El Valedor

Por Tomás Mojarro

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Del éxodo y el llanto

Posted by Tomás Mojarro on 15th Junio 2009

Estoy mirando en las fotos niños de ayer que hoy son ancianos y ancianos que hoy son sombra, polvo y un persistente recuerdo. Telón de fondo, la imagen imponente del navio Sinaia, que en mayo de 1939 nos trajo a la flor y el espejo de una España que tras la masacre de la República se moría de la otra mitad, como dijo el poeta. Semejante arribazón de trasterrados iba a insuflar una bocanada de oxígeno fresco en las artes y las ciencias, las letras y la industria editorial, y los centros de estudio, la arquitectura, la filosofía y la política, las finanzas, los medios de producción, el teatro y el cine, en fin. Iba a ser Lázaro Cárdenas, quién si no él, el varón de virtudes que tendería a los vencidos sus dos manos para entregarles una patria nueva, que todos ellos supieron honrar. Con nostalgia, por supuesto, con tristuras por la patria ausente. Hoy, a 70 años de la desgajadura y el encuentro con México, aquí memoria y lastimaduras de los poetas del exilio que vivían arrimados a la advocación del desastre, los adioses, el Sinaia, la diáspora. España, la otra mitad…

Hoy, dije a ustedes alguna vez, los poetas de entonces están ya muertos, o casi; muertos lejos de Madrid, Calanda, Villajoyosa, Montiel pero su voz poética está acá con nosotros y acá se nos queda, y de ella espigo estos fragmentos en los que, frente a un retorno por entonces imposible -que aún existía aquel generalísimo de todas las Españas, por la gracia de Dios-, vislumbraban su querencia, “la del éxodo y el llanto”. Hoy, a tantísimos años, esa su voz. Océanos, tierra y derrotas de por medio, Juan Domenchina y la ausente presencia de Madrid:

“Cómo me dueles y me sobresaltas -en ti y sin ti, por próximo y distante - Cómo te llevo a mal traer, errante; - cómo mis brincos de ternura saltas. - Cómo te siento aquí, porque me faltas - y allí en tu estar y ser, tierra constante - donde se llenan de tu luz radiante - los días, y las noches son tan altas…”

Los campos de Castilla, en la añoranza de Ernestina de Champorcin “Te sueño con palmeras y un cielo sin celajes - cristal inconmovible de insólita pureza - espejo sin ternura donde apenas tropieza - algún árbol reacio a todo vasallaje…”

Gente, hontanar y raíz que atrás se quedaron a la hora de la desbandada, Ra­fael Alberti: “¿Quiénes sin voz de lejos me llamáis - con tan despavorido pensamiento - y en aterrado y silencioso viento - sin sonido mi nombre pronunciáis…?”

Luis Cernuda, poeta dulce y blasfemo, amante de su distante España hasta los entresijos del tuétano: “¡Si nunca más pudieran estos ojos - enamorados, reflejar tu imagen! - ¡Si nunca más pudiera por tus bosques - el alma en paz caída en tu regazo - soñar el mundo aquel que yo pensaba - cuando la triste juventud lo quiso! - Tú nada más, fuerte torre en ruinas - puedes poblar mi soledad humana.”

Pedro Garfias, poeta mayor, un mísero destino y una vida arrastrada: “Tus cordilleras de salvaje aliento - tus íntimas, profundas, dulces vegas - tus eriales rutilantes al sol - como medallas de tu pecho presas -     y tus altos castillos apoyando - en tu bastión, una vejez sincera - mirando eternamente, España mía, - sobre la palma de mi mano abierta…”

Y así también Agustí Bartra, Nuria Parés, Luis Rius, Emilio Prados, Moreno Villa, tantos. Hoy, a 70 años de la humanista decisión de Cárdenas, cuánto se antoja decir sin ruido, de pensamiento adentro, esto de un León Felipe que murió sin volver a lo que vivió añorando aquí, en esta ciudad capital, allá por los rumbos del Centro Histórico:

“Cuando me pongo a pensar en este viaje largo que voy a emprender dentro de poco - me lleno de una ruidosa alegría (…)

- Cuando el hombre se muere - al cerrar ya su ciclo - vuelve siempre a la misma cámara oscura de donde salió - y al mismo agujero de la tierra - al mismo alvéolo de la carne que le dio a luz… - Una sepultura no es más que una matriz - y la tierra, la más grande de todas…

A tus entrañas vuelvo, Madre - Sin pasaporte voy - Sin documentos ni fronteras (…) - Que ya no quiero más que esto: - volver a las primeras sombras de mi cueva materna - y al pozo profundo de mi huerto familiar - cuyas aguas antiguas tienen las mismas sustancias que mi sangre…”

El español del éxodo y el llanto; el poeta de la memoria y la nostalgia de la raíz. Domenchina, Garfias, Cernuda León Felipe. Tantos. Hoy, aquí, a 70 años, su voz y su nostalgia. (A su memoria.)

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