El Valedor

Por Tomás Mojarro

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Yo, penitente…

Posted by Tomás Mojarro on 15th Enero 2010

Medio día. Cerca ya de la basílica cachondeada por un sol como marido impotente (calienta, sí, pero no satisface). En los peregrinos que avanzan de rodillas hacia el atar de la Guadalupana hay sangre, sudor y lágrimas. Me acerqué al vejancón molacho, gabán y mostacho amarillento de nicotina. Le apronté el micrófono. “¿Puede decirme el motivo de la peregrinación?”

-Cuidao con el bigotón, don Carmelo (jadea el prieto de junto, agrio el gesto y las rodillas llagadas). Puede resultarnos ratero. Que no venga a estorbar a los señores danzantes.

-No se cisque; el Tadeo se nos pone de fierro malo cuando se jinca unas pencas de nopal entre pecho e intercostales. Onde que la cruda le pegó fuerte. ¿Es pa´l programa de Fabiruchis?

-¿De dónde vienen en peregrinación?

-Nosotros, como la mayoría de los mexicanos, somos penitentes. ¿Usté no? Desde El Cuarteroncito Abajeño venimos, traemos mezcal. Calculamos que dentro de una hora, según lo permitan en el cielo Dios y en la tierra los chinches puesteros, vamos a estar postrados a los pies de la Morenita, implorándole un favor pero que muy especial. ¿No, Tadeo?

¡No le dé cuerda! ¿No ve que está sacando de onda al chueco Nabor y lo hace chafiar con la chirimía? Todavía fuera pa´ Televisa…

-Acá venimos los abajeños a implorarle a la Morenita un milagro pero que muy canelón. Por eso, mire: nos las venimos pelando a tallones en el asfalto. El Tadeo ya viene regándola, su hemoglobina.

-Se aprovechan de su nobleza, don Carmelo. ¿No lo cisca la pinta del bigotón? Y usted es el de los centavos, recuérdese.

-A eso venimos de rodillas y a sus pies: a pedirle su protección y que con su manto de estrellas cubra El Cuarteroncito Abajeño. ¿O tan penitentes seremos como pa´ permitir que a todos los abajeños se los cargue la tiznada, con perdón?

-¡Aguas, güey! Aquí el Turicate anda trompezándose con el cable del bigotón. No lo dejó rematar el pasito del águila azteca como Dios manda. ¡Que no venga a estorbar la coreografía, don Carmelo!

-No haga caso. El Tadeo siempre ha sido de genio trabajosón, y hoy anda como enhechizado. Imagínese: su primer día de jurado.

-¿Concurso? ¿Jurado de paz?

-Jurado del mezcalito. Ni olerlo en el tanto de dos semanas, todo un suicidio. Es esa la manda que le prometió a la Morenita si nos hace el milagro. Yo le ofrecí toda una semana son quemarme un solo farito, y el de la sonaja y capa fiusha prometió que en tres días con sus nochis no iba a probar carne humana, o sea la de Emérita,  su vieja. Con sacrificios de este calibre, ¿podrá negarnos la Morenita los dos milagros?

Con que dos. “El primero: que logremos traspasar la barrera del sonido,  o sea la escandalera del ambulantaje. Y el segundo, el principal”.

Le escuché el pedimento, reflexioné, tragué saliva, pelé los ojos, se las jalé al Tadeo, me arrodillé, abrí los brazos al cielo.

-¡Eitale, dejamos ái mis pencas de nopal! Qué desfiguros. El golpazo al hincarse, sus meniscos se los hizo pinole! ¡No alce los brazos a lo pendejo, que ya le chispó la sonaja al guerrero tigre!

De rodillas hasta que me sangraron. No iba a ser para menos. ¿Saben ustedes en dónde queda El Cuarteroncito Abajeño? En Michoacán. “Y ya el carbón nepotismo anda queriéndonos embombillar de gobernadora a su hermana, Luisa María Calderón, ¿se imagina la tinga?

Me la imaginé. ¡Beatas del Verbo Encarnado! Y me las apachurraba contra la pelleja, las dos pencas de nopal. Quesque su hermana. (Dios…)

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Nalgatorio

Posted by Tomás Mojarro on 14th Enero 2010

Seguro estaba, mis valedores, de que nunca volvería a sufrir una semana de gimnasio, pero pegué el reculón: tres días me llevo lidiando con pesas, torsiones y abdominales, y todo es pujar, resoplar y apretarlas en la empresa imposible de volver a mi primera juventud, yo que voy en última. Al conocer mis pretensiones, el entrenador:

-¿En una semana rejuvenecer ese físico? No me ch´inglés. Y la semana ya se nos fue, hoy ya es lunes…

Yo, en mi impaciencia, imprudente de mí: “¿Y si me aventara un par de jeringazos? Silicones por aquí, chapopote por allá, unas arrobas de esteroides por acullá”. Meneó la testa: “¿No escarmienta en nalga ajena? ¿Quiere ir a dárselas a la Albornoz y le vaya a ocurrir lo que a la Ale Guzmán por andárselas inflando con silicón? Órale pues, a sufrir”.

Me trepó al mundo encima, barra y discos de este tamaño. “Que no se le doble porque se jode la espinita dorsal”.

Dios. Tres días padeciendo las rutinas de hombro, pecho y puntos circunvecinos, con la esperanza de amanecer el lunes vuelto un Adonis. Regresé ayer de sudar el tanto de quince, veinte, treinta minutos, me contemplé al espejo; de frente, de perfil, de tres cuartos, y ya flexionaba esta zanca, y ya me pandeo, me tuerzo, inflo el pecho, contraigo el abdomen y tenso los bíceps, la frunzo, los paro, lo aprieto, doy tres pasitos así, enérgico; luego así, con exquisito abandono y languidez, con desdén, con indiferencia…

Ya escucho al criticón: “viejo ridículo. Semejantes desfiguros a tu edad”.

