siniestro, ¿quiénes serían? ¿Serían gambusinos, exploradores, colonizadores, gente de azar y aventuras? A saber. Lo único cierto es que fue el suyo un final espantable: terminar sepultados en el vientre del barrizal, bajo las aguas muertas de aquel pantano sin límites. El Señor los tenga en su reino (los va a tener; los tiene). El mensaje de auxilio (¡SOS!) que de alguno encontré en aquella botella extraviada en el matojal decía: Este es el fin. Mi ánimo se derrumba y doblo las manos. Durante un par de jornadas acaricié la esperanza de que me habría librado del sañudo destino que aniquiló a los demás, pero no; cuando ya creía pisar tierra maciza me veo en la pulpa del tremedal. El de Arriba me valga (me va a valer).<br />
En jornadas interminables acredité con espanto la caída sucesiva de los compañeros de ruta. Sé que es mi turno. Con mil precauciones veníamos avanzando por ver si lográsemos alcanzar tierra firme. Fue aquella una travesía de pánico a través de la tierra marcada por la purulencia, las miasmas, la pudrición. Palmo a palmo, como a tientas, avanzábamos, un pie posando donde habíase apoyado el anterior, tentaleando por dar con las partes menos blandas del terreno, las que pudiesen soportar unos cuerpos que, aunque escuálidos, eran peso brutal para lo fibroso de aquel barrizal tembloroso que chacualeaba a la agitación de algunos lomos loderos: culebras y demás bicharajos que habitan el tremedal. Con espanto contemplaba la muerte en redor, y era tanto el desaliento que llegué a envidiar al reptil de las miasmas que regüeldan burbujas de venenosos fermentos, materias orgánicas en descomposición. El reptil, en las dichas miasmas, su elemento. El aguadal…<br />
Llega la noche y las cosas se engrifan de brillos fosforescentes;  el barro caldoso regurgita,  retiembla y se cimbra en soterrados sacudimientos en derredor de las raíces de unos arbolillos fantasmales, leprosas ánimas de esta tierra purulentosa. Luego despunta el día ya pizarroso o ya violento de sol, y entonces a tientas comienza a avanzar el malaventurado entre la peste y la descomposición, aliento anudado en el gañote al pisar, al dar el paso adelante, al resbalar. Al resbalar a lo pútrido, horror&#8230;<br />
Porque he visto enterrarse en el lodo, uno a uno, a los otros. De súbito se derrumbó el infeliz resbalándose en el pantano como en oscura vaselina. Con un repentino clamor lo miramos desaparecer, brazo en alto de erizados dedos, ojos brotándose o párpados remachados. El Señor los tenga en su seno (los va a tener, los tiene). Quienes quedábamos, mientras tanto, nos santiguamos al contemplar como hipnotizados que tras de succionarlos el barro viscoso volvía a la calma y a regurgitar en el proceso de tornar limo al desdichado. Así hasta que yo,  solo y mi alma, retacado de espanto y de soledad, me santigüé al desaparecer el penúltimo de los desgraciados. El último, yo. Pero un día&#8230;<br />
Recuerdo que me vi en lo que tomé por tierra firme; me erguí entonces, respiré a cabalidad, di entrada a la nueva esperanza. Más allá, el paraíso de una tierra maciza de árboles, aves, lomeríos. Dando gracias al cielo eché a andar  (y sonreía desgraciado de mí. ¿Tierra firme?)<br />
Este es mi fin. Me rindo, porque mis últimas fuerzas se han desmoronado. Creí haber salvado el pantano y arañado tierra firme, pero todo fue falsa fachada y esperanza fallida. Bajo la apariencia de tierra sólida todo es pudrición. Me rindo.<br />
(El final del desdichado, mañana.)
