El Valedor

Por Tomás Mojarro

Archive for Septiembre, 2009

Programa del 30 de Septiembre de 2009

Posted by Tomás Mojarro on 30th Septiembre 2009

Comuniquense con el maestro al número que también es Fax  56520026 o escriban a su correo elvaledormx@hotmail.com para cualquier comentario o sugerencia

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Gótica

Posted by Tomás Mojarro on 30th Septiembre 2009

Las leyendas de horror, mis valedores. Copio de una obra maestra del género: “El verano de 1816 fue en Suiza excepcionalmente lluvioso y desagradable. Lord Byron y Percy Bische Shelley los dos mejores poetas jóvenes de Inglaterra, estaban por entonces en Ginebra. Entretenían su tedio de las noches contándose cuentos de fantasmas. Byron propuso que cada uno de los asistentes a aquellas reuniones escribieran una historia de terror. Luego conversaron acerca del principio de la vida y la posibilidad de volver a infundírsela a un cadáver.

Mary, la joven esposa de Shelley, subió a acostarse, pero no pudo dormir. Con los ojos cerrados vio mentalmente las imágenes que más tarde iba a desarrollar en su novela Frankenstein, o el Prometeo moderno…”

Y sería la tormenta que se aplanaba afuera de mi ventana, sería la novela de Mary Shelley que estuve leyendo, o tal vez una cena sobrecargada de grasas, especias y condimentos. Lo cierto es que la noche del domingo pasado tanto me sumergí en la lectura de aquellas escenas de escalofrío, y tanto me impresionó la historia que tantos de ustedes conocen por el libro o el cine, que esa noche viví la aventura de la novela de horror, y la viví de la siguiente manera:

En sueños me vi encerrado en aquel caserón sombrío. En la pesadilla me observaba caminando por un corredor penumbroso y a la luz del hachón que sostenía con su mano sana el engendro aquel, jorobado de torcido mirar que me conducía escalones abajo. “¿A dónde me lleva?” Me atreví a preguntarle.

- Al sótano -me contestó en un gruñido. El lo está esperando…

- ¿El? ¿Y quién es él? -el espanto me hacía tembloriquear.

Con un gemido me respondió, y al silencio volvimos, y yo seguí al contrahecho. Intolerable me resultaba el tufo a humedad, a rancio, a corrupción, a orines de las ratas que infestaban el castillo. Y aquella taquicardia. Intenté despertar. Todo inútil.

De repente y sin apenas darme cuenta de su presencia: ¡el personaje aquel que se arropaba en la penumbra! Su voz, el sentido de sus palabras me hicieron estremecerme:

- El Valedor, yo suponer.

- ¿Quién es usted? ¿Qué lugar es este? ¿Quién me trajo hasta acá? ¿Para qué me trajeron…?

Distinguí su rostro, imposible. Hundido en aquel sillón de alto respaldo, el personaje se oscurecía en la penumbra. Su voz, su acento extranjero:

- Please, sentarse usted. Serr bienvenido.

- Sí, pues, ¿pero quién es usted? ¿Cuándo, dónde, de qué nos conocimos? ¿Dónde estamos? ¿En qué país…?

- Mi serr científico. Parra mis colegas yo serr un fool, un loco. Yo saberr que usted tenerr interrés (interrés, no me corrijas, computadora estúpida, ¿no ves que era teutón?); interrés, decía, en adelantos de la investigación científica. Que usted querrer conocerr mistemos de la vida y la muerrte.

Toqué madera mientras lo oía rreirr (reir, perdón) entre dientes. Me estremecí en sueños y miré en torno. Era aquel un laboratorio en penumbra, con los muros tapizados de tableros y estructuras que hervían de matraces y retortas, tubos en serpentina e instrumentos de medir, todo punteado de luces intermitentes. Un suave ronroneo, que supuse de algún generador de energía eléctrica. Intenté despertar, y aquellos latidos desaforados, y aquella arritmia y aquella voz… (¿No los estoy aburriendo? ¿No se me han asustado en demasía? Sigo, pues.) Aquella voz: “Así que venirr usted a conocerr a la crriatura. Mostrrársela tú, Miquelángelo.

¿Miquel qué? El cual, entre gruñidos guturales, me condujo hasta el otro extremo del laboratorio, y con aquel garfio, o sea su índice engarabatado, señaló hacia la cortina marrón. Lo vi dudar. El hombre de la penumbra:

- Tú tenerr valorr. Tú jalarr la corrtina y descubrrirr la sábana.

