El Valedor

Por Tomás Mojarro

Archive for Julio, 2008

¿Santa simplicidad…?

Posted by Tomás Mojarro on 31st Julio 2008

Y es que en asuntos de cultura política aún somos niños de teta. El nuestro, en ese renglón, es un estado larvario. Ahora me explico el poder de manipulación que sobre nosotros ejercen los medios de condicionamiento de masas. Porque, lamentable, por la ausencia del maestro G.R., que nos diera a valer, eso que intentaba ser acto de triunfo y celebración se convirtió en derrota y motivo de duelo. Patético.Ello ocurrió la noche de algún día de estos. Aborregados en el estacionamiento de Cádiz, los inquilinos del edificio y diversos vecinos de la colonia nos preparábamos para la celebración, pero ya a punto del jolgorio un fementido rollo de papeles sacados de entre piel y sostén de un pecho de una hembra garrida masacró el ánimo festivo y oscureció los propósitos de festejo. Con ánimo contristado los observé: aniquilados y en silencio, aquellas ánimas en pena, de una en una, de dos en dos o en grupillos, iban abandonando el estacionamiento y, gacha la testa, unos tomaban las escaleras y enfilaban rumbo a su depto. y otros se desparramaban por las callejas del arrabal. Me dolí:

“Pobres las masas de mi país. Las violentan y agreden una y otra vez, sin que ellas regresen los golpes. Cuándo se llegará el día en que las masas sociales descubran la inutilidad de las muchedumbres y la eficacia de la verdadera organización celular autogestionaria”. En fin.

Desde media tarde, en el estacionamiento se había estado cocinando una cena a la medida del júbilo y la celebración, gastos por cuenta del vecindario: el joven juguero, por ejemplo, llevó los refrescos, y el Síquiri las de a litro, y las garnachas y chalupitas doña Tintorera; la gelatina artística y todo lo de picar quedó a cargo de la Jana Chantal, travestí (el Tano de día, vulcanizador de repelos de llantas que Texas nos arroja por media cara), y así La Lichona (esos sus blancos pantalones, tres tallas más estrechos de lo que piden, suplican, a gritos exigen sus curvas), y así todo el vecindario. Desde medía mañana la tía Conchis:

- Lo esperamos a la noche, bigotonzón. Ya le tengo por ahí un negro, pero que bien caliente.

(Ay, Dios). De grano, sí, de Coatepec Y que “cuídao y nos vaya a desairar, áí se lo haiga”.

Y cómo, a vecinos de tan buena voluntad, por más que el bocado se me iba a atragantar, que el festejo significaba los ahorros de todos, incluyendo los míos. Yo, aquella corazonada…

En fin, que así se pasó la tarde, sápida de aromas: ollas, jarras y cazuelas. Ya anochecía cuando me entreveré a la bullanga. “Pásele, bigotón (la tía Conchis), a celebrar el triunfo de la consulta ciudadana, que es decir de la democracia A celebrarla con birria, que una birria de democracia como la mexicana bien vale una birria de chivo”. Una democracia que esa noche hermanaba a la tía Conchis, militante de Izquierda Unida”, con La Macarena, chucha cuerera fanática de los Chuchos de “Nueva Izquierda” y a don Tintorero, ribetes de ateo, con el católico padre Pioquinto, mi confesor espiritual. Afuera llovizna, sirenas de patrullas, cachos de la sentida balada romántica: “Me sabe a pura miér…coles”. Edificio de Cádiz. Mixcoac.

- Al rato decimos salú con el chicharrón en la mano. Méndigo gobierno, ¿Pues no que no se podía? “Haiga sido como haiga sido”, la consulta ciudadana fue todo un éxito, y va a echar abajo las iniciativas siamesas del de Los Pinos y del mero mandón, Manlio Fabio. Por el respeto a la voluntad ciudadana, vecinos, (Y que salú. Yo, silencioso, con mi infusión de borraja. Y aquella punzada en el lado cordial. La corazonada, una vez más.) La Tía Conchis, conserje del edificio, oficiosa maestra de ceremonias:

- ¡La hora ha sonado! ¡Desvírguense las chelas y a brindar por la consulta ciudadana! ¡Salú! No lo hubiera dicho. Como salido del averno, vale decir de la nocturna tenebra, aquellos dos bultos que, bamboleándose, llegaban desde la calle y hacían su entrada triunfal. “¿Qué celebramos, bigotón?”

Me sobresalté: “¡Jerásimo, qué haces aquí, con semejante borrachera y válgame, con semejante compañía!” (¡Nada menos que La Maconda, o sea la señora viuda de Vélez, devota del muerto Maciel, el vivo Onésimo Cepeda y varios más de esa misma calaña, imagínense! (Vuelvo mañana.)

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Indígenas y sotanas

Posted by Tomás Mojarro on 30th Julio 2008

México, julio del 2008. La Arquidiócesis de México defendió los donativos con dinero público canalizados a la Iglesia. Subrayo que la pobreza se combatiría de manera más eficaz si los gobiernos incrementaran sus aportaciones al clero para la labor de ayuda social que éste realiza…Finaliza aquí la denuncia que luego de convivir durante años con los rarámuris me hizo llegar hace algún tiempo la investigadora italiana Alice Miqueli. Hoy, con el clero enquistado en la vida de los citados indígenas, reproduzco aquí la denuncia (nerviosa redacción de frases cortas y restallantes) de la investigadora. El final:

- El padre Gabo, más honesto, busca hacer algo por el pueblo. Quiere que la gente entre en la Casa del Padre. Pero llega el padre Pancho y hereda a Guadalupe de amante. Gabo corre a Guadalupe y regaña a Pancho. Al final “por una orden superior”, Gabo se va. Era el más honesto. Pancho se queda con la avioneta, que debiera estar al servicio del pueblo. Los niños se mueren de disentería; no aguantan el viaje a Guachochi, dos horas de carretera. Naño Moreno es testigo: la mujer se muere de parto. Hace mucha falta una avioneta para una urgencia. Pero la única urgencia es llegar rápido a Norogachi cargado de tequila y cerveza, y eventualmente con Guadalupe y otras mujeres…

Hace mucha falta ayudar al pueblo. Tiempo de sequía. Falta de maíz. Hambre, desnutrición Pero no se reparten los alimentos. La artesanía del Tarahumara, que es su alma, es comprada por la iglesia a dos pesos; se avorazan por venderla en otro lado diez veces más cara. El Tarahumara ya no tiene alma ni fe. Los escándalos de la iglesia no tienen fin. Sólo hay hambre. Es por hambre que el Tarahumara acepta bailar el Matachine La fiesta degenera porque, borrachos, los seminaristas empiezan a molestar. ¡Qué vergüenza! Hace falta ver al padre Ercolano Espino en su larga agonía Murió solo el 29 de julio de 1999. Por decir la misa, Pancho pidió doscientos pesos.

Tuxtla Gutiérrez. Julio 2008. Exigen dos mil pesos por fiestas religiosas.