No, mi señor, no es pérdida del decoro personal sino un intento de no perderlo; no locura senil, sino que tengo un boleto para el vuelo del próximo lunes, ¿se da usted cuenta?

Ustedes ya la pescaron, ¿verdad? Voy a viajar en avión, y una vez más La Casa Blanca ordena a los mexicanos que si en “nuestro” país soberano e independiente queremos abordad u avión primero tenemos que culimpinarnos frente al “escáner”, que pudiese entrar en operaciones en cualquier momento y que nos deje en cueros vivos. Porque después del frustrado atentado de un ciudadano somalí que llevaba calzones explosivos (al revés), ahora revisión artesanal, “a mano”, y que extiéndalos, y que ábralas, y que aflójelas, apriételas, agáchate frente al de rayos X, y lo macabrón, mis valedores…

El “escáner”, sí, que me va a fisgonear los calzones y mi explosivo, aunque a mi edad ya ni tanto. Todo esto supone que en la ciudad que habita el encarado de salvaguardad la soberanía de este México libre, autónomo e independiente, me impondrán como condición para el vuelo que me ponga en cuatro frente al “escáner” y que el inspector (¿gringo?) me revise cimas, simas y matorrales, y lógico: quiero evitar que mi física vaya a causar lástimas a los de la DEA, la CIA, el FBI u otras siglas de los inspectores que me va a ver las nalgas como cálido testimonio de la soberanía que entreguistas y vendepatrias mantienen íntegra y enhiesta en mi propio país…

¿Inútil mi sacrificio porque el “escáner”  es costoso y este gobierno carece de dólares para alquilarlo? No habrá sido inútil, que entonces le entraré a la moda que anuncia la nota del pasado lunes: “moda de EU: se expresan en ropa interior en el metro”. En la foto, doncellitas diversas, sin necesidad de “escáner”, los calzones al aire. Es gringa la moda, y los gringos de segunda la obedecemos, así que yo también, trucita al viento en el metro Balderas… (Ridículo.)

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Esas fotos porno…

Posted by Tomás Mojarro on 13th Enero 2010

Estoy mirando las fotos del matutino fechado el pasado lunes. Leo la nota de prensa, me rasco aquí, miren, y pregunto entre mí: ¿embuste, fraude, engañifa vil? ¿Debo entender que desperdicié esfuerzo y sudor? Porque después de una semana en el gimnasio de aquí a unas cuadras, donde experimenté la agonía y el éxtasis que me infligieron barras, pesas e infernales rutinas en el potro del tormento (el de los abdominales), juré que nunca más iba a tener qué ver (qué sentir) con toda suerte de ejercicios aeróbicos y anaeróbicos. Pues  sí, pero la semana pasada pegué el reculón. Regresé a ese infierno donde todo es el sudar y rechinar de dientes…

¿Por qué a mi edad semejantes desfiguros, pregunta alguno? Cuestión del ego, mis valedores, que hagan de cuéntala próstata: según pasa el tiempo se me esponja más. Aquella primera vez que visité el gimnasio, y de esto hace ya varios años, precisaba trasladarme hasta Zacatecas para hablar con mis paisanos sobre temas políticos y de cultura. Ahora pronto surgió la eventualidad de viajar a algún otro rumbo no preciso para dictar una conferencia sobre asuntillos de independencia, soberanía, libertad y autodeterminación del país. Es por ello que ahora también, como en aquel entonces, pretendía mostrar a los técnicos del escáner (gringos, posiblemente) un físico no del todo convertido en ruinas por cuestión de los carambazos que me ha propinado mi padre, me refiero a Cronos. ¿Exhibir ante los operadores del escáner un físico encanijado? ¿Cómo conciliarlo con un ego prostático? No. Nunca. Fue por ello que invertí el tanto de una semana de sudor, fruncimientos y resoplidos con una esperanza de que este gusanillo pudiese volar transformado en crisálida (mira, mira). Pues sí, pero no…

Pero no de súbito me destantean las afirmaciones de cierto Gilberto López, director del aeropuerto, que con su lógica particular lo aseguró el pasado lunes: “En lo personal no creo que haya eso de que el escáner desnude a la persona, porque son imágenes que tienen que usarse por mecanismos de seguridad”.  (Sic.)

Observo, cuadril con cuadril de la note de prensa, la foto que por documentar tales afirmaciones exhibe el aspecto físico que el escáner produce en dos presuntos pasajeros, ella y él, con su pie en la foto: “Este es el aspecto del escáner” (resic). Yo de tenerlo al tiro, preguntaría al López aeroportuario:

-¿Quiere usted más desnudez? ¿Así admitiría que a alguna dama de su consideración le fisgonearan sus formas físicas, marca y etiquetas de sus calzones a la vista de los técnicos del escáner, gringos, tal vez? ¿Qué la vieran con todos sus pelos y señales?

Yo le pregunto a los presentes: ¿hasta allá hemos llegado con nuestra sumisión frente a los dictados del gringo? A mi país, soberano e independiente, ¿hasta tal indignidad lo han refundido los entreguistas mediocres y vende patrias que por turno van poniendo sus dos reales en el sillón del gobierno? Bicentenario de la Independencia, Centenario de la Revolución, ¿qué dice el discurso de Los Pinos en relación a “los héroes que nos dieron patria, independencia y soberanía, que hoy toca a nosotros conservar”? ¿Cómo vamos a conservarlas? ¿En posición de loto, en decúbito dorsal, en postura del misionero o de plano culimpinados y ofreciéndole al gringo las dos tocayas de las arponeadas de Ale Guzmán? Qué orgullo de ser mexicano. Que viva mi México, tierra bendita de sol. ¿Verdad, señor Felipe de Jesús? Dios. (El desenlace, mañana.)