Obedeció el baldado. Recorrió la cortina y con gesto dubitativo fue descubriendo la sábana que cubría el camastro de hierro, monumental, y entonces… ¡horror! Con la diestra contra los labios, muy a lo dama del cine mudo, ahogué el grito de espanto. En el…

(Esto, mañana)

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De mis recuerdos…

Posted by Tomás Mojarro on 29th Septiembre 2009

Esta vez nuestro México, mis valedores, este México nuestro (y de los gringos, de los chinos y coreanos, de los españoles, de los…) Este México siempre fiel a sí mismo y a su espejo diario, pero cambiante siempre, renovado siempre, renacido como en una perpetua ceremonia del ruego nuevo y del Nuevo Sol. México, el nuestro, el de todos nosotros, de Washington, la mayor parte; de los mexicanos, las sobras. Las puras zurrapas. Permítanme que recuerde los tiempos aquellos que se me fueron para nunca más. Qué tiempos aquellos que no han de volver. A propósito…

En esta noble y vial he invertido más de un tercio de mi propia existencia, y bien sé que con ese tercio no me levanto, que es el tercio del diario vivir una vida deleitosa a destellos y arrastrada las más de las veces, y qué hacer. No lloro, nomás me acuerdo. Y el suspirillo…

Recuerdo los años en que a tamborazos bajado del cerro arribé a esta ciudad capital todo engentado, todo encandilado y sin saber para dónde ganar, como allá decimos. Fue entonces cuando me aveciné y avecindé en la colonia Morelos y caí a vivir de arrimado en cierta vecindad de la Plaza del Estudiante, en la cálida cercanía de cines, piqueras, mancebías y mercados, en mi rostro el aliento cálido de Tepis Company. Tiempos los de la primera de mis juventudes (ando quemando mi última.)

Yo, con aquella familia que me daba a valer, era feliz, pero lástima: por aquel entonces no lo sabía. Claro, sí, bien conozco el dicharajo: “el muerto y el arrimado…” Pero, no, que el arrimado apesta sólo cuando se trata de familiares. Con una familia de extraños uno nunca llega a apestar. Nunca con mis valedores de aquella benemérita vecindad. Me acuerdo…

Muy temprano a salir a la plaza y de ahí caminar unas cuadras, y mirar la barriada, y olfatear sus humores, observar a sus gentes y captarles sus modos, a oírles ese dejo cantadito al hablar, y contemplar aquel raigón de ciudad, la barriada, y bebérmela por los ojos, por todos los poros de la pelleja. A iniciar un rendido amor por mi ciudad adoptiva a la que he demostrado mi amor con dichos, con hechos, con mis acciones. Así hasta hoy. Mis valedores…

En el recuerdo estoy viendo aquel retazo de mi ciudad: calles que se engrifan de beneméritos buscavidas, parques erizados de muchachejos que con cemento levantan sus castillos en el aire, basural de las cuatro esquinas espulgado a ladridos y hocicazos, iglesias casi siempre vacías, y casi siempre repletas de clientes unas casas privadas de mujeres públicas; allá, públicos edificios abiertos siempre de par en par; sin guardias, sin armas de alto poder, sin sistemas de circuito cerrado ni neuróticas medidas de seguridad; sin paranoias ni ese temor que provoca la mala conciencia de un Calderón tan amado del pueblo que se ve forzado a vivir encuevado, y si va y si viene se desplaza detrás de la bota cuartelera, y hasta en Bellas Artes tiene que atejonarse tras las vallas artes. No. Otro México era el que me dio la bienvenida. Otra aquella, mi ciudad (¿No los estaré aburriendo? Sigo, pues.)

Me acuerdo de que en la banca del parque me sentaba a ver la vida pasar y ver pasar a los chilangos (a las chilangas, más bien. Yo todas las cosas de la vida, del mundo, del demonio y la carne, las miro siempre a través del filtro femenino.) Y en una de esas miré a dos vejanconas tras la querencia del super-chiquito (que se los reviro, cuidado). Habló la del chemisse color mamey.

- Qué iremos a hacer con esta situación tan diatiro. Yo antes tan buenas pechugas, y ahora puros pellejos…

- La edad, Romelia, que no perdona

- Las pechugas de pollo, Jesusa. Carísimas. Y luego el alza del bisté, de la leche, qué mala leche la de los comerciantes. Y luego esta escasez de huevos…

- Huevos los de López Paseos, según nos resultó pata de perro. Don Adolfo a viaje y viaje y a vieja y vieja, y acá vieja y vieja lo estamos pagando con la mala leche y los huevos inalcanzables, que ya sólo arañarlos…

- Huevos de berraco. ¿Sabe que el presidente es un enamorado de miércoles?

- ¿Nomás de miércoles? Pregúntele a los que le cuidan su leonerita allá por los rumbos de la..

¿De la qué? Discretamente, como pastoreando un gallo, me fui detrás de las dos de las pechugas. De pollo. Y lo que iba escuchando…

- Pero usted de qué se queja Romelia. Dichosa usted, que va a pasar a mejor vida

(Esa vida mejor, mañana)

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Programa en vivo por internet

Posted by Tomás Mojarro on 28th Septiembre 2009

Ya se terminaron las pruebas y ajustes necesarios para transmitir un programa en vivo por internet conducido por el maestro Mojarro.
El programa se comenzará a transmitir a partir del lunes 21 de septiembre a las 6:30pm todos los dias.
Para ver el programa sólo hay que ir a la siguiente página:

http://www.ustream.tv/channel/elvaledormx

Para los que no puedan ver el programa en ese horario, se grabará y quedará registrado en ustream, por lo que pueden entrar después a la misma dirección y ver los programas que se han transmitido.