</p>
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		<title>Calderón habla. Los capos actúan</title>
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		<pubDate>Thu, 02 Sep 2010 21:50:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Tomás Mojarro</dc:creator>
		
	<category>Fabulillas</category>
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		<description><![CDATA[Aquí finaliza el acta que da fe de la aprehensión de Francisco Rafael Arellano Félix, lograda por el entonces Subprocurador de la PGR Mario Ruiz Massieu, presunto suicida:
Los detenidos en la casa ubicada en la calle de Ramón López Velarde No. 5608-C del Frac. Montebello, en Tijuana, B.C. fueron: Luis Enrique Cortés Zatarain, Tomás Adán [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Aquí finaliza el acta que da fe de la aprehensión de Francisco Rafael Arellano Félix, lograda por el entonces Subprocurador de la PGR Mario Ruiz Massieu, presunto suicida:<br />
Los detenidos en la casa ubicada en la calle de Ramón López Velarde No. 5608-C del Frac. Montebello, en Tijuana, B.C. fueron: Luis Enrique Cortés Zatarain, Tomás Adán Velarde Espinosa, Benjamín de la Peña Farías, Diego González Martínez, Francisco Arellano Barrio Nuevo (menor) y Benoy Arellano Barrio Nuevo (menor).<br />
Francisco Rafael es el hermano mayor de Ramón, Javier y Benjamín Arellano Félix, contra quienes también hay órdenes de aprehensión por delitos del fuero federal.<br />
La Procuraduría tiene plenamente identificados a los miembros de esa familia. De ellos, varios, aunque no están directamente involucrados en el narcotráfico, presuntamente auxilian a los hermanos en el lavado de dinero, en la construcción de casas de seguridad y en la administración de la enorme fortuna de la familia. En el momento de su detención, Francisco Rafael Arellano Félix ofreció a los agentes de la Policía Judicial Federal cien mil dólares a cambio de que lo dejaran en libertad, señalando que tenía dicha cantidad en una casa cercana, misma que posteriormente y con orden judicial fue cateada, encontrándose efectivamente cerca de 150 mil dólares en efectivo. Por lo anterior, la PGR se encuentra integrando la averiguación previa correspondiente por el delito de cohecho en grado de tentativa.<br />
Francisco Rafael Arellano es también prófugo de la justicia de EU., en donde se le busca por tres diferentes juicios y por delitos de posesión e intento de distribución de una substancia controlada y brincar fianza. Estos juicios son de los años 1980, 1986 y 1989. En México, con fundamento en el artículo 4º. del Código Penal se ha iniciado el procedimiento para someterlo a delito por estos delitos cometidos en el extranjero.<br />
También en México, anteriormente ha estado sujeto a tres juicios penales. En 1978 en unión de su esposa por delitos contra la salud. En 1988 de nueva cuenta por delitos contra la salud y en 1989 por portación de arma de uso exclusivo de las fuerzas armadas. En los tres juicios logró evadir la justicia. En uno de ellos, se le vinculó con la transportación de cinco y media toneladas de marihuana. El Juez de Distrito dictó formal prisión, la cual fue apelada y el Magistrado respectivo la revocó. En otras ocasiones se le detuvo en posesión de más de dos y medio kilogramos de cocaína y 454 gramos de heroína. También logró su libertad y esta Procuraduría no tiene otro dato porque el expediente está perdido. Sin embargo, él mismo aclara que lo absolvió un Juez de Distrito en Tijuana.<br />
En el tercer juicio, también fue absuelto.<br />
Francisco Rafael Arellano Félix es el hermano mayor de Ramón, Javier y Benjamín Arellano Félix, contra quienes también hay órdenes de aprehensión por delitos del fuero federal”.<br />
Narcotraficantes, recuérdenlo, que una noche de aquellas acudieron a la nunciatura de El Vaticano en nuestro país en procura de un arreglo pactado con el entonces presidente Salinas, el cual se reunió con Gerónimo Prigione, nuncio apostólico de El Vaticano, y Jorge Carpizo, titular de la PGR. Se determinó que los capos más buscados aquí y en EU se fueran a casa, y la paz. ¿El pretexto para tal resolución? Lo revelaría Jorge Carpizo tiempo después:<br />
“Los dejamos irse a su casa para evitar un escándalo de alcance internacional”.<br />
Más tarde: Posadas Ocampo, asesinado. (México.)