 

Lupe Casa Blanca velando al hijo, muerto ahogado. Ni una palabra de caridad. No hay humanidad. El Tarahumara pierde la fe; el mestizo no quiere confesarse. La gente tiene hambre, cada día más. Con el dinero del pueblo, el padre Pancho hace construir una casa de siete cuartos a su amante Guadalupe. Tina grande siempre llena de agua. No falta nunca el alcohol ni el tesgüino…

Dice Pancho que fuera de la iglesia es un hombre. No es un hombre. Es un delincuente cuando se roba al pueblo, cuando se engaña, se roba a las mujeres, se permite crecer a la delincuencia con este ejemplo. El 22 de mayo del año pasado, por la noche, Saúl González, de veinte años, y un compañero, rompen la puerta y enmascarados violan los dos a Tirsa Orpinel, de catorce años. Tarahumara vive sola. Tirsa se defiende y reconoce a Saúl. Saúl quiere matarla, interviene el compañero. Al día siguiente ella denuncia. Marta Moreno, presidente, llama a la Judicial de Guachochi. Se llevan a Saúl El maestro Pedro, amante de la hermana de Saúl, paga y es puesto en libertad. La palabra de Tirsa no es suficiente. No hay testigos. No procede la acusación, dice la Judicial de Guachochi La familia de Saúl aterroriza al pueblo. El padre de Saúl, José Luis González, amenaza a la madre Balbina con quitarle la tierra. Vive robando a los Tarahumaras. Incapacidad, miedo, falta de valor… Don Francisco Moreno sigue su agonía solo, con la pierna mochada por la diabetes. No está al lado de su Tirsa, que no acabó la escuela y llena de vergüenza se fue a Chihuahua a trabajar por la amenaza de la familia de Saúl.

El pueblo no hace nada. Los hombres Tarahumaras, los padres que tienen muchachas como Tirsa, con un sueño, y el sueño se quiebra en una noche de mayo. ¡Vergüenza y más vergüenza! Un pueblo que no se rebela; un pueblo que aguanta los escándalos, el robo, la violación. Un pueblo que ha perdido su dignidad, el sentido de la hospitalidad y la esperanza…

Dos días antes de la visita (de algún político de alto nivel), al albergue de Basíhuare llegaron desconocidos a acicalar dormitorios; pintar adornos en las fachadas; plantar arbolitos en las jardineras; colgar artesanías en las paredes y adornar con cuadros las paredes desnudas y con toallas nuevas los estantes. Cinco días antes hasta computadoras habían instalado…

Alice Miqueli “¡Vergüenza y vergüenza de un pueblo que ha perdido su dignidad, que lo aguanta todo! Pero el inocente exige con los ojos abiertos que se le haga justicia ¡No mañana, hoy…!”

Corrupción de políticos y curas católicos. Es México (Este país.)

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El síndrome del vampiro

Posted by Tomás Mojarro on 28th Julio 2008

Lo afirmé en Radio UNAM y hoy lo reite­ro frente a la sañuda campaña con que al­gunos “medios” han descalificado la con­sulta popular sobre el energético. El vam­piro, mis valedores. Dotado de un poder infernal, es vulnerable en extremo porque su vida depende de unas victimas que se allega por el encanto de que está dotado, de ese hechizo y esa seducción con que las cautiva para con sangre ajena prolon­gar su alucinante existencia. Vayan uste­des tomando nota de tal obviedad

El síndrome del vampiro califica la simbiosis de la televisión y sus adictos. Más allá de su extraordinario poder como agente de civilización, educación y cultura, en manos mercantiles la TV ejerce un po­der equivalente para el sometimiento y la degradación de un televidente al que ma­nipula y enajena hasta un extremo tal que de homo sapiens lo reduce a simple homo videns, al que obliga a anular su capacidad de pensar y obedecer a lo pasivo, depen­diente y manso, cuanta ideologización le impone en provecho propio y perjuicio de una victima a la que así va domesticando día con día. Y qué aplastante poder y pro­tagonismo ha llegado a ejercer en nuestra vida pública hasta erigirse no en el cuarto poder que antaño se le atribuía a la pren­sa, sino en el poder total, que ejerce con los grandes capitales. Hoy, el duopolio es actor y testigo, juez y parte, guía, rector y factótum de la vida pública. Supremo ena­jenador ha terminado por doblegar no só­lo a las masas, sino a todo el aparato de gobierno del país. Tremendo, si, pero aquí su debilidad:

¿Que sería de Televisa y TV Azteca sin la mansedumbre, sin la domesticación, sin el acatamiento del televidente a su re­clamo? ¿Dónde quedaría su poder si, co­mo un paso inicial, los ciudadanos (ya no las masas) le aplicaran un boicot a las fir­mas comerciales que patrocinan los más perniciosos programas, comenzando por los noticieros? El monstruo necesita vivir, y vivir a su conveniencia. Para ello tie­ne, repito, y lo tiene de sobra, una formi­dable capacidad de hechizo y seducción, y la utiliza con una eficacia absoluta. Mí­renlo por ustedes mismos: ¿cuántas ho­ras de su tiempo vital, cuánto de sus neu­ronas van a endosarle al vampiro el día de hoy.

Pésima la influencia de esa que se ha erigido como la suprema “educadora” del país. Nefasta, y quien lo dude mire los da­ños que ha ocasionado en una comunidad a la que ha frenado en el avance del “pro­ceso civilizatorio”. ¿Y? ¿Echarle la culpa al vampiro porque precisa de unas vícti­mas dóciles, obsecuentes? El ente televi­sivo lleva a cabo su dañino propósito de una manera admirable, y es dueño de más poder cada día: político, financiero, social, económico, etc. ¿Entonces? ¿Culpa de él o de la turba de ratoncitos a los que condu­ce al abismo con su flauta de Hamelín? Ya escucho a don Juan, mi padre:

“No me almiro de Sainas Pliego, m’hijo; no me almiro de Azcárraga. Me al­miro de unas masas aturdidas que todavía les ponen el pescuezo para que se sirvan con la mordida grande…”.

Porque de todo lo bueno y lo malo que a escala política ocurre en el país de­pende, en primer y último término, de no­sotros, los 106 millones de televidentes que rechazamos la organización para el cambio. Lóbrego.

Mis valedores: cuándo la mente del paisanaje alcanzará a procesar esta verdad elemental y este hecho fehaciente, obvio, evidente: la televisión, como el Sistema de poder del que forma parte esencial, es el enemigo histórico de ese cambio histó­rico que con urgencia necesitamos y que nunca lo llevará a cabo ese mismo Siste­ma que, nidal de vampiros, no es el aliado de sus victimas, porque sus intereses no sólo no son los nuestros, sino que de los nuestros medra en su provecho. Pero fal­ta de cultura política: esa lógica elemen­tal no la alcanzamos a percibir, que en­tonces no daríamos el espectáculo de pa­sarnos la vida a reniegue y reniegue de lo “malos o ineptos” que son nuestros gober­nantes, ni nos pasaríamos la vida e-xi-gién-dole a todos esos vampiros que por cari­dad de Dios, ya no se alimenten de nuestra sangre; que por amor a nosotros se vuel­van vegetarianos.