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Reculón…

Posted by Tomás Mojarro on 12th Enero 2010

Fui demasiado optimista, mis valedores. Yo estaba seguro de que nunca más iba a atreverme a acudir hasta el negocio de cierto par de individuos, ella y él, que viven de hacer lo que a mí me hicieron, yo de ofrecido. Y es que en la ocasión anterior aún guardaba cierto vigor, algún dinamismo y deseos de experimentar por más que doliera. Fue así como me le puse enfrente al individuo, primero, y la damisela, después, y cerrando los ojos y apretando las quijadas me deje desgarrar. Ya no regreso, flojas las piernas y todo el cuerpo descoyuntado, juré: nunca más, y con trabajos logré sentirme ante la computadora para narrar a ustedes tan mortificante experiencia. Pues sí, pero débil que soy: acabo de pegar el reculón y repetir punto por punto los estrujones del tiempo aquel. Dolorido, descoyuntado, tecleo para ustedes mi renovada experiencia. (Ay, mis partes doloridas…)

¿Cómo ocurrió aquella primera vez?

Lo confesé aquí mismo, yo primerizo, y fue así: lo vi, lo observé: joven, fuerte, musculoso. Con las yemas de los dedos se lo toqué, se lo palpé: duro, pétreo, endurecido. Me gustó. Me quité la ropa. “Pero esto le va a costar”, me dijo. Yo, excitado, saqué un rollo de billetes. “Pero no voy a satisfacerme con una sola vez. Quiero que todos los días me repita la dosis de aquí al domingo”. “De acuerdo con que alcance a pagar”. Conté unos billetes, se los di, los contó, se los guardó. “Y ahora tiéndase ahí y respire hondo, pero conste: va usted a quedar todo magullado”. Cerré los ojos y apreté los músculos…

Y válgame, qué enérgicos movimientos, qué rítmicos y acompasados. Un esfuerzo, dos, y apretarlas al máximo, las quijadas, y agarrarlo y desarrugarlo, el ceño. Tragué tarascadas de aire, pujé, y aquel jadeo, el sudor, y un aliento que se me iba y otro que se me venía. Cuánto tiempo haya transcurrido, perdí la noción. Quedé exhausto, dolorido. “Y esto no es nada, ya verá al rato, cuando se acabe de enfriar. Ya levántese”.

Con trabajos me alcé, desgajado por dentro. “Es que hace mucho que no lo hacía”. “Mejor piénselo, porque yo dudo que resiste el de mañana”. Cómo me habrá visto después del zangoloteo que mientras me vestía me hizo la proposición: “Yo tengo una prima política con la que puede probar. Ella es suavecita, tiene bastante práctica con los novatos y los ya vejancones, y puede que no lo lastime”. Yo, insensato, el alarde: “Aquí donde me ve, tan maduro como novatón, para los dos tengo, para ella y usted. ¿Qué le parece si pruebo la de los dos? ¿Su prima política me irá a cobrar muy caro el servicio?”

Total, dije entre mí, no es más que de aquí al domingo, y quiero que el sol del lunes me sorprenda entero, rejuvenecido, como recién resucitado. Acepté ponerme en manos de la política (la prima), y él quedó de traérmela al siguiente día. Que él de la mañana, y Gilda Yamal (así se llama) en la tarde. Pero un momento, mis valedores, que aquí se impone una aclaración.

Todo esto ocurrió en el gimnasio de aquí a seis cuadras, yo frente al Bruslí, entrenados con pesas, barras y tablas para abdominales, que me impuso la primera rutina (pecho-pierna) y ante el cual realicé mi primera sesión de ejercicios anaeróbicos, con todo y que al exponerle la razón de mi entrenamiento durante toda una semana el Bruslí se la rascó, la nuca, y no se quiso comprometer.

-No me ch­´inglés. ¿Una semana y dejarle el físico como para competir en el Mister México? ¿Y eso para qué onda, don? (La respuesta, mañana.)

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La cola del perro

Posted by Tomás Mojarro on 11th Enero 2010

- ¿Conoce alguno de ustedes ese relato de Marco Deveni?

Silencio. A la voz del maestro cesaron reniegos, exabruptos, las maldiciones de los contertulios contra la carestía impuesta por los impuestos del impuesto en Los Pinos. El maestro, su libreta de pastas negras:

Un día el Hombre llamó al Perro: “Te prohíbo que muevas la cola”. El Perro se quedó mudo de estupor: “Pero Amo, ¿por qué no quieres que la mueva? Toda mi vida la he movido y no te disgustaba, cuanto me llamabas y yo corría hacia ti, verme menear el rabo. Y ahora, de pronto…”

No pudo continuar porque se le hizo un nudo en la garganta.

-Imbécil. A ver, ¿Cuándo mueves la cola?

“Pobre Amo”, pensó el Perro. “No está en su sano juicio, y contestó: “Cuando me siento alegre, cuando juego, cuando me acaricias, cuando me reúno con mis amigos…”

-Basta. ¿Lo ves? Mueves la cola cuando te entregas al ocio y al juego, no cuando gruñes a algún desconocido ni cuando roes un hueso y otro perro quiere quitártelo. La mueves como cuando yo, antaño, me reía. Pero terminó la risa. Vuelve estúpidos a los hombres u a los perros. No voy a consentir que te pasees con el Gato, el Caballo y los Pájaros y les des el mal ejemplo de tu risa. No volverás a mover la cola.