</p>
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		<title>Los demonios andan sueltos</title>
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		<pubDate>Thu, 02 Sep 2010 21:50:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Tomás Mojarro</dc:creator>
		
	<category>Fabulillas</category>
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		<description><![CDATA[Escamoteo de mago chambón, mis valedores. Esa guerra particular que declaró el de Los Pinos, con la que iba a convertir el territorio nacional en un almácigo de 28 mil cadáveres, ahora, de súbito, ocurre que ya no es guerra sino un esfuerzo de todos por la seguridad nacional. Hay que recordar que las atroces [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Escamoteo de mago chambón, mis valedores. Esa guerra particular que declaró el de Los Pinos, con la que iba a convertir el territorio nacional en un almácigo de 28 mil cadáveres, ahora, de súbito, ocurre que ya no es guerra sino un esfuerzo de todos por la seguridad nacional. Hay que recordar que las atroces e irresponsables acciones guerreras se iniciaron con el chaparrito disfrazado de mílite, ¿lo recuerdan ustedes? Gesto adusto, ceja alacranada, rostro de circunstancias, uniforme verde olivo que le sentó holgado y con la cúpula castrense detrás: Al  encuentro de la historia avanzaba a paso de ganso, remedo del estilo militar. Surrealista, esperpéntico. Calderón.<br />
La guerra como estrategia de legitimación. El recién impuesto a la viva fuerza por los grandes dineros, el púlpito y el cinescopio,  se apresuraba  a ”legitimarse” por medio de una maniobra espectacular, mucho más estruendosa que el “quinazo” de un chaparrito también, y también peloncito, y espurio también, que a costa de lo que fuese intentaba legitimarse. El también. Y ándenle, a aferrarse a los vuelos de una sotana y obsequiarle las relaciones diplomáticas con El Vaticano, y a adulterar media Carta Magna para beneficiar a los grandes capitales y  regalarle el sillón de Los Pinos a algún hijo de mala madre, extranjera de origen. Semejante maniobra iba a hacer exclamar a un neo-panista Luis H. Alvarez, pragmático-utilitarista (a su edad):<br />
- Sus medidas de gobierno han legitimado al presidente Salinas.<br />
El chaparrito de lentes, por alcanzar la “legitimación”, fue más allá del “quinazo”. Su incontinencia y temeridad instrumentaron toda una guerra particular contra el crimen organizado con la idea de aplastar a los capos en cuestión de meses. Fue entonces el tiempo, ¿se acuerdan ustedes?, del desfile y las marchas de guerra, del confeti y las serpentinas, los brindis y las oriflamas. Y cuídense, Chapo Guzmán y compinches. Días de vino y rosas&#8230;<br />
Eso, ayer. Hoy, de cara a los comicios del 2012, el guerrero y presidente de Acción Nacional ya no quiere queso, y sale al balcón y llama a consenso, clama por la repartición de los costos políticos de su guerra particular y suplica que entre todos  le ayuden a salir de la ratonera.<br />
Yo, ahora, aturdido con la estridencia de la “campaña por la seguridad nacional”, añoro los tiempos, qué tiempos, en que el país sobrevivía tranquilo, con capos y procuradores en convivencia y pacífica cohabitación. Los Netos aquellos, los Gueros Palma y los azules Esparragoza que se tornaron leyenda popular, lo que no iba a lograr ninguno de toga y birrete  si no fue el malhadado Mario Ruiz Mssieu, el subprocurador de justicia que logró pescar a alguno de los Arellano Félix para que el juez respectivo lo dejase en libertad.</p>
<p>Vida signada por la violencia la de los Arellano Félix y los Ruiz Massieu. Muertos unos, otros en la cárcel, algunos más en el tráfico de drogas y en entredicho la justicia del país, muy elocuente me parece  el acta que levantó Ruiz Massieu cuando Subprocurador de la PGR sobre la aprehensión de Francisco Rafael, uno de los Arellano Félix. Aquí, con su propia sintaxis, el documento, hoy que Calderón habla y habla mientras los Arellano Félix tan sólo actúan.<br />
“El pasado sábado 4 de diciembre, a las 19:30 hora local, uno de los grupos especiales de la Policía Judicial Federal destacados en la ciudad de Tijuana, B.C., para este fin, detuvo al Sr. Francisco Rafael Arellano Félix, junto con cuatro personas más y dos menores. (Mañana.)
</p>
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		<title>La negra noche&#8230;</title>
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		<pubDate>Thu, 02 Sep 2010 21:49:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Tomás Mojarro</dc:creator>
		
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		<description><![CDATA[Que me dejó abandonado allá por el norte de la ciudad,  conté a ustedes el viernes pasado. Ya el volks inservible  miré el mundo exótico: barrio desconocido, callejas desiertas, casas a oscuras. Descorazonador.