Pero la errada voz de los guías oficio­sos, algunas de ellas de buena fe: “La sabi­duría de un pueblo reside en la capacidad de protestar”.

No, Elena. No en su capacidad de pro­testa, no del reniego. La sabiduría de un pueblo reside en su capacidad de efectuar el cambio, la transformación que lo bene­ficie. (En fin.)

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Señor del Gran silencio

Posted by Tomás Mojarro on 25th Julio 2008

Las aguas se encrespan y bajan turbias, mis valedores. Por los rumbos de Tlatelolco amenaza tormenta Desde hoy mismo, a la distancia de 40 años, se empiezan a oír los retumbos de aquel Dos de Octubre empapado en sangre inocente que derramó una pandilla de criminales. Los diarios comienzan a llenar páginas enteras con reflexiones y reportajes que se erizan de fotos dramáticas, con la Brigada Blanca masacrando estudiantes. Tlatelolco, 2 de octubre de 1968. Díaz Hordas, matancero por vocación y destino…

Pues sí, pero a ver, un momento: ¿Ese fue el único criminal? No, que detrás de él, susurrándole a la oreja, se ubica el Maquiavelo de San Jerónimo al que tantos señalan de autor intelectual: Echeverría, sí, ese silencioso intrigante, perito en tenebra, conjuras y conciliábulos, que una vez afianzado en Los Pinos sufrió (gozó) una asombrosa metamorfosis, que se nos tornó hiperkinético y se destapó ventoseando una verborreica diarrea de discursos, retórica muy al estilo del siglo XIX. Después, ya en calidad de acusado, iba a volver a su remachado silencio siempre que el fiscal respectivo lo llamaba a comparecer y le formulaba aquel centenar de preguntas. Echeverría, el mutismo como única defensa ante dos fechas trágicas: Dos de Octubre de 1968 y 10 de Junio de 1971 en la Rivera de San Cosme. Sí, el halconazo.

Hoy, rediviva en la memoria la visión de Tlatelolco, va aquí el siguiente recado al hombre de San Jerónimo. Señor, lo que físicamente quede de usted:

Que por aquel entonces fue gárrulo me consta, porque lo sufrí cuando se atragantaba de cámaras y micrófonos, en vivo y a todo color, de costra a costra y de frontera a frontera. Esta tarde de miércoles, ya al pardear, me veo precisado a constatar que como verborreico fue hablantín, y de ello los traigo en las manos, los pelos, que sus discursos, señor ex presidente, llenan, colman y chorrean capítulos, mamotretos en los que se destapaba usted con parrafadas retóricas, líricas, salivosas, inspiradas en los mejores declamadores del XIX, y aquí las pruebas en algunas de sus frases de cuando ya titular del Ejecutivo:

“¡Con la participación de los sectores más amplios de nuestra sociedad, con la práctica de una nueva moral revolucionaria, moral de congruencia entre las palabras y los hechos, entre los principios y la conducta, México continuará avanzando en el futuro, hacia una democracia social en que la justicia se realice en libertad…

Hemos visitado a (sic) muchos países en donde el pueblo no puede estar a esta distancia de sus gobernantes, como están ustedes, compatriotas, sino que se tienen que emplear carros blindados, con guardias cerradas, produciéndose así una gran distancia espiritual. Pensemos que si hacemos bien, si hacemos cada día mejor lo que sea nuestro quehacer, estaremos contribuyendo a ese bien colectivo, a que nuestra patria vaya hacia arriba y adelante, porque eso es lo que importa por sobre las circunstancias o los problemas o los sueños o las aspiraciones de cada quién…

Tanto en la teoría como en la práctica, no creemos en ninguna dictadura que no sea la dictadura fecunda del pueblo, con la libre expresión de sus ideas, de sus justos reclamos. Aquí, puertas abiertas a nuestros conciudadanos. Aquí nos enorgullecemos de que se nos hable sin haber concedido audiencia previa; de que cualquiera pueda dirigirnos la palabra o tocarnos, y no nos ofende que se nos hable con franqueza, con la mirada viendo la nuestra para acabar con un apretón de manos y con un abrazo…

A problemas de siglos, o problemas creados recientemente en México por el afán de justicia de muchos grupos, encontraremos soluciones estables y verdaderas sólo por el camino del Derecho

Hay quienes, sin fijarse en sí mismos, levantan el dedo acusador. Se necesita que haya una verdadera comprensión de nuestra realidad, con autenticidad intelectual, no con la falsedad que a veces envuelve el prestigio intelectual; y se requiere saber que cada quien es parte de un todo y que honestamente debemos incidir en él con nuestra aportación autocrítica para mejorarlo. Pero que el estilo que se ratifique sea la expresión del hombre mismo. (¿?) Nuestros logros siempre serán pequeños en contraste con nuestras ansias de plenitud y de justicia (…) Lejos de sentir que voy de salida considero mi deber hacer todo lo posible en todo momento, hasta el último día de mi Gobierno, para continuar en una obra de justicia transformadora..”

¿Y ahora en boca cerrada no entran víctimas? “¡Cualquier mexicano preferirla morir antes que pedir perdón y, en primer lugar, el Presidente de la República!” Y esto no es todo. (Vuelvo otro día)

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Díaz Hordas

Posted by Tomás Mojarro on 23rd Julio 2008

Ese tirano cuyo solo nombre ampolla la lengua…

Tomo de Shakespeare la cita con áni­mo de recordar a un cierto personaje que infirió en la conciencia social una herida que no cicatriza del todo, por más que de entonces a la fecha han transcurrido ya cuatro décadas. Tomo también, ahora que el carnicero cumple 29 años de muerto, la referencia de las exequias que en algún país de ficción celebró la ralea oficial ante los podridos despojos de cierto tirano tropical aborrecedor y aborrecido del que fue victima de su autoritarismo feroz; un paisanaje al que ametralló, masacró, encarceló e hizo desaparecer, y hasta el día de hoy. Tal figura tragicómica es El Gran Burundún-Burundá. Mis valedores:

Por que no muera la memoria histórica, traigo al recuerdo la muerte del Gran Burundú Burundá mexicano, un tal Díaz Hordas, ocurrida este mes hace 29 años y del que, según la ausencia de esquelas y recordatorios en la prensa escrita, ya se olvidaron, para bien del matancero poblano. (Detrás del tal, maquiavélico, Echeverría. Paisanos, tengan presente, no se les vaya a olvidar que ese par de asesinos perpetraron la masacre, que no genocidio, de Tlatelolco. Y sigo.)