-Imposible. Apenas te vea, apenas me silbes, no podré impedirlo, la cola se moverá. Es más fuerte que yo.

-¡No me contradigas o te entro a garrotazos! Te vigilaré. Lárgate.

El perro se alejó con la cola entre las piernas, llegó a su casilla, se desplomó, miró al vacío: “No tiene derecho. Es un abuso. ¿Habrá enloquecido?”

Al mediodía la Mujer del Hombre le trajo un plato de sopa. Al verla acercarse con aquel plato humeante el Perro se olvidó de la orden del Amo, se olvidó de la cola, y la cola se movió. De inmediato se oyó un vozarrón terrible: “¡Perro maldito, la cola! ¡Te voy a dejar sin comer!”

El Perro apretó las mandíbulas, cerró los ojos, encogió todos los músculos y consiguió que la cola se mantuviera rígida. Pero se le saltaron las lágrimas. La sopa le supo a vinagre.

Desde entonces la vida del Perro fue horrible. Mentalmente maldecía al Hombre. Andaba de mal humor. Cuando le traían la comida se quedaba tendido en el suelo y miraba para otro lado o fingía dormir. Comía cuando nadie lo observaba. Se atragantaba, la comida lo indigestaba.

Una noche un vagabundo se metió en la granja a robar unos duraznos. El Perro se arrojó sobre el ladrón y le clavó los dientes. Si el Amo  no acude a tiempo lo habría matado. El Hombre felicitó al Perro: “¡Bravo, Perro, Bravo! Y para probar si seguía con su manía le acarició el lomo. El Perro cerró los ojos, la piel se le erizó, gruño sordamente. La cola se mantuvo inmóvil.

El Perro  fue al jardín. Vio a sus amigos los pájaros. Los atacó. El Ruiseñor cayó envuelto en sangre. El hombre tomó el palo y propinó al Perro una feroz paliza. El perro se alejó, la sangre del Ruiseñor en la boca.

Veía todo rojo. Las pupilas le refulgían.

Una mañana el Hombre descubrió los restos de una oveja horriblemente mutilada. Otra mañana fue un cordero. “Es algún Lobo. ¿Pero qué hace el Perro, que no ha ladrado?”

Aquella noche el Hombre,  con la escopeta lista, fue a ocultarse entre unos matorrales. Cuando la luna alcanzaba la cumbre del cielo una sombra sigilosa se deslizó en dirección del Hombre. De súbito el Perro  pegó el salto, y en el cuello del Hombre que le había prohibido morder la cola…

-Las masas sociales, Calderón, impuestos, carestía represión,  ¿alguna moraleja, contertulios?

(Pues…)

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Y no quiero morir…

Posted by Tomás Mojarro on 8th Enero 2010

La trascendencia, mis valedores, esa secreta esperanza de que no morimos del todo. Que yo, ya difunto y según pasen los días, las semanas (los meses, ¿será mucho pedir?) alguno llegue a acordarse de mí; que me recuerde de buen talante, o al menos no disgustado del todo. Esta necesidad de trascendencia como uno de los condicionantes de la salud mental…

Hablé de dos figuras de la Conquista y hoy digo de la Independencia: ¿Personaje más ensalzado por la historia oficial que Miguel Hidalgo? ¿Más injustamente olvidados que Fray Melchor de Talamantes y Primo Verdad? Y estalló la Revolución, y con ella, ¿quién más venerado que Francisco I. Madero, espiritista y vitivinicultor? ¿Quiénes más olvidados que Ricardo y Enrique Flores Magón? Zopilotera y hedor a historia oficial, oficialista…

Y nos cayó encima el Tricolor, y de los individuos que sentaron sus dos reales en la presidencial, ¿alguno de aquel almacigo de mediocres, depredadores y uno que otro asesino, merece la trascendencia, con todo y que se apoyaron en las muletas del periodismo oficioso? Juez, fiscal y abogado defensor, el tal se la vivía quemando copal ante el santón sexenal, pero contra servilismo y cortesanía al tanto más cuanto se alza el juicio del tiempo, y los santones al desván de la historia…

Porqué arrojó del paraíso al Adán tricolor, un Fox mediocre logró trascender, y por zafio e ignorante, y porque en el combate con el dragón salió contaminado con las lacras del vencido (corrupción lucrativa e impune) y hoy vegeta en el cubil de San Cristóbal con una fama pública a ras del albañal como primer marido de una primera esposa, segundo de una segunda, padre e hijos adoptivos que mal se llevan con los hijastros adoptivos, todos mamando de las buscas sexenales. Pero hablando de mediocres…

Anda por ahí un infeliz, golem de pacotilla parido por la inquina de “ciertos medios” para atacar al trascuerno a un López Obrador que él solo y sólo él a los lenguaraces mató sin puntilla y dejó para el arrastre. Al tal Guanito los “medios” lo calentaron y mandaron a flotar, y perdió la cordura hasta el grado de que ustedes lo ven cargando su estatua (hueca, de barro los pies) en un diablo menos pobre diablo que el aborto de la industria periodística. Así trascendió ese engendrillo…

Engendros. Eso me remite a otro individuo mediocre hasta el tuétano, que haiga sido como haiga sido logró colarse a la historia, así haiga sido por la puerta de atrás y valido de una maniobra de artes que le granjeó el odio de muchos, de muchos más el desprecio y aborrecimiento de los más. Maldito sea.