NO SOLO ESCUCHEN EL PROGRAMA, comuniquense con el maestro al número que también es Fax  56520026 o escriban a su correo elvaledormx@hotmail.com para cualquier comentario o sugerencia, que el maestro SIENTA NUESTRO APOYO para que no se cancele este proyecto

El horario del programa aun no se establece del todo pero la transmision comienza a las 18:30pm (México D.F.) todos los dias

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Programa del 28 de Septiembre de 2009

Posted by Tomás Mojarro on 28th Septiembre 2009

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¿Calderón? Como relojito…

Posted by Tomás Mojarro on 28th Septiembre 2009

Malhaya esta mi costumbre de cumplir años, hábito pernicioso que va a dar conmigo en la tumba. El viernes pasado, mis valedores, les hablé del cumpleaños aquel en que mi Nallieli (y ojos que te vieron ir…) ciñó en mi muñeca un hermoso ejemplar de Cartier, tepiteño de origen: “Para que mires la hora en que te sigo amando, mi valedor”. Ella, la única (no lloro, nomás me…)

Y qué bello aspecto del Cartier, y qué precisión con la que arrancó a galopar, precisión que sostuvo el tanto de seis, siete horas, porque ya después… Acudí al relojero, y él: “En dos días lo va a tener marchando como relojito”. Tres meses después pude abrochármelo (el reloj) en la muñeca. Pues sí, pero tras un arranque indeciso, el tepiteño ya atrasaba, ya adelantaba, ya se negaba a dar un paso más, hasta que en mala hora dejó de funcionar. Yo, por teléfono:

- ¡Se me paró, señor! ¡A las 11:43…!

Y que lo viera por el lado positivo, y que el vaso medio lleno. “Dos veces al día, a las 11:43 de la mañana y la noche, su mollejón va a darle la hora exacta. Algo es algo, dijo el diablo, y… ¿Se sabe el albur?”

Colgué. Pero yo no soy de los que se rinden. Ahí me tienen con el cebollero en la diestra (cachicuerno, 16 pulgadas de largo, con un letrero que dice: “guárdame ái”). Y esto fue menear resortitos, jurgunear engranes, ajustar áncoras, bornear manecillas y enchuecar espirales, hasta que el diminuto universo volvió a caminar. Perfecto. Como caminar, mi molleja camina, sí, pero ya adelanta al caminar, ya acelera, ya recula, ya trota o se frena, ya galopa o gazapea, o se para de pronto y el súbito arrancón, en estampida; luego avanza a media rienda corcoveando como cuaco pajarero, y se adormece y se muere para revivir con una marcha pareja, uniforme. Sí, pero todo esto en reversa, reculón que no fuera. Ah, pero qué hermoso mirábase ceñido a mi zurda, con su legión de romanos (los números), su carátula de un blanco marfil y su hechura escandalosamente nacional. Y “lo echo enM exico esta vie necho“…

Mis valedores: ayer fui solicitado para una entrevista de prensa con cierto corresponsal extranjero de apellido Yoshio, Tétzu, Matzumoto, Matzutula o Tulas de esas. Y qué ocasión más propicia para exhumar mi Cartier. Fanático de la puntualidad, llegué a la cita con hora y cuarto de retraso; y es que el mollejón me juraba ser ligeramente pasado el mediodía, cuando el mediodía estaba más pasado que chavo con bolsa de chemo contra las chatas. Impaciente, el nipón me susurró algo en su lengua; por aquello de las dudas se lo reviré en la mía. Y que enciende la Sonny, y que comienza la entrevista.

- ¿Jura usted decir la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad?

Por Tula, mi madre, tuve que jurárselo. El Matzumecha “El presidente del empleo que no iba a subir los impuestos, ¿ha cumplido a los mexicanos?”

Tragué saliva. Lo notó el Matzurita. “El juramento, acuérdese. Con un gabinete presidencial donde caben Lujambio, Ruiz Mateos, Chávez, Lozano y García Luna, ¿cómo marcha el gobierno? Decir la verdad, acuérdese”.

¿Decir la verdad? Por decirla me han chispado de mis espacios en tele, radio y periódicos, que sólo un cachito de Radio UNAM me dejaron. Pero cómo zafarme del juramento. Seguí chiquiteándome el negro fuerte y bien caliente (el café). Y qué hacer. Ilumíname, Santo Cristo del Veneno. Y sí, me iluminó. De ganchete observé mi Cartier. “¡Con Calderón el país marcha como relojito! Como este, mire. Lo juro”.

- ¿Por su madre, señor?

- Y por la suya para que refuerce. ¿Geisha? ¿Cómo ejerce la profesión?

- Extraño. Desde el exterior observamos un gobierno mediocre. En fin. La justicia ¿se aplica en México? He oído que los Montiel, los Salinas y los hijos de toda su reverenda Marta andan libres, y que a Ignacio del Valle y vecinos de Atenco les echaron un siglo en El Altiplano. México, ¿un estado de derecho? El juramento, acuérdese. ¿Cómo marcha en México la justicia?

- Como relojito, señor Matzukaki. Como mi Cartier.

-  En síntesis: ¿cómo anda México con el gobierno de Calderón?