El gran Burundún-Burundá ha muerto, se titula esta crónica representativa del esperpento latinoamericano, hija legítima de la tradición del libelo y la sátira elevados a las regiones del arte para delinear, barroca y exuberante, la figura sombría del autoritarismo tropical, como en su momento lo fue el Tirano Banderas de Valle Inclán. Asi, hasta el desmoronamiento final, canceroso como el propio Díaz Hordas, porque bien lo dice el cantar “Al que obra mal se le pudre el…” El suyo, vamos a decir.

El Gran Burundún-Burundá ha muerto (me refiero al de la ficción, que el de Puebla se frunció a mediados de julio de 1979). Por allá, en su país de ficción, se celebraron ampulosos funerales. Aquí algunos trozos del texto, que narra a lo donairoso la lobreguez a que lo redujo la muerte. Mientras hago la trascripción se alza en mi recuerdo, terca, la aborrecible estampa de Díaz Hordas y sus cómplices la noche de las Tres Culturas en Tlatelolco.

“Los Consejeros Supremos cerraron la puerta de biselados cristales. Que vengan sus guardias de asalto, sus tropas de choque, los jefes de su policía, las cuadrillas seleccionadas de sus caciques, su mercenario Estado Mayor (sus cuarteleros, digo yo. Crudelísimos.)

Que vengan sus amarillos sacerdotes (los Rivera y Onésimos), sus amoratados verdugos, sus verdes delatores, sus blancos sepultureros, y embocinen todos sus trompas hacia el cíelo. Hubo quienes, en la miseria y el despojo, se consolaron hablando palabras que mentaban la Justicia (¿algún parecido con nuestro país?) Hubo quienes, queriéndose gobernar mejor a sí mismos, deseando un mejor gobierno para todos, por amar tanto la vida quisieron impedir su corrupción proponiendo palabras de concierto…

Contra ellos creó sus zapadores, organizó sus territoriales, inventó sus ángeles invisibles, formó su policía, unificó a las iglesias y movilizó todas sus fuerzas. La represión del Gran Sacrificador no admite límites, (en mi mente, desde Díaz Hordas hasta el impuesto a la viva fuerza.) A los políticos les persuadió -tarea fácil- de que vale más una emisión de billetes que una emisión de principios. A los financieros no tuvo que manejarlos; lo manejaban ellos (los trasnacionales y Slim, pongamos por caso). Desfilaban ante el féretro los postillones de la pluma (esa cáfila de intelectuales orgánicos), los jaleadores de la oratoria. Hongos de las redacciones periodísticas (lo que el sobrecito encenaga a algunos de mis colegas), piojos de los pasillos del Congreso, donde se colocó el ataúd. (Uno de esos piojos, un Beltrones, manejado por Washington maneja al que maneja el país.)

Cómo expresar el rugido de espanto del pueblo al ver, al cerciorarse de que dentro del gran ataúd no estaba -muerto- El Gran Burundún-Burundá, sino que, irreverente, misteriosa, amenazadoramente, yacía allí un gran papagayo, un voluminoso papagayo, todo henchido, rehenchido y aforrado de papeles impresos, de gacetas, de periódicos, de diarios oficiales…

Entonces uno de los caballos de la carroza fúnebre se irguió sobre sus patas traseras, agitó alegremente sus crines, mostró los anchos dientes en una muda carcajada y echó a andar por la avenida más larga del mundo. No le cabía al caballo la risa en el cuerpo…”

Entre tanto las víctimas del matarife, las de Maquiavelo Echeverría, las de la injusticia. ¿Esas qué? (Es México.)

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Y ese desastre, ¿cuándo ocurrió?

Posted by Tomás Mojarro on 22nd Julio 2008

Calcúlenlo ustedes. Ubíquenlo. Yo sólo cuento con estos detalles:

Anochece en el bosque ¡Y de repente ahí, en el claro de la arboleda, carne para las fieras! Ahí, mírenla: despernancada sobre un yerbazal fragante de anís y tomillo, esa gacela desgarrada a zarpazos, carnes frescas para el león. Encuevadas en sus guaridas, esas dos fieras mutuamente se clavan unos ojillos donde rebrillan el hambre y la rabia, y de covacha a covacha se rugen y enseñan los premolares, dispuestos a disputarse la presa con uñas, babas y dientes. De este lado un tigre de Bengala; de este otro una pantera negra de renegrido corazón y sanguinarios impulsos, que olisquean la carne desgarrada sobre un yerbazal fragante de anís y tomillo. Tigre y pantera ya están a punto de abalanzarse sobre la gacela que yace sobre su lecho de yerbas de olor. Al todo o nada Todo para el vencedor.

Y ándenle, que a modo de calentamiento se inicia el duelo verbal:

- ¡Eja carne ej toda mía, y si quierej agandallártela, primero tendráj qué pasar sobre mi pelleja! ¡Garrr!

- ¡Por zobre la tuya y la de tus infectoz compinches! ¡Eza gazela ez toda mía, y de ella no eztoy dizpuesta a darle ni siquiera el mondongo a un méndigo gato pulgozo como tú, Peje de miércoles! ¡Roarrr!

- ¡Pulgoja tu ejtampa, pioja rejujitada, arribijta! ¿Puej qué eraj en Jelaya, jino una empleada en un changarrillo veterinario? ¿Qué diabloj eraj antes del chiripajo que te encumbró a lo inmerejido? ¡Yo nunca jederé mi gajela a una logrera, valida de la ocajión! ¿Quién erej tú, qué méritosj haj hecho para pretender merendarte el aguayón? ¿Cuál ej tu currículo? ¡No se te vaya a indigejtar tanta carne! ¡Sácate a la mierrr..!

- ¡Ezo erez, y no otra coza, corrupto mierdozo! ¡Mírate la cuera, infeliz! ¡Cada mancha ahumada con un bejaranazo, poca vergüenza la tuya! ¡Y ezto vamos arreglándolo como lo que zomos, carbón! ¡A tarazcadas!

- ¡Tan valentonaj ni me gujtan! ¿Puej a qué te atienej, panterita guanajua? ¿De dónde jaca lo lebrona una pobre infelij? ¿Qué rey te ampara?
Ahí, atejonados al cobijo de troncos y chaparrales, los habitantes del bosque, taquicardia y ojillos amedrentados, observan las desatadas furias del par de fieras que de un momento a otro se van a dar en toda la suya Oiganlas:

-.¡Zierra eze pútrido hozico (no uzté, valedor, sino el gato pulgozo) y que hablen colmilloz y premolares! ¡Déjateme venir, minino tabazqueño!
- ¡Minina fuijte, erej y seguiráj siéndolo! ¡Y apáraloj, que ai te van!