El pequeñajo no valía un tanto así más allá de su biografía personal, chata y vulgar, pero como todo mediocre inconforme padecía la compulsión de la notoriedad. Y cómo lograrla, que sus hechos y ocupaciones muy poco valían. Nada qué hacer, sino intentar abrir con ganzúa el portón de la historia, colarse por la puerta de atrás; mutilar, incendiar, asesinar; algo, pero hacerlo en grande, de acuerdo a su propia pequeñez…

Y sí. El hombrecillo provocó un incendio que cimbró la ciudad, la región, el mundo, y así logró la trascendencia por más que negativa y atroz. Ese destruyó no un triunfo electoral, pero sí una de las siete maravillas del mundo antiguo: el templo de Diana en Efeso. ¿Qué si el borreguero, que tal fue su ocupación, logró trascender? Busquen su nombre en cualquier diccionario: Eróstrato. ¿Qué ese no ha sido el único? ¿Qué por ahí anda suelto otro más? ¿Sí? (A saber…)

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No morir del todo…

Posted by Tomás Mojarro on 6th Enero 2010

La trascendencia, mis valedores, indispensable (con el arraigo, la identidad, la vinculación, etc.,) para cuestiones de salud mental. Que alguno recuerde, cuando pasamos del ser al no ser, que fuimos una vez, y que vivimos el mundo de los vivos. La trascendencia, que para el héroe y el humanista es positiva, y negativa para el asesino, el genocida, el secuestrador. A propósito: anda en alguno de los libros que me han publicado cierto relato en el que un par de jinetes avanzan al paso de sus jamelgos por una vereda que da a cierto camposanto arrumbado fuera del caserío que vivió de sus muertos en tiempos de la cristera.

Allá vienen. El chaveño, policía municipal treintañón, revólver al cinto, y atado de manos Delfino Guaracha, canas y arrugas. Uno silencioso; el otro, mirándolo de reojo, machaca tres o cuatro frases que delatan una angustia a flor de labio, de lengua, de entrañas. Acá se acercan rumbo al fusilamiento por ley. Camposanto cristero. Qué tiempos. Y el estribillo:

“Me iré a tierras lejas y nunca sabrás de mí. Por vida tuya, Chaveño, déjame ir”.

El tal, como ausente. Y padre no conocí, y que mi juventud se fue en el oficio de acarrear cueros apestosos hasta la tenería. “Chaveño, déjame ir”. El del revolver comienza a silbar entre dientes, de modo casi inaudible, un monótono sonsonete de la tierra vieja. De reojo lo observa el condenado a muerte; se pasa la lengua por unos labios resecos. “Castigo de Dios que ya de viejo me pegara esa calentura, el amor. Chaveño, déjame ir”.

Que fue por eso, por el amor de viejo, que a piquetes de daga arruinó su vida cegando la de la mujer. “No me quiso querer. Unas enaguas me ganaron la eterna condenación. Conduélete de mí. ¿Ajusticiar a uno de mi edad?

De ganchete observa al del arma a la cintura. Silencio, rayoneado por el ruidillo del sonsonete. Allá se advierten ya las cruces del camposanto viejo. Delfino pistojea. Se remueve en la silla. “Hasta aquí llegó mi vida, sea por Dios. Ya que me la quitas, Chaveño, cumple mi última voluntad. Para que alguno se acuerde de que pasé por el mundo.

Y fue, afanes de la trascendencia: “Que el ciego Raudel me componga un corrido. No más”.

El final del relato, que de memoria ha citado: guaripa en mano El chaveño, de pie junto al túmulo de tierra recién removida y la cruz que acaba de forjar con dos ramas de mezquite: “Delfino, Delfino Guaracha, quién se acordará de ti…” (De ustedes, de mí, ¿alguno se acordará? ¿Quién o quiénes? ¿Por qué?)

La trascendencia, mis valedores, que a fuerza de obra benéfica para los demás habrá de lograr ese que así agradeció el don de la vida. He analizado la biografía personal de los que han hecho historia, y para ello me ubico en la Conquista del país, y en la galería de esos figurones me topo con una constante: la parcialidad y el maniqueísmo de la historia oficial, esa embustera: este y este otro, excelsos; este otro y aquel, nefastos.  Blanco y negro. Sin matices. Sin más.

Por cobardón Moctezuma Xocoyotzin logró transcender, y por su estatura de héroe Cuauhtémoc, todo esto en la aviesa versión oficial, que oculta a lo púdico las malas acciones (contra Cuitláhuac, pongamos por caso) del “único héroe a la altura del arte”, frase de López Velarde que nunca he logrado entender. Y el nombre final, con el que lo encontró la muerte: Fernando Cortés Cuauhtémoc, como se dejó bautizar el nuevo cristiano, que a la hora del sufrimiento invocaba al Dios del conquistador. (Sigo mañana.)

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La superstición, ese yugo…

Posted by Jaime Vázquez on 4th Enero 2010

El hombre no necesita, para avanzar, las muletas de ninguna superstición. Las supersticiones nos hacen retroceder en razón inversa a nuestra capacidad de vivir. En razón directa a nuestra capacidad de vivir. En razón directa a nuestra propia mediocridad. Todo progreso moral es el triunfo de una verdad sobre una superstición. Hoy les propongo, mis valedores, el comentario de brujos, santones y merolicos; de pícaros, de videntes, de vividores que medran con la neurosis de los angustiados. Hablemos esta vez del pensamiento mágico, ese universo de embuste, fantasmagoría y esperanza irracional en que se refugian los pobres de espíritu cuyo carácter encanijado se deja vencer por una realidad objetiva que los rebasa en el áspero oficio del diario vivir una vida dificultosa. Los embelecos del pensamiento mágico florecen en estos días iniciales del año, cuando en nosotros aflora lo que tenemos de crédulos e inseguros, que nos fuerza a refugiarnos en lo pretendidamente sobrenatural. Semejantes embustes se ponen en evidencia durante estos días de principios de año, cuando aflora en  nosotros lo que tenemos de inmaduros, que entonces volvemos los ojos a lo pretendidamente sobrenatural. El pasado oprime a los débiles y los ata a dogmas que otros forjaron; los muertos nos mandan en razón inversa a nuestra capacidad.