De repente descubrí allá lejos el pistojear de una lucecilla: la parada del autobús. Me le fui y a codazos logré una orilla [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Que me dejó abandonado allá por el norte de la ciudad,  conté a ustedes el viernes pasado. Ya el volks inservible  miré el mundo exótico: barrio desconocido, callejas desiertas, casas a oscuras. Descorazonador.<br />
De repente descubrí allá lejos el pistojear de una lucecilla: la parada del autobús. Me le fui y a codazos logré una orilla del techo que protegía de las lloviznas nocharniegas.  Del mercado cercano, ya cerrado a esas horas, el tufo a ratas, coles rancias, pudrición. El de la chazarilla:<br />
- Chinche micro, que no llega. Y este mal tiempo, esta carestía: leche, tortillas, huevos.<br />
- Deje los huevos en paz.<br />
- En paz los dejé,  que si no ya anduviera con la AK-47 contra Los Pinos.<br />
Alguno suspiró: “Vamos mal”. (Animas del minibús). Un bandazo de viento. La nalgoncita: “Y yo ensopada con la única sopa que he probado en todo el día. Creo que me voy a echar uno, ái compermisito; ¡Ahhh&#8230;chís!<br />
Yo me sequé la salpicadura en este cachete, miren. Junto a mi oreja, rancio el aliento: “No, y agárrense”.<br />
- Yo así estoy bien –el de la cotorina.<br />
- Agárrense, porque todavía hay espurio pa rato.<br />
Cruz, cruz. Me la persigné, observé, en la negrura, aquel foquillo de 30 wats con su pinta de lucero, y allá arriba aquel lucero con su pinta de foquillo de 30 watts. A lo lejos, fanales. ¿El autobús? Un Gran Marquís, que hecho la madre pasó sobre el charco y nos bañó el muy hijo de la Gran Marquís. “Me dejó más enlodado que hijo de la Sahagún”.<br />
Suspiré. Pero de súbito el optimista que nunca falta y siempre sale sobrando: “Ya vienen tiempos mejores…”<br />
(¿Que qué?) Silencio. En el cielo, un retumbo. Retador, el ventrudo jetón: “¿Tiempos mejores con el impostor allá arriba?  No joda&#8230;<br />
Tres pedradas en la lámina del techo, uno en plena cara.  “Y ora hasta granizo, pa acabarla de tiznar”.<br />
- ¿Tiempos mejores con esa recua de ineptos? (El de barba, arete y cola de caballo).<br />
- Tiempos mejores. Lo sé de muy buena fuente.<br />
Lo distinguí: joven dejaras de ser, y optimista por joven. Dios te oiga. Traté de subir un brazo para persignármela. Una chaparrita bustona: “¡Ora usté, viejo lépero! ¡Conrado, dile que vaya a tentárselas a la más venérea de su cantón, pinche ninfómano!<br />
Qué pena “Los buenos tiempos no tardan. Hay que estar preparados”.<br />
El del morral oaxaqueño: “¿Es usté achichincle del Cordero de Dios, que quita los dineros del mundo?”<br />
- Lo aseguró el mero trinchón, y él no sabe fallar.<br />
- Chale, ¿Calderón?<br />
- No mame. El de mero arriba.<br />
- ¿Dios padre?<br />
- Allá arriba, en Tacubaya. Es un cuate mío que trabaja en el meteorológico. Que vienen tiempos mejores, me dijo.<br />
- ¿Pero ese qué sabe de economía nacional, oiga?<br />
- Tiempos mejores. Que el clima se va a estabilizar, no que estas tormentas y estas inundaciones.  Tiempos mejores, me dijo.<br />
Silencio. A lo lejos, una ambulancia Y ahí, de repente, la voz anónima del anónimo arrabal: “Bueno, sí, ¿pero ese del meteorológico no será del gabinete de Calderón? Porque entonces ya estuvo que nos jodimos con el tiempos de perros que se nos echa encima.<br />
Volvió el silencio. La negra noche tendió su manto… (Y fin.)
</p>
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