Y ándenle, que, desatadas furias, el tigre recula dos pasos, tres, toma impulso y, de repente..¡aquel salto del tigre sobre los lomos de la de renegrido pelaje! Ahí el estruendo, el estrépito, el chillar de los habitantes del bosque mientras fauces con fauces, garras con garras, acezantes resuellos, tigre y pantera, pantera y tigre jadean, se busca la muerte Horror…

En el claro del bosque tres bultos yacen, despernancados: la gacela el tigre manchado, la renegrida pantera negra, que de esa caída no se ha vuelto a levantar. Estriadas las panzas, se empapan con lloraderos de un rojiespeso licor que gotea hasta el lecho de yerbas. Se han destruido mutuamente. Y ahí, a un par de metros, qué dulces se ofrecen las carnes de la gacela Aún atemorizada por la lucha que acaba de presenciar, la luna se había escondido tras el burladero de unas nubes negras que presagian tormenta Un airecito frío riza y eriza las puntas del zacatal. A lo lejos aullidos. A lo lejos…

Unos metros atrás de la gacela osos, lobos y jaguares, coyotes todos de la misma loma, miran y remiran las carnes fragantes, y se lamen los belfos, y ya quieren avanzar, y ya reculan, y ya babean, y ya se miran unos a otros como dándose valor, como advertencia para el osado que intente madrugar a los demás. Y de repente se desfondan los cielos, explotan las nubes, sobre el bosque se arroja un diluvio que fuerza a los animales del bosque a encuevarse en sus refugios. Oscuridad completa en el bosque..

Por fin. Qué alivio. La lluvia escampó. De entre las nubes sale la luna y de sus covachas los animales. Hambrientos. Pues sí, pero, ¿y la gacela? ¿Qué fue de la carne? ¿Por qué el puro calcañar? ¿Y ese carroñero de dónde salió? ¡Hiena, jija de..! Ella sí, que al pegar la última tarascada enfila rumbo a los pinos. ¿Que qué?, aulla el tigre apenas vuelto en sí. “¡Eja gajela era mía!”, y que intenta el ataque a la hiena, pero hiena cuál, que se atejonó en los pinos, de donde llega su carcajada “Haiga sido como haiga sido…” Mis valedores: yo no lo siento por el que perdió, sino por el que salió ganando. (Lástima)

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Malditos

Posted by Tomás Mojarro on 21st Julio 2008

Que Suiza inicia el regreso a México de los 72 millones de dólares que incautó hace tiempo a Raúl Salinas. Este honrado mexicano, mis valedores, ¿cómo lograría acumular 72 millones? Y a propósito de los Salinas: tal es el destino trágico de los mediocres; caprichos y veleidades de una burriciega fortuna los trepan hasta los dineros y el poder para que ellos, huérfanos de valores y moral personal, se atraganten de poder temporal y dineros mal habidos en una carrera sin frenos, desaforada, marcada por el saqueo, el entreguismo, la traición, la sangre, la huida, el destierro, la cárcel, el desprestigio total. Arrasar y acumular a lo compulsivo, a lo rapaz y voraz, y en el camino matar y ser muerto de forma sádica. Miren a los Salinas

En ellos se advierte, mis valedores, la diferencia entre ser y tener, entre el que se mueve al imperativo de los valores y la moral personal, y ese que por falta de espíritu carece de un peso específico sobre su mundo, y entonces, buscando valer, se dedica a tener. Porque una de las necesidades fundamentales del humano es la trascendencia, y es así como los Salinas, los Fox, los Montiel y Sahagún y Bribiesca, habrán de trascender: a base del saqueo, la depredación, la sangre derramada, la abyecta impunidad. Miren ahí a la ralea de políticos de riqueza ilícita. Contemplen a las Gordillo) y los Madrazo enriqueciéndose a madrazos al erario público…

Trascender es un imperativo básico del humano, y se trasciende por una de estas dos vías: la humanista, por medio de la cual, en nuestro radio de acción y en beneficio de los demás, creamos una obra que recuerde nuestro paso por el mundo, y así no morir del todo, aspiración del humano. La otra forma de trascender es la del griego Eróstrato, pastor de ovejas que, incapaz de trascender por lo que construye, trasciende por su obra de destrucción: incendia el templo de Diana en Éfeso y con ello logró colarse al diccionario.

Así los Salinas, Carlos y el ex-presidiario, que desde adolescentes aseguraron su trascendencia al “fusilar” a Manuela, una niña del servicio doméstico, a la que asesinaron con sendas armas de fuego. Y de ahí en adelante: saqueo, traiciones, depredación, lujos, cárcel, muerte. Mírenlos…

Sergio, Raúl, Enrique, Adrianita; ellos, arrimados en un principio al viejo Raúl, su padre, funcionario público, y más tarde protegidos por ese Carlos que desde Los Pinos y con el modelo neoliberal nos vino a dar en toda la “mothernización”; ellos, repito, consiguieron acumular bienes económicos y males personales con una que imagino intolerable carga de infelicidad. Adrianita Enrique, Sergio, Raúl: todos ellos caídos en el desprestigio, y alguno caído en la cárcel y expulsado de ella, y uno más caído en la muerte violenta, y cremado antes de que se cumplieran los trámites que marca la ley para quienes así perdieron la vida. Así se procede en un estado de derecho como es el nuestro, según lo eructan Los Pinos a todas horas…

Hoy, que el regreso de los dineros acumulados por Raúl me traen a la mente esos destinos trágicos, abyección y esperpento, recuerdo esa galería de personajes paridos por la imaginación de los fabulistas. ¿Conocen ustedes la literatura del esperpento, donde se ubican personajes tragicómicos como los López (De Santa Anna y Portillo), los Díaz (Porfirio y Gustavo), y Echeverría, Salinas, Fox y este que medio México nombra “legítimo”?

En fin, que los mexicanos permitimos que Carlos Salinas, hermano de un Enrique hoy difunto y hasta ayer sospechoso de lavar dinero, nos gobernase el tanto de seis años. Con su proyecto transexenal nos sigue gobernando todavía. Con su influencia política gobierna a Manlio Fabio que gobierna al que el otro medio México moteja de “espurio”. Y aquí lo demencial: siendo un caso para el terapeuta, como sus hechos lo demuestran, en sus años de gobierno Salinas, según muchos analistas, fue mucho peor que su precedente, López Portillo, pero menos malo que Zedillo, el sucesor, asesino de ferrocarriles nacionales que con el Fobaproa-IPAB nos enjaretó una deuda de 100 mil millones de nuestra moneda nacional, o sea el dólar, que se calcula pagaremos en alrededor de 50 años. Pues sí, pero este Zedillo, repiten los estudiosos, fue menos malo que su sucesor, ese vendepatrias al que tantos mexicanos ya empiezan a echar de menos. ¿Culpa de tan sórdida galería de esperpénticos? No, por supuesto. Culpa de todos nosotros, que lo permitimos; que no queremos darnos un gobierno aliado, al que obedecer como sus mandantes. Por hoy, “buen” futuro avizora el país, con los mexicanos como sus garantes, válgame. (En fin.)