Exhaustos hemos llegado a la punta opuesta de un año más, que como los anteriores hemos vivido en el cogollo de crisis de todo tipo y tamaño. Como los anteriores, el santo y seña del año pasado fueron el desengaño, la desesperanza, la desilusión. Al débil de espíritu lo doblegó la realidad objetiva, y falto de temple y carácter por carecer de un verdadero sentido de su existencia, por conjurar el mal fario de los nuevos tiempos vuelve los ojos a lo pretendidamente sobrenatural. Falto de fuerza propia recurre a las “fuerzas astrales” que le han de descorrer el telón del arcano y procura el cobijo del conjuro, el ensalmo, el amuleto y el talismán, con toda la sarta de cachivaches “mágicos” que le vende la pretendida bruja blanca. Ese mundo lo constituye lo irracional, y no más; pero esas ganas de creer: en algo, en alguien, porque no se cree en sí mismo…

Y a comprar raciones de la esperanza en la medalla milagrosa o algún otro talismán que se cuelga al pescuezo…

Es así, por “arte de magia”, como en un terreno abonado por la ignorancia retoña una vez más, y florece, y echa vaina la industria del fraude que perpetran brujas y brujos, zahoríes y augures, hechiceros y ensalmadores, el falso adivino y los embusteros del arcano, los arúspices de la irracionalidad y toda la cáfila de charlatanes de la falsa esperanza. El arranque del año es la edad de oro de pícaros buscavidas peritos de fraude y de la engañifa, cuyas víctimas se encuentran entre los cándidos, los ignorantes y los analfabetos funcionales, y lo que es aún más doloroso: entre los débiles, los angustiados, los desprotegidos, tan pobres de espíritu como de bienes terrenales; y a comprar zarandajas “mágicas…”

Con las fuerzas morales el humano emancipa del yugo de las supersticiones. El varón de ideales concilia sus sentimientos con su razón a tenor del aforismo clásico: no hay religión más elevada que la verdad. Y que todo progreso moral presupone el triunfo de la verdad sobre la superstición. Y la síntesis de eso horroroso que ocurre en los muladares del pensamiento mágico: la ignorancia, el dogma, el prejuicio, la debilidad. Año nuevo, vieja superstición. (Lástima.)

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Ignorantes y crédulos

Posted by Tomás Mojarro on 4th Enero 2010

Las festividades de Navidad y fin de año, mis valedores, esa sañuda cultura de la embriaguez y el comelitón que en días pasados logró desplazar temas tan acuciantes para la comunidad como la sangre derramada, las propuestas de reforma política y el incremento a la gasolina que habrá de encarecer los productos de la canasta básica mientras que los aumentos al salario mínimo que habrán de regir en el presente año no alcanzan a arañar el 5 por ciento. Es México

Problemas aparte, nada ni nadie pudo interferir en la cultura del comer hasta el empacho y beber hasta el vómito. Y aquí lo más inquietante, mis valedores: en la perniciosa relación entre alcohol, adolescentes y jóvenes, ¿cuántos de ellos celebraron el rito de la Navidad y Año Nuevo dentro de los cánones de la religión que profesan? ¿Cuántos de ellos, más allá de creencias religiosas, se habrán iniciado en el licor? Pre-posadas, posadas, Navidad, Año Nuevo, ¿cuántos de esos incautos, al pretexto de tales fiestas, se habrán internado en el mundo destructivo de la botella? ¿Cuántos arrancan hoy esa minuciosa carrera rumbo a la dipsomanía? Todo con el pretexto de una festividad religiosa y el inicio de un nuevo calendario. Siniestro.

¿Por qué semejantes incautos tan temprano se entrenan en el sub-mundo del alcohol? ¿Por qué no fueron capaces de calcular los tremendos efectos de la intoxicación etílica en el propio organismo, en la familia, en el entorno social, en todo? ¿Por temeridad, por imitación, porqué? ¿No sería porque el alcohol, una de las drogas más perniciosas, es permitido de manera oficial, y acostumbrado socialmente sin que su consumo se considere práctica vergonzosa, clandestina y castigada por ley como otros intoxicantes? ¿Porqué la botella confiere a los borrachines “nivel social”? ¿El bebedor novato estará contento del riesgo que corrió al vaciar su primera copa en los brindis de Navidad y Año Nuevo? Nada me aclara la respuesta del especialista:

-La primera razón por la cual la juventud tiene dificultades en reconocer el alcoholismo es por el hecho sencillo de ser joven.

Y qué hacer. Pero hablando del alcoholismo, mis valedores, hoy que las demás drogas constituyen la piedra del escándalo y el motivo del horror colectivo mientras la botella mantiene su nivel de aceptación social siendo que como todas las demás es motivo de ruina, desgracias y derramamientos de sangre, ¿padecen ustedes la presencia, la influencia mortificante de algún aficionado al licor? Pero un momento, que no todos los problemas aluden a la botella. No, que existe otro achaque social…

Otro azote lacera a los pobres de espíritu. Por si no fuera bastante con el problemón embotellado, existe uno más, tenebroso para los inseguros, los indefensos, los débiles de carácter: estos días iniciales del año son buen pretexto para el florecimiento de la subcultura de la superstición, la abyecta industria de la superchería y la engañifa que en los días, los años y los sexenios de crisis (todos, para los mexicanos) medra con la debilidad de los espíritus encanijados.