- Como relojito -di unos discretos manazos a mi molleja, que se acababa de atascar-. Como este, como mi Cartier.

- Really? El juramento, acuérdese. -Me atraganté, tosí, me metí dos dedos: y es que con los manazos al tepiteño se le habían cuatrapeado las manecillas, y caído en la taza el segundero. Al chupetón me lo fui a sacar de la epiglotis. Disimuladamente me zafé el mollejón.

- Con un estadista como Calderón, mi país como este relojito, lo juro. Hasta pensamos reelegirlo. No al relojito, sino al estadista

Bajé la mano y acá bajita la mano tiré el mollejón debajo de la mesa. A la escupidera (Total…)

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Programa del 25 de Septiembre de 2009

Posted by Tomás Mojarro on 25th Septiembre 2009

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Agadir nunca más…

Posted by Tomás Mojarro on 18th Septiembre 2009

¡Libérame de la muerte viva! ¡Libérame de la vida en la muerte, libérame de la vida y de la muerte…!

México, 19 de septiembre de 1985, de triste recordación. Y cómo pudiese ser de otro modo, si fue un día como el de maña­na, pero de hace ya 24 años, cuando esta nuestra casa común amaneció a ser lo que desde entonces ha sido: la herida que no cesa, y el llanto y el duelo colectivo por la tragedia descomunal. Digo sismos del 85 y se me viene a la mente Agadir, la ciudad de Marruecos a la que un sacudimiento te­lúrico arrancó desde sus cimientos. Agadir, que hace cosa de medio siglo fue remeci­da por un sismo semejante al de nuestra ciudad. Esta, la de nosotros, sobrevivió en­tera, más entera que antes, que la sobrevi­vencia es su signo. “Mientras el mundo per­manezca no acabarán la fama y la gloria de México-Tenochtitlan”. La ciudad marroquí fue destruida, pero la nuestra se irguió, su­turó sus mataduras y siguió su destino: al­tiva, inmutable, eterna México.

Hoy, como cada año, evoco la trage­dia de Agadir, que sobrevive en el estreme­cido testimonio del poeta Arthur Lundkvist, quien logró salvar la vida en el drama sís­mico que arrancó del mapa la ciudad. Días después, ya vuelto a Suecia, su país, so­bre la experiencia traumática del derrum-

be de toda aquella ciudad creó un extenso poema, vivido, lírico y visceral, “para cum­plir un deber para conmigo y con los de­más, tanto para con los supervivientes co­mo con los muertos de Agadir”. Y así tituló su poema: Agadir.

Hoy mismo, con fragmentos del poe­ma, me propongo recordar, honrar, testi­moniar mi homenaje a tantos que sucum­bieron bajo las furias del sismo que aca­lambró los entresijos de nuestra ciudad Por cuanto a Agadir, la desventurada, aquí algunos fragmentos del poema de Lundkvist, que invito a pronunciar; en silen­cio, tal vez:

El cielo estaba azul, un azul demasiado duro, un cielo de éter y acero, - el sol era un homo abierto y el día una piedra blan­ca laminada por lenguas violeta, -las nubes llegaron demasiado de repente, como hu­mo de carbón, bajas y pegadas al mar (…) De repente el suelo se sacudió, profundos estremecimientos recorrieron la tierra - los perros contestaron de todas partes con au­llidos prolongados, y un lamento sordo sur­gió de las gentes. - Sí, ahora todo dependía del capricho de la tierra, de su indiferencia o de su ira.

Me oí gritar en sueños (nunca podré saber lo que grité, - nunca podré saber si me dije algo que no sé - en el mismo momento en que fui arrojado de la cama (o instintivamente me tiré de ella) y me acu­rruqué en el rincón mientras el terremo­to crecía irresistiblemente - y las sacudi­das se hacían más fuertes, más violentas, parecían venir de todas partes al mismo tiempo, - una revolución que surgía de las entrañas de la tierra, un irrefrenable bai­le que interrumpía, - un trueno de las pro­fundidades, abrumadoramente pesado, -un estallido de paredes, un agrietamiento, un desmoronamiento…

¿Cuánto tiempo duró? - ¿diez segun­dos? - ¿más? ¿menos? - o nada de tiem­po, un tiempo que cesó - o perdió su ex­tensión determinada, - quizá un oscuro globo de tiempo comprimido - y el mun­do volvió a existir, silencioso e inmóvil, - la conciencia se volvió a unir al cuerpo, yo volví a sentirme vivo (…) Y la desolación: por todas partes huellas de la mano de la muerte, la descarga de la rabia, - muros de piedra lanzados al lado opuesto de la calle como con una burlona carcajada to­davía audible, - bugamvilias en flor que se inclinaban como incendios triunfantes so­bre las casas derruidas…

- ¡Libérame de la muerte viva! - Más insoportable que la locura es esta tum­ba en las tinieblas, - las piedras me cu­bren y me rodean, piedras derrumbadas, -no hay aire suficiente ni para que respi­re una rosa; - ¡asfixíame de una vez, como un lazo, como unas manos estranguladoras! - ¡Ahógame, aplástame con un bloque de piedra! - Todo menos esta espera en la nada, esta tortura en el ara del sacrificio, -¡arranca ya el corazón de la víctima, cla­va ya el cuchillo de piedra! – ¡Es preferible una lucha a muerte que este cautiverio!