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Balada del rencoroso

Posted by Tomás Mojarro on 18th Julio 2008

Que una mañana de estas, frente a la inaudita violencia que se genera en el D.F, el Cosilion y yo caminábamos rumbo al taller donde recogería su Jetta, desvalijado por tercera vez. Me hubiese negado al acto suicida de salir a la calle, ¡una del D.F!, pero mi vecino andaba con un genio sulfuroso por la amenaza de su suegra de visitarlo en el periodo de vacaciones. Que aun el perraco aquel, pálido y tembloroso, los ojos afiebrados y el rabo entre las piernas, se nos había entreverado a las zancas. Ante esos belfos, baba sanguinolenta, pensé: aquejado de rabia, pero más de temor ante un D.F. atacado de rabia por la violencia inaudita de narcos, asaltantes, secuestradores y asesinos, cuánta maldad puede caber en el humano corazón. En eso vi que unos con aspecto de bonaerenses (no ches, sino de la colonia Buenos Aires) desmantelaban un Gran Marquís Al forzarle la cajuela, que se abrió de golpe:

¡Hijo’e la gran marquís, este salió con premio! Carnes frías.

Tres cadáveres encajuelados. Uno de mujer; otro de adolescente, y de anciano el tercero. Los desvalijadores se avalanzaron sobre las ropas, y tras urgido bolseo: “Nada, j manís, los de la Judicial se nos adelantaron”.

Lo que quedaba del Gran Marquís lo engancharon a una grúa de Tránsito. Yo, a lo instintivo, traté de apuntar las placas. Del cielo bajó la voz del Altísimo: “¡Avance, avance, no se exponga a una rafaguiada!”

“Soy yo, Padre Santo“, traté de decirle, pero cuál santo, cuál padre: el helicóptero de Mancera, el de Seguridad. “¿Qué, somos o nos parecemos, mono? ¡Indentifiquese!” (Sic.) Bajé la vista y lo apreté, el paso; las apreté, las de Santa Teresita (reliquias que llevaba en mi diestra); lo apreté del susto. Un apretadero. De súbito: “Patronatos”. Al unísono perraco rabioso y humanos aterrorizados levantamos los brazos. “¡No disparen, nosotros no vimos nada!”

- Cuál disparen Señores, ¿el camino al penal de El Altiplano?

Sí, que evadidos del de alta seguridad, y que ese fue su error, “¿Pues no cometimos la pentontada de dejar la seguridad de una celda para venir a tragar bilis en el D.F.? Y sin trabajo, sin un salario, para sustos no ganamos”.

Los vi alejarse mientras el helicóptero de Seguridad descendió tanto y tanto se aceleró que a turbulencias levantó la faldita de la morenaza que caminaba delante de mí. Le vi sus muslos, le vi sus chones, le vi sus / travestí, lástima, y llevaba cliente, el político este… ¿cómo se llama? En fin, luego les digo su nombre. Y al arroyo vehicular. Es que los adolescentes que junto al cajero automático a lo automático asaltaban a la anciana obstruían el paso. Suspiré. Y pensar que faltaban todavía siete cuadras, y que en la bocacalle estudiantes y granaderos intercambiaban goyas y lacrimógenos. El Cosilion, observándome: “Tan bigotón y lloriqueando”.

- Es el gas, que me entró a los ojos.

- Ya, no la haga de gas y camínele. Su pésimo humor. Y a seguir caminando en pleno D.F. De repente: “¿Ve usted lo que yo veo, bigotón? Pa su manga, si es el telégrafo”. No entendí la causa de su exaltación, pero allá vamos, y entramos, y mi vecino se pepenó un machote (a ver): sí, de telegrama Y que México DF.,a tantos más cuantos, y un texto que leí de ganchete, y mis valedores…

Yo no calculaba el alcance de la humana maldad. No me imaginaba las reservas de perversidad que se empozan en la mala sangre del corazón Creí que los peores serían asesinos y secuestradores, pero supe ahora, con sólo leer el mensaje, que de aquí en adelante debo disimular al máximo lo que me sobreexcita La Lichona, ella y sus mallones blancos tres tallas inferiores a lo que piden, suplican, exigen a gritos semejantes formas. Pero ella, tener de marido a ese modelo de maldad, uno así de vengativo. Mis valedores: vi al Cosilion tomar el telegrama y presentarlo en la ventanilla

- Extra-urgente, aunque me cueste un hovo de la cara (Hovo, dijo.)

Pagó, tomó el comprobante, y a la calle otra vez, donde tres del cartel de la Judicial que descargaban cocaína en esa escuela primaria se trenzaron a balazos con el cartel que encabeza uno de la Federal Preventiva. Y el asquillo de verme caminando junto al autor intelectual de un telegrama que, con su carácter de urgente, ya volaría, cohete Patriot, Scud, o de los recién estrenados de Irán, rumbo al blanco, fatalmente; un telegrama que así decía:

“Querida suegrita dos puntos, véngase de inmediato al Distrito Federal. No a visitamos, sino a quedarse a vivir con nosotros“, punto final y firma Ah, los violentos y rencorosos de la ciudad capital. Como mi vecino. (En fin.)

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De la calle

Posted by Tomás Mojarro on 17th Julio 2008

Media mañana Ahí, frente a mi zozobra, El Cosilión, del depto. 18: “Son unas cuadras, no sea zacatón. ¿O qué, ya no somos amigos?”
A prueba nuestra amistad. Yo, cauteloso: “¿No le convendría ir solo?”

Pero cómo negar un favor al vecino, ahora que anda con un genio intratable porque la suegra amenaza con venir a pasarse con él y familia las vacaciones escolares. Por otra parte, ¿negar un favor al marido de La Lichona, que sería negárselo ella, a sus blusas escotadas hasta por acá, miren (mejor no vean) y a sus pantalones blancos, tres tallas más estrechos de lo que piden, suplican, exigen sus (en fin). Hice a un lado los matutinos y me alcé del sillón. “Espere, pues, a que descargue una urgencia menor”.

Entré al lugar excusado, me encerré, puse el seguro a la puerta, caí de rodillas entre la taza y la nica y abrí los brazos, el rostro hacia el techo: “¡Señor de los santos cielos, tú que supiste proteger a Daniel en la jaula de los leones y en los fosos de fuego! A tu poder me atengo y mi vida la pongo en tus manos”. Como en un susurro creí percibir voz del Increado, que pedía más detalles. “Mi vida, señor, en peligro de muerte. ¿No ves que me veo obligado a salir a la calle? Y en pleno Distrito Federal, ¿te imaginas?

Pero la persigné, volví a la estancia y tomé mi chaleco de pelos. “Vamos, pues, y que sea lo que tenga que ser”. (Y aquella corazonada..)

Al bajar las escaleras rumbo a la calle, y como resultado de la lectura reciente de los matutinos, mi mente hervía que hagan de cuanta noticiero de López Dóriga, cuando tenía yo la mala costumbre de verlo en el cinescopio: secuestros, asaltos, cabezas sin cuerpo, cuerpos sin cabezas, y por todas partes regueros de cadáveres insepultos. “Esta semana, tan sólo en Chihuahua y Sinaloa, la cuota ascendió a tantos “rafagueados”. Me apoyé en el muro y abrí la puerta “Obre Dios”.