Y es que el ignorante, a decir del filósofo, vive tranquilo en un mundo supersticioso, poblándolo de absurdos temores y de vanas esperanzas; es crédulo como el salvaje o el niño. Si duda alguna vez prefiere seguir mintiendo lo que ya no cree; si descubre que es cómplice de mentiras colectivas, calla sumiso y acomoda a ellas su entendimiento. (Sobre el asunto del supersticioso sigo mañana.)

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Turbulencia y estrépito

Posted by Tomás Mojarro on 18th Diciembre 2009

El sonido y la furia mis valedores: eso, y no más, es la campaña electorera que no electoral, celebrada periódicamente en este país, rito que cabe en vocablo como estos: diatribas y ataques, inquina y embustes, acusaciones y descalificaciones, verborrea y falsas promesas a lo largo y ancho de unas campañas costosas hasta la náusea para el contribuyente. Ayer comencé a hablar del tema y me referí a la sabiduría de nuestra raíz indígena tocante a la elección de un individuo (un autóctono “Juanito”) que el tanto de un año representaba a Tezcatlipoca, lo trataban como al verdadero dios y lo agasajaban como hoy mismo al diosecillo sexenal, con la diferencia que ustedes, como lo sigan leyendo, van a encontrar al final del escrito.Relata el cronista anónimo que un año antes de la fiesta de Tezcatlipoca “compraban los mercaderes un esclavo (¿Los Lorenzo Zambrano, Roberto Hernández y Cía de aquel entonces?) que fuese bien hecho, sin mácula ni señal alguna, así de enfermedad como de herida o golpe.

(No muy bien hecho en el caso presente, de acuerdo a la descripción de Manuel Espino: uno peloncito, chaparrito, de lentes. Vuelvo a la crónica.)

Lo purificaban lavándolo en el lago que llamaban de los dioses, y siendo purificado le vestían con los ropajes e insignias del ídolo, y poníanle el nombre del dios, y andaba todo el año tan honrado y reverenciado como el mismo ídolo. Traía siempre consigo 12 hombres de guarda porque no se huyese; y con ella le dejaban andar por donde quería.

Tenía este indio el más honrado aposento del templo, donde todos los señores y principales le venían a servir y reverenciar, trayéndole de comer y beber con el aparato que a los grandes; al salir por la ciudad iba acompañado de señores y principales, y llevaba una flautilla y las mujeres salían con sus niños en los brazos y se los ponían delante saludándolo como a un dios; lo mismo hacía la demás gente. De noche le metían en una jaula de recias viguetas porque no se fuese. De mañana lo sacaban y después de darle a comer preciosas viandas poníanle sartales de rosas al cuello. Salían luego con él por la ciudad, y él iba cantando y bailando.

Nueve días antes de la fiesta venían ante él dos viejos muy venerables, y humillándose ante él le decían con una voz muy humilde y baja: “Señor, sabrás que de aquí a nueve días se te acabará este trabajo de bailar y cantar”. Y mirábanle con atención, y si notaban que no andaba con el contento y la alegría que solía, tomaban las navajas del sacrificio y lavaban la sangre humana en ella pegada de los sacrificios pasados, y con aquellas babazas hacían una bebida mezclada con cacao y dábansela a beber, siendo enhechizado con aquel brebaje.

El perpetuo ejercicio de los sacerdotes era incensar a los ídolos y a su representante, en ceremonia donde ninguna leña se quemase sino aquélla que ellos mismos traían, y no la podían traer otros sino los diputados para el brasero divino. Y así se llegaba el día de la fiesta.

A media noche tomaban al elegido y sacrificábanle haciendo ofrenda de su corazón a la luna, y después arrojándole al ídolo. Lo alzaban los que lo habían ofrecido, los mercaderes, que ya tenían otro esclavo preparado para la semejanza de su dios.

Por cuanto a nosotros, herederos de la sabiduría indígena: ¿con nuestros mediocres diosecillos sexenales nosotros qué? ¿Dejarlos irse arropados por una impunidad alcahueta? (Dios, o más propiamente: Tezcatlipoca.)

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Masas, fascismos y demagogias

Posted by Tomás Mojarro on 17th Diciembre 2009

El hombre-masa cree que la civilización en que ha nacido es tan espontánea y primige­nia como la naturaleza, e ipso facto se con­vierte en primitivo… (Ortega y Gasset)Tal afirma el autor de La rebelión de las masas, precisamente. Pues sí, pero su rebelión, hasta hoy día y en este país, se circunscribe a acciones atroces como esa que habré de señalar párrafos adelante. A propósito:

Todo gira en referencia a las masas: los sistemas fascistas, los gobiernos autocráticos, los partidos políticos, los or­ganismos sociales y los credos religio­sos; todos ellos gravitan en derredor de esos hombres-masa que para el socialis­mo utópico sólo sirven para gobernar y sólo para ser gobernados, según el capitalismo real. Pero trátese del que se tra­te, unos y otros sistemas de dominación se viven ensalzando al rebaño de perple­jos, como lo llama el estudioso. Por asun­to de ventaja personal y de grupo todos los sistemas de poder han convertido en una profesión lucrativa el elogio de tales masas populares. Por lo que atañe al in­dividuo…