Agadir, nunca más, - Agadir, para siem­pre en nosotros, ciudad Manca de vida y de la muerte, vida y muerte unidas en un so­lo cuerpo, - Agadir, hundido ya en el pasa­do, espejismo eterno ante nosotros, - Agadir, preparación, advertencia - de lo que quizá nos espera: la gran aniquilación, - el mundo en ruinas, la tierra desolada, sólo el humo de la muerte desvaneciéndose en el espacio, nunca más, - para siempre - Agadir”.

Ellos, o aún mejor: ustedes, los caídos del Jueves Negro, son todos presencia en la memoria colectiva. Ustedes. Todos. (A su memoria.)

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Cuba, invencible…

Posted by Tomás Mojarro on 17th Septiembre 2009

Porque el héroe renace de sus cenizas. La noticia que difunde la América Mestiza de José Martí.

Con banderas a media asta, Cuba vivió un día de actos en homenaje a Juan Almeida Bosque, Comandante de la Revolución y uno de los atacantes del Cuartel Moncada, el 26 de julio de 1959, que falleció el pasa­do viernes, 11 de septiembre, a los 82 Años de edad.

Juan Almeida, comandante de la Re­volución. Como Ernesto Guevara, el pro­pio Fidel Castro y tantos más, Juan Almei­da visitó México, y de aquí se ausentó en el yate Granma con la encomienda cum­plida de liberar su Cuba secuestrada por uno de los tantos proyanquis y vendeptrias que gobiernan nuestros países al sur del Bravo. Yo, porque ello también toca la dimensión del héroe, recuerdo al comba­tiente con una anécdota humana y a ras de suelo: con su revolución todavía en car­tuchera, este cubano Juan Almeida se re­fería a nuestro país y sus alimentos terres­tres, y trataba de hacerse entender de un su paisano:

- En México me encontré con Euge­nio, que llegaba de San José de Costa Ri­ca, parado en un puesto de tacos. Tú sa­bes lo que es taco, ¿no? Una torta que ha­cen los mexicanos de harina de castilla, con un poquito de carne de puerco, y enrolladita así…

Enrolladita Por cuanto a los Esta­dos Unidos, el combatiente de la triunfan­te revolución intentaba entender y hacer­se entender del yanqui, y en la pluma de C Wright Mills, norteamericano, se formula­ba aquellas interrogantes:

“¿Qué o quiénes son hoy los Estados Unidos? ¿Y el Pentágono? ¿El imperialismo va a decidir el uso de tu gran fuerza, yan­qui, en relación con Cuba y con todos los pueblos del mundo hambriento? ¿El de­partamento de Estado? ¿El yanqui o el pue­blo de los Estados Unidos…?”

El viaje a México, la permanencia de meses -¿años?-, el regreso a su tierra -a su Sierra- y ya en plena revolución, las im­presiones de un Manuel Fajardo, comba­tiente de Sierra Maestra:

- La detención de los norteamerica­nos fue una de las medidas más valientes de la guerra Se cogieron como a 38. No es que tenga nada contra ellos, el proble­ma político lo separo de mi opinión per­sonal sobre estos marines que traté perso­nalmente: la gente más despreciable que puede haber en el mundo son los marines norteamericanos. No he visto seres huma­nos más corrompidos que esa gente

(¿Por qué a mí se me vino a la mente Guantánamo, Abu Grahib?)

Pero no sólo el yanqui. Dentro del propio territorio cubano los contrarrevo­lucionarios hacían su labor de zapa a favor de los yanquis. El retrato hablado de los tales en la versión de un Armando Valla­dares, poeta mediano por aquel entonces preso en alguna cárcel cubana:

- Recuerdo a mis compañeros fusila­dos. Pensé en Julio y en su desprecio por la vida, defendiendo sus criterios de Liber­tad y Patria, y pensé en todos aquellos que con una sonrisa en los labios marchaban a los paredones, y pensé en la integridad de aquellos mártires que morían gritando: ¡Viva Cuba Libre! ¡Viva Cristo Rey! ¡Abajo el comunismo…!”

“Escucha, yanqui: esos contrarrevo­lucionarios no tienen el valor para luchar con las armas en la mano. Lo que están haciendo, conspirar contra nosotros, les debe costar millones de dólares. Su propaganda contra nosotros, sus viajes, su sostenimiento: ¿de dónde sale tanto di­nero? ¿De las compañías yanquis afecta­das por nuestra revolución? ¿De la CIA? ¿Del departamento de Estado? En Cu­ba hay muy pocos contrarrevoluciona­rios, y son impotentes para reunir otros elementos alrededor de ellos (…) Cuando los obispos salieron con una declaración general contra el comunismo, la mayo­ría de la gente de las iglesias simplemen­te se rió. Sabían que se trataba sólo de la ignorancia y el temor de los contrarrevo­lucionarios”.