Ahí, frente a mí, la calle, y lo que es el miedo: al pisar la banqueta, El Cosilión se frenó y yo pegué el reculón. Luego, a lo instintivo, nos tomamos de la mano, pero el qué dirán. Nos soltamos y echamos a andar. Animas del purgatorio. Yo, aquella corazonada..

Y a enfrentar los peligros de la vía pública ¡caminando a pie firme, aunque con las zancas levemente temblorosas! A caminar el tanto de las diez cuadras que nos separaban del taller mecánico donde intentaban recomponer, estilo rompecabezas, el Jetta de El Cosilión, ahora desvalijado por tercera vez. A pie porque mi cucaracheta no circulaba ese día y El Cosilión había rechazado la sugerencia de La Lichona: “Si en lugar de arriesgarte a salir a la calle mejor dejaras perder tu Jetta…” Mis valedores…

La calle: río de viandantes que, más allá del pánico, vienen y van, con la prisa frenética de quien no tiene ni sabe a dónde ir. Media cuadra y nada había ocurrido todavía Yo, esta mano en la boba para protegerme. No un revolver, sino un rosario bendito. Luego la zurda a la otra bolsa donde llevaba mi relicario con las reliquias de Santa Teresita del Niño Jesús. La calle…

De repente: ¡tráca-ta-traca!, ráfagas de metralleta Me engarroté, apreté las de Santa Teresita, traté de atejonarme en el quicio de la puerta, brinqué. A la estampida de transeúntes alcancé a distinguir el portón del banco, desflorado a punta de cañón largo, que vomitaba a unos de uniforme en estampida, y detrás de ellos, fusca al frente y comandados por su guía moral (uno de la Federal Preventiva), media docena de asaltabancos que con las de alto poder les aventaban el recuerdo familiar: ¡Trácata-traca!” A la vuelta de la esquina se alejó el estrépito. El Cosilión:

- Déme acá su manita, lo ayudo a levantarse. Mire nomás que irse a tirar en el charco. ¿Ve? Ya comenzó a estornudar. Al rato la va a hacer de tos.

La esquina de mi barrio. En el puesto de periódicos: “Sinaloa: sicarios asesinan a 8, incluidas 3 menores”. “El ejército detiene a siete pistoleros en Culiacán “En Chihuahua amenazan al gobernador José Reyes. Ayer amaneció una manta en la casa de su madre: O pones orden o matamos a tu familia“. Y las fotos, qué fotos: a todo color, a todo dolor, a toda sangre. Yo, qué curioso, la ropa empapada y la boca reseca

- ¿Y si mejor nos regresamos? Hasta podríamos llevarnos a este pobre perraco, mire. Es un perro del mal y anda bien espantado.

Pálido, tembloroso, ojillos afiebrados y el rabo entre las piernas, se nos había entreverado a las zancas. Me dio una pena..(Sigo mañana)

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El resto es silencio

Posted by dr.leal70 on 16th Julio 2008

Dime lo qué lees y te diré quién eres, o más contundente: dime si acostumbras a leer o perteneces al rango de quienes se leen medio libro al año, y te diré si eres el espíritu idealista o sólo un mediocre del montón. Aquí te presento, en parodia vulgar, tres ejemplos de las obras que alimentan el espíritu: La tragedia de Macbeth (Shakespeare), el pasaje de La Biblia donde Juan el Bautista termina perdiendo la cabeza por una bailarina, y un homenaje a Oscar Wilde. Aquí, el parlamento con que arranca La tragedia de Macbeth:

Bruja 1a.- ¿Cuándo volveremos a encontramos las tres en el trueno, los relámpagos o la lluvia? / Bruja 2a.- Cuando finalice el estruendo, cuando la batalla esté ganada y perdida, / Bruja 3a.- Eso será antes de ponerse el sol. / Bruja 1a.- ¿En qué sitio? / Bruja 2a.- Sobre el páramo. / Bruja 3a.- Allí nos encontraremos con Macbeth. / Bruja 1a.- ¡Voy, Mari-Gris! (un gato de ese color, nombre de cierto espíritu maligno.) / Bruja 2a.- ¡Paddock me llama! (Nombre de otro espíritu con forma de sapo.) / Bruja 3a.- Lo hermoso es feo, y lo feo es hermoso. ¡Revoloteemos por entre la niebla y el aire impuro!

Enseguida la bruja Gordillo, Huipiles Paredes y la nuevaizquierdosa Ruth Zavaleta se enfilan al estacionamiento, rumbo a su entrevista con el primer brujo de México, Fabio Manlio Beltrones. (Fin.)

Un brujo más, el sátrapa Herodes, “había prendido a Juan, y le había aprisionado y puesto en la cárcel, por intrigas de la bruja Herodías, mujer de Felipe. Porque Juan le decía: No te es lícito tener a la mujer de tu hermano. Y quería matarle, mas temía al pueblo; porque le tenían como a profeta.

Mas celebrándose el día del nacimiento de Herodes, la hija de Herodías danzó en medio, y agradó a Herodes. Y prometió él con juramento de darle todo lo que le pidiese. Y ella, instruida primero de su madre, dijo: Dame aquí en un plato la cabeza de Juan el Bautista.

El rey se entristeció; mas por el juramento, y por los que estaban juntamente a la mesa, mandó que se le diese. El enviado degolló a Juan en la cárcel, y fue traída su cabeza en un plato, y dada a la muchacha; y ella la presentó a su madre”. La cual, Gordillo Herodías, ante la cabeza de Ebrard tornó el rostro y sonreía al que viene siendo el poder tras el trono de Herodes, una especie de sacerdote, santón y mesías, mezcla de Maquiavelo, Fouché y Richelieu, por mal nombre Beltrones. “Una danza más de mi hija Salomé, y te sirvo en bandeja de plata una cena real: Peje en su jugo”. “Te agradezco, mi querida, le replica Beltrones, pero antes quiero la cabeza del condenado Espino. Con todo y criadillas, tú que puedes pepenárselas”.

Por el camino de Wilde: A las puertas del edificio me topé con el hombre aquel que gesticulaba, lamentándose y lamentándosela a los del interior de la finca. Habiéndolo interrogado sobre la causa de su lloro rabioso, el iracundo, entre gimoteos y altisonancias, así se dolía:

- Ah, mi tragedia. Yo, como el propio Manlio Fabio, soy político mexicano, ¿sabes lo que eso quiere decir? Que al parejo del Tartufo Beltrones, mi carrera la he forjado a punta de vicios privados y virtudes públicas. Yo, arrogante como él, he halagado al poderoso y humillado al débil, y a ninguno le he aportado una brizna de satisfacción. Como Beltrones, yo me he enriquecido con los dineros públicos. Yo, como él, he sido en mi proceder abyecto, traicionero y fingidor. También del
establo del Tricolor, yo he dado mi apoyo al de Los Pinos, ese desvalido que paga bien. Con ello traicioné a mis correligionarios, y pienso traicionar a ese con el que los traicioné. Todo por las prebendas, las ganancias, el aroma del poder y la impunidad. Yo, como Richelieu, hago cosas buenas y cosas malas. Las cosas buenas las hago mal, pero las cosas malas las hago muy
bien.
Como Beltrones.