Único, irrepetible e impredecible, el individuo. Rebelde a la mediocridad, re­husa la vocación de esclavo. Carácter, in­teligencia, personalidad, el individuo es varón de ideales capaz de pensar, de crear estrategias y avanzar solo, a acier­to y error, por caminos que abre al an­dar, como dijo el poeta. Pero ocurre que el individuo, tal vez por el peso de la so­ledad del que avanza sin más compañía que la de la propia conciencia, en ocasio­nes se llega a rendir y se integra a la ma­sa, de entes todos iguales entre sí. Se des­poja de sus características en cuanto in­dividuo y se borra, se difumina, se torna un átomo más de la masa amorfa y anó­nima Su alma individual se diluye en el alma colectiva y sus pensamientos y ac­ciones se tornan los de la multitud, con sus reacciones impulsivas, tornadizas, viscerales e irreflexivas. Ahora su activi­dad intelectual se ha amenguado y aflo­ran los instintos primitivos. El alma indi­vidual se ha diluido en el alma colectiva, y sus pensamientos se tornan los de la multitud, con sus reacciones impulsivas, tornadizas, viscerales e irreflexivas. De esta manera el individuo ha descendido varios peldaños en la escala de la civiliza­ción. Ahora es el hombre-masa; es mesa puesta para los demagogos. Lóbrego.

Lóbrego, sí, porque ya integrado a la multitud el individuo se torna bárbaro y es arrastrado por los movimientos espon­táneos y la violencia, la ferocidad, el entu­siasmo y el heroísmo de los seres primi­tivos. Lo heterogéneo del individuo se ha convertido en homogéneo apenas el indi­viduo se integró a la colectividad. El nue­vo hombre-masa sacrifica fácilmente su interés personal ante el interés colectivo; perdió su personalidad consciente y sólo obedece a las sugestiones del líder al que la masa buscó para, a lo visceral e irracio­nal, acatar su liderazgo.

Porque, mis valedores, el individuo ataca al líder y lo acata el hombre-ma­sa, que en él mira a su santón y mesías, a su patriarca e iluminado. La masa es sim­plista y procede de acuerdo a la psicolo­gía del niño, y como él vive dando pre­ferencia a lo fantasioso sobre lo real, y quiere ser sometida a la fuerza, por la violencia y el rigor; necesita ser domina­da, subyugada, tener y mantener conten­to a su pastor. Ahí el éxito del caudillo, de los fascismos, de esos falsos profetas de la catadura de las sotanas políticas. (Segui­ré el lunes.)

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Habemus candidato

Posted by Tomás Mojarro on 16th Diciembre 2009

Tal es el título que planta Jacobo Zabludovsky a su columna Bucareli del pasado lunes. ¿El candidato? Claro, sí, nada menos que Ernesto Cordero, flamante titular de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, bien hayan los buenos amigos, para quienes la mediocridad no representa un obstáculo. Y en la expresión del ranchero, mis valedores: ¿con ese tercio podrá levantarse el Cordero de marras? La pura amistad de quien lo quitó de donde daba dinero para ahora arrebatarlo, ¿habrá de hacerlo crecer o lo va a conducir al rastro y al matadero?

En fin. La conclusión del articulista: “La mayoría de las opiniones coinciden en que el señor Cordero no tiene la dimensión ni la solidez para llegar a la Presidencia ¿Y? ¿Cuándo tales carencias han sido un obstáculo?” Yo, a mi vez, por todo lo que nos va de por medio en materia de sucesión presidencial, sigo con mis preguntas:

¿Cuál es, para ustedes, el bueno o el menos malo para Los Pinos? ¿Ebrard, López Obrador?, ¿quién? Hasta yo, después de lo que hemos presenciado durante los nueve recientes, penosísimos años. En fin.

Que no salga con tan necias preguntas, va a interpelarme el vivo de genio. Que calme mis ansias, que aún es temprano para especular. Y yo le contesto:

Vaya, pues. ¿Cuál considera que es a estas horas el devaneo principal de la clase política? En el pasado priista la sucesión se iniciaba meses antes de terminarse el sexenio, pero esta vez arrancó el día primero de diciembre del 2006, cuando el “Juanito” nacional, colándose por la puerta excusada del Congreso y arropado por todos los guardias de seguridad de que ese día se pudo echar mano, la banda tricolor terciada entre pecho y espalda juró ante la Nación que haiga sido como haiga sido él era el sucesor de Fox en Los Pinos. (Él, si me guío por sus dichos y acciones, hubiese preferido jurar ante los estatutos del Opus Dei frente a la vera efigie de José María Balaguer Y Escribá, según el fundador se alcanzó la humorada de encajar esa Y copulativa entre los dos apellidos, y que fuese una monja del Verbo Encarnado la que le aprontase los susodichos estatutos. No olvidar que el nuestro es un Estado laico y un Estado de derecho; no irlo a olvidar). El hijo desobediente, a tenor de su obra musical favorita, no columbraba el berenjenal en que se metía, tan penoso e insoportable para su ánimo fruncido, que el pasado fin de semana, en merienda donde compartió con algunos panistas su escaso PAN y su sal abundante, Felipe de Jesús ya no pudo soportar el martirio, y se desahogó, y suspiraba:

“Gracias a Dios que este año se acaba…” De su temple, entereza y carácter qué dirían, qué pudiesen opinar, de escucharlo, estadistas de la alzada de Lázaro Cárdenas, sin ir hasta el siglo de los liberales de Juárez…

Ante el precoz y procaz espectáculo del Cordero de tufillo yunquista y la rebatinga que nos aguarda presenciar en las enrarecidas regiones de la grilla politiquera pensé en la ignorancia que exhibimos en torno a nuestra herencia indígena, y cuan alejados nos hemos situado de la sabiduría que los mexicas nos legaron, de su conocimiento de lo humano y lo divino y del tino con que elegían a sus dignatarios. Admirable el remate que sabían aplicar al afortunado que durante un tiempo determinado hacían sentir, actuar y vivir como el dios al que representaba aquel denominado Tracahuepan (El remate, mañana.)

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