Triunfante la Revolución de Sie­rra Maestra, y en la versión de C. Wrig­ht Mills, la voz de Cuba, sus advertencias al yanqui: “Lo que debes hacer, en nues­tra opinión, es actuar políticamente en tu propio país, asegurar que tu gobier­no no utilice la violencia, ni directa ni in­directamente, contra la Revolución Cuba­na. ¡Manos fuera de Cuba!, eso es lo único que queremos de ti. ¿Es pedir demasia­do? Con eso, la nueva nación que esta­mos dando a luz se sentiría muy aliviada y se reducirían enormemente los dolores del parto (…) Que tu gobierno reconozca que Cuba es un Estado soberano. Que tu gobierno renuncie para siempre a la ab­surda e histérica idea de que puede des­truir todo lo que significa nuestra revolu­ción. Lo que queremos de tu gobierno só­lo puede expresarse en una palabra: nada. O en dos: déjanos tranquilos”.

Cuba, la de Fidel, la Cuba de Raúl, la Cuba invencible Maceo y de nuestro Jo­sé Marti, el genio americano. Comandan­te Juan Almeida, héroe de la Revolución. (A su memoria)

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Taciturno e inmenso, México

Posted by Tomás Mojarro on 15th Septiembre 2009

José Martí, mis valedores, nuestro genio americano que tanto vivió entre nosotros y tanto amó nuestra tierra para de aquí y por amor a la suya irse a ofrendarle su vida. A Cuba, su patria libre

José Martí. Refiriéndose a los apuntes que algún pintor norteamericano hiciese de nuestro país en una ocasión en que lo visitó sin lograr comprenderlo, así protestó el apóstol cubano: No se paró a ver lo que México ha vencido ni a medir el esfuerzo por los obstáculos que se le ponían, ni a calcular lo que va a vencer con el empuje acumulado. No vio el trabajo titánico de sus hombres nuevos para sacar los brazos con la libertad en salvo, por encima de las torres de las iglesias; ni la fatiga heroica de la generación liberal que lleva a cuestas el país resucitado…

A propósito de Cuba: hace algunos años cayó en mi correo electrónico algún texto firmado por una Celia Hart que yo, según mi costumbre y al acto reflejo (tanta basura ensucia mi correo) intenté borrar, eliminarlo para nunca más, pero entonces leí las primeras líneas, y válgame: al rato, conmovido hasta el tuétano y a riesgo de violar esta regla o aquel derecho de autor, me propuse ofrecerlo a todos ustedes como la expresión limpia, genuina de alguien que, desde su perspectiva (tiempo, distancia), nos entrega una síntesis del México que fue y es hoy día Aquí, para conocernos, para reconocernos en espejo ajeno, las expresiones de Celia Hart, cubana y americana como nuestro genio de la América Mestiza, José Martí que así celebró en Cuba nuestras fiestas patrias:

“Cuánto me hubiese gustado estar con el padre Hidalgo el 16 de Septiembre de 1810. Nuca se tuvo más fe en Dios que en aquel día Aquel sacerdote brillante y culto, no fue una excepción de la regla: el talento, la virtud y el compromiso se dieron la mano para saber querer más que ningún otro hombre a México y a la Revolución. Estas dos palabras no debieron jamás separarse (México y Revolución), porque es imposible que la independencia de un pueblo se gane sin dosis elevada de revolución…

El Siglo de las Luces cayó en mis tierras americanas como música para la libertad. Hidalgo ya era bastante viejo para la lucha, pero ¿quién dice que para amar y construir se es demasiado viejo jamás? Con Allende, Abasolo y un grupo de jóvenes valientes decidió que la Patria Mexicana tiene demasiado empeño para no ser libre. Que ya en Francia se habían librado del Rey y de su cabeza y México era de los mexicanos y no de España, que fue incapaz de liberarse de su propio rey. Así nació aquella mañanita de septiembre el camino de la revolución en México.

Si existe un país autóctono que logró mantener sus tradiciones, donde los hombres guardan todavía aquellos recuerdos en la piel de cuando eran felices, ese es México. Taciturno e inmenso como sus volcanes, México está a punto de estallar. Empezó desde el inicio a dar batalla en la misma conquista Al llegar Cortés se encontró una cuidad luz que no tenía nada que envidiarle a las bellas ciudades europeas ni el valor de sus hombres a los soldados españoles.

El Grito de Dolores le confirió la mayoría de edad a ese pueblo nuevo que no necesitó ayuda de nadie para liberarse de una monarquía estúpida y sórdida sólo procuró del valor de sus hombres y del amor de sus mujeres.

La historia de México es imprescindible para entender al mundo. Coexisten sin detrimento las antiquísimas costumbres y el modernismo más audaz. El que haya visitado esa cuidad misteriosa una sola vez la sigue necesitando para siempre. En México el color es protagonista de todo, de las comidas, de los vestidos, del lenguaje musical y de sus albures. Tengo la premonición que no logro explicar bien, que cuando México despierte vamos a despertar todos. México es la frontera de Nuestra América con los Estados Unidos, frontera que el gobierno norteamericano establece con una rudeza inconcebible. Por el solo hecho de robar más de la mitad de su territorio deberían los EUA ser más tolerantes con la nación que levanta con sus manos y su sudor el País del Norte.

¡José Martí no se cansó de adorarlo! En una crónica sobre ese país decía entre frases gloriosas y sentidas que “ya los mexicanos sabían amar cuando los europeos se desplomaban en las guerras” y que “ya hablaban de la Vía Láctea como del camino al espíritu”.

¿Qué civilización heredó México, cuando ya tenía el brío necesario para declararse libre? ¡Más ha hecho México en subir donde está, que los Estados Unidos en mantenerse decayendo, de donde vinieron!” (La fiesta tricolor sigue mañana)

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Perros de guerra

Posted by Tomás Mojarro on 14th Septiembre 2009

“Los invasores llegaron al Castillo de Chapultepec pisoteando cuerpos de héroes, y la bandera de las barras y las estrellas ondeó sobre aquel memorable lugar, después de que los alumnos del Colegio Militar hubieron dado su vida por defender el último reducto de la Patria. El mismo 13 de septiembre las tropas del general Scott se hacían dueñas de la capital de la República ¡El 16 de septiembre de 1847 la bandera del invasor ondeaba, airosa, en el Palacio Nacional!” (B. Delorme, historiador.)

México, 13 de septiembre de 1847 -Nueva York, 11 de septiembre del 2001. Ocurrió un día como hoy, pero de hace 162 años, cuando el pabellón de las barras y las estrellas ondeaba en el Palacio Nacional de nuestro país, efemérides que aquí muy pocos conocen. Siglo y medio más tarde iba a ocurrir el episodio de las Torres Gemelas, de Nueva York, que aquí todos tienen presente. Es México. Mis valedores:

Al cumplirse un aniversario del 11 de septiembre de 2001, lo afirmaba el entonces presidente de EU G.W. Bush: “Los americanos luchamos no para imponer nuestra voluntad, sino para buscar la paz”.

Hace 159 años el Presidente Polk: “Debemos buscar la paz. Debemos imponerla a nuestros enemigos, haciéndoles sufrir la maldición de la guerra”.

Al término de su mandato lo afirmaba Bush: “Yo estoy luchando para asegurar la paz. No para imponer mi voluntad, sino para defendernos y para extender las bendiciones de la libertad…”

El historiador norteamericano: “Polk, al mismo tiempo que mantenía una guerra de devastación, manifestaba públicamente sus deseos por la paz”.

Hoy, el Dr. L M. Wortzel, coronel del ejército de EU (retirado): “Si la única vía para atacar a una organización terrorista es unilateral, aunque sea de manera clandestina, tenemos que hacerlo”. Y Bush: ‘De ser necesario, actuaremos nosotros solos. La ONU es prescindible”.

Hace 162 años, escudándose en el falso supuesto de que México había provocado la guerra, los partidarios de Polk “abogaban por el arrasamiento de las ciudades mexicanas y por la destrucción de vidas mexicanas”. Bush: “Nosotros somos una nación con vocación decididamente pacifista”.

Y el historiador norteamericano: “Saqueos, carnicerías, crueldades, el matar a los heridos en los campos de batalla; y aun en muchos casos quemar hombres vivos, han sido anotados por parte de altas autoridades oficiales, como parte de la historia de la guerra con México.

Lo publicaba un diario estadunidense: “Hasta que aplastemos a los mexicanos y llevemos la destrucción y la pérdida de vidas hasta el fondo mismo de sus hogares, y los hagamos crujir bajo el peso de nuestra mano de hierro, hasta entonces vamos a ser respetados por los mexicanos”.

Y otro más: “Destrúyase la ciudad de México a raíz de la tierra sobre la que se levanta. Hágase desaparecer Puebla, Querétaro, Jalapa, Saltillo, Monterrey, de la misma manera, y después auméntense nuestras demandas”.

Lo prometía G.W. Bush: “No permitiré que ningún terrorista o tirano amenace a la civilización con armas de destrucción masiva. Prometo una victoria sobre las pandillas fanáticas de la historia. Los hemos hecho a nosotros mismos y al mundo una promesa sagrada no descansaremos hasta que se haya hecho justicia y nuestra nación esté segura Lo que nuestros enemigos comenzaron, nosotros lo terminaremos…”

“En marzo de 1847, los cónsules extranjeros escribieron al general Scott sobre los terribles resultados del bombardeo a México. The New York Herald decía que habían convertido la ciudad en ruinas bajo las cuales habían sido sepultados un gran número de no combatientes: hombres, mujeres y niños”.

Mr. Bagby, Senador: “Pero la vida de un solo ciudadano de EU es más valiosa que las vidas de cien mil mexicanos, hombres, mujeres y niños”.

Durante los 10 largos meses que el ejército invasor ocupó la capital, muchos fueron los mexicanos azotados a cuerpo desnudo, tanto en la plaza principal como en los costados de la alameda. Pronto, los invasores se convencieron de que si hasta entonces habían tenido que habérselas con Santa Anna, ahora tendrían que luchar contra el pueblo”.

G.W. Bush: “Luchamos no para imponer nuestra voluntad, sino para defendernos y para extender las bendiciones de la libertad”. Y Santiago Creel, cuando Sec. de Gobernación: “El compromiso del gobierno mexicano: en el caso del terrorismo, ser solidario particularmente con el pueblo y gobierno norteamericano”. Zopilotera y hedor. Es México. (Mi país.)

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Los aviones iban directo al blanco

Posted by Tomás Mojarro on 11th Septiembre 2009

Era un ataque cobarde, alevoso, contra la democracia, contra la libertad. La gente estaba confundida, las calles eran el escenario del caos. Luego las calles vacías, los comercios cerrados, la palabra ausente, el espíritu asesinado. La fecha se escribía con dolor y rabia en la memoria de un mundo que se negaba a admitir la atrocidad, el genocidio…

Así es: un día como hoy hizo explosión una tragedia que, preparada y perpetrada por el terrorismo internacional, vino a lastimar la conciencia de todo un pueblo, y aquí mi recordatorio anual. Pero no, por supuesto, yo no me presto a la feroz manipulación de los “medios” ni está mi mente colonizada como para entonar la endecha de las Torres Gemelas cuando tan a lo vivo me lastima aquello que se perpetró un 11 de septiembre de 1973 en uno de nuestros países de la patria continental de Bolívar, la anchurosa América Mestiza de José Martí. Yo aludo al palacio de La Moneda en llamas allá en Santiago de Chile, con Washington de victimario.

¿La víctima? Todo el pueblo chileno, con don Salvador Allende, su presidente constitucional. El magnicidio lo tramó en La Casa Blanca R. Nixon, la CIA como cerebro de la maniobra terrorista ¿El brazo ejecutor? Un Augusto Pinochet que antes de fallecer, viejo, achacoso, con fama pública de multi-asesino y corrompido hasta el tuétano de un alma en ruinas, con trémula vocecilla de vahído y desguanzo:

- Pido perdón si es que en aquel entonces cometí algún error…

(Tiempo después, un 11 de septiembre, G.W. Bush halló el pretexto perfecto para invadir Iraq, y aun se asombraba: “Yo no sé por qué nos odia todo el mundo. Estoy asombrado porque sé lo buenos que somos”. “No, señor Presidente, le refutó R.M. Bowman, ex director de la Guerra de las Galaxias. Ni somos buenos ni le dijo la verdad al pueblo estadunidense acerca de por qué somos blanco del terrorismo: ¿por qué representamos la democracia, la libertad y los derechos humanos en el mundo? ¡Mentiras! Porque nuestro gobierno ha hecho cosas odiosas”.)

Cosas odiosas. Santiago de Chile. Al complot contra don Salvador Allende alude el cronista de la CIA: “R.M. Helms, entonces su director, se reunió con Nixon el 15 de septiembre de 1970. Nixon le ordenó directamente la operación encubierta en Chile. Tenía que evitarse que el marxista Salvador Allende llegara a La Moneda. ¿Cuántos habían visto a un presidente de los EEUU fuera de sí? Era un espectáculo. Y no había más solución que acatar la orden de Nixon, textual:

Hay una posibilidad entre 10, ¡pero he de salvar Chile. Tienes 10 millones de dólares y más, si es necesario, pero… ¡haz chillar la economía…!”

(2001. Clamaba G.W. Bush: “Estoy asombrado de que haya tanto malentendido, con lo bueno que es Estados Unidos”. “No, le replica Bowman. No lo es. ¿En cuántos países hemos derrocado a líderes electos popularmente y los hemos sustituido por dictadores militares títeres, anuentes a vender su propio pueblo a las corporaciones multinacionales de EU? Lo hicimos en Irán, donde depusimos a Mossadegh porque quería nacionalizar el petróleo; lo sustituimos por el Sha y entrenamos, armamos y pagamos su odiada guardia nacional, que esclavizó y brutalizó al pueblo iraní. Todo ello con el fin de proteger los intereses financieros de nuestras compañías petroleras. ¿Es sorprendente que haya tantas personas en Irán que nos odien?” Bush: “Yo sólo quiero que los norteamericanos abracen a sus hijos”. Hoy, Iraq.)

Santiago de Chile. “Existían muchos intereses económicos. Los tenebrosos propósitos de la ITT: en 1970 sugirió al gobierno de EU que interviniera en los asuntos políticos de Chile. Proponía el estrangulamiento económico, el sabotaje diplomático, crear el pánico en la población, el desorden social, para que al ser sobrepasado el gobierno, los militares quebraran el régimen democrático e impusieran la dictadura”.

(”¿Por qué nos odian?, se quejaba Bush, protector de halcones israelíes. Ante la masacre de Jenín, en Cisjordania, lo denunció un horrorizado Terje Roed-Larsen, de la ONU: El campo de refugiados fue escenario de horrores que superan el entendimiento humano. Vi gente en total conmoción, sus casas destruidas. Vi familias tratando de desenterrar gente bajo montañas de piedras. Desde hace mucho no se había visto una destrucción masiva de esta dimensión. Es un infierno. Moralmente es repugnante”. Después, ¿hablar del “Holocausto”? En fin.

¿Torres Gemelas? Hoy, don Salvador Allende. (A su memoria.)

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