 

Como él, chantajeo a aquellos de quienes me finjo amigo y a los amigos que me creen enemigo, como a los enemigos que me consideran amigo, cuando yo no soy más amigo que de la transa que me reporte beneficios. Este ambiente político, tan corrompido, lo es en buena medida gracias a mí y a Beltrones, hermanos de leche, de sangre, de miércoles.

- Lógico, si los dos son políticos mexicanos. Pero no entiendo por qué él tan tranquilo y usted tan desgarrados lamentos. ¿Por qué así de abatido?

- Casi por nada. Siameses somos los dos, y los dos hampones, e impunes por la gracia de unos jueces alcahuetes. ¡Pero chintrola, a mí el CISEN no me espía! ¡A mi no me ha investigado!

“El resto es silencio”. (Hamlet)

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La vida es sueño…

Posted by dr.leal70 on 15th Julio 2008

O el sueño es vida, según. Y que las dichas de esta vida, por engañosas, hermanas son de las que vivimos durante el sueño, y que nuestras vidas están tramadas con el material de los sueños, y que… Yo los invito, mis valedores, a desintoxicarnos; por un momento a dejar de lado el sonido y la furia del rugido y la avidez de sangre. News Divine, Joel Ortega, Ebrard, la jauría. Que esta vez hablemos de amor. ¿O qué, ustedes nunca se han enamorado, nunca han padecido la ausencia de la única? ¿No han vivido, pues? Para quien sufre o ha padecido achaques de amor, abandono y soledad, y encuentre alivio en el dicharajo embustero de que mal de muchos es consuelo de quién sabe cuáles, hago a un lado furia fingida y lágrimas de glicerina (News Divine) para hablarles de amor y de sueños, de sueños y amor, hermanos de sangre casi siempre derramada desde las frágiles telas del corazón. Alma mía de mi ausente, y ojos que te vieron ir… No lloro, nomás me acuerdo.

Pero ella, la que se ausentó, en el día conmigo no puede, por más que su imagen me asalta a deshoras del día e intenta encuevarse en mi mente, tomarla a sangre y fuego, y hornazas y crispación, y tornarla un caos de recuerdos, añoranzas, vivencias, dolor. Siento sus manos golpeando los muros de mi cerebro, y azotar las ventanas y, al modo del ladrón poquitero, con ganzúa tratar de violar la cerradura de la puerta. Me endurezco entonces, remacho las quijadas y esto es concentrarme en mi lectura, mi redacción, los acordes de la cantata, el motete, la sinfonía. Aguanto a pie firme el temblorcillo de manos, la crispación, la sudoración, y retengo el aliento, endurezco las carnes del corazón Me encomiendo a Dios. Entre dientes. Aguanto tres, cuatro siglos de 60 segundos. ¡Triunfé! La siento, sombra doliente, alejarse en derrota. Y a seguir viviendo (¿esto es vivir?) mi soledad.

A la luz del día nulifico sus ataques, pero cómo neutralizar su estrategia cuando me sorprende, yo indefenso, en mis sueños. Es ahí donde arroja sobre mí todas sus fuerzas y me masacra con su apariencia engañosa porque sólo es un sueño (y los sueños, sueños son), y rindo la plaza a los fuegos fatuos que, embeleco dulcísimo, me hacen creer que ella está conmigo como cuando yo era yo feliz y no lo sabía Entonces rindo la plaza suelto la madeja del amor, el sufrimiento, la ternura, las lágrimas. Si ustedes me vieran en camisón bajar a la cocina y, hervoroso todavía, poner a hervir la de tila para los nervios…

Mi sueño de anoche, en riguroso blanco y negro: callejón en penumbra, corazón del barrio bajo. En el acto circense desangelado el oficiante -túnica, manta turbante- acaba de serruchar a la joven que, entera y espléndida sale de su ataúd y sonríe a invisibles espectadores. El mago la apresura para seguir camino. Yo, desesperado por no perder el rastro de la niña del ataúd que me sacara del de la soledad, le pregunto dónde volver a encontrarla “Donde haya una feria”, y va retirándose mientras yo, a lo desesperado, le pido sus señas telefónicas. “No tengo teléfono”, tensa ella anhelante. Yo “anote el mío”, y tomo un trozo de papel, ¡y el bolígrafo no tiene tinta! Lo restriego en el papel y logro asentar los primeros seis dígitos: 56-52-00… (Niña, regresa encontrémonos en la región de mis sueños, donde vivamos una vida de ilusión y embeleco. Regresa.) “Vámonos ya”, le urge el mago. Ella sonriéndome, aguarda el cacho de papel. ¿Cuáles son las dos últimas cifras, Dios? Y es tal mi esfuerzo de concentración, y es tal el ímpetu por que ese cordón umbilical no se rompa que abro los párpados, y ahí, en la penumbra, las fosforescentes pupilas, mirándome “¡Un 2 y un 6 los dígitos que faltaban!” En el claror del alba mi clamor fue escuchado por la cortina, el buró, el libro encima las pupilas del gato, que confundí con las que miré en mi sueño. Dolido, desalentado, le pasé una mano por el pelaje, como acariciar una que cuál su nombre seria. Si en sueños pudiera saberlo, para mí no todo estaría perdido…

El Centro de acopio de El Valedor. Lo alimentan ustedes. Sus donaciones van a dar con los rarámuris, los mazahuas, los tzotziles, etc. En mi sueño las mujeres del servicio social se llevaban libros, víveres, medicinas. Vi la oportunidad; traté de deshacerme de esto estorboso que aún me resta “Llévenselas, son mías, pocas me quedan, de algo pueden servir a algunos”. Se negaron. “Nomás estorban. Ya ni se usan”. Se alejaron. “Qué les costaba llevárselas. Estropeadas, pero casi enteras; desteñidas, pero aún con rastros del color original, rosa. Me quedé con mis ilusiones, lástima”. Boca amarga al despertar, y a seguir cargando unas ilusiones inútiles, éstas que me impiden sanar del duelo por la que se fue para nunca más. (Mi única.)

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¿Me estás oyendo, inútil?

Posted by Tomás Mojarro on 14th Julio 2008

Porque, mis valedores, es México, el México que rige Calderón, al que rige Beltrones, al que rige Washington. Porque, según jura el discurso oficial, el nuestro es el país de la ley, la justicia y el estado de derecho, que es decir el de Fox, Marta, los Bríbiesca. Salinas, Montiel. El México de los mexicanos…

Y hablando de mexicanos: alguna vez existió un campesino pobre (un pleonasmo) al que su pobreza lo empujó a salir de su tierra madre, que de madre se le había tornado madrastra, en busca de la sobrevivencia para sí y la familia. Pero este no tomó el camino de los campesinos pobres, que es el imperio de Bush y el guadalupano McCain. No, este decidió enfilar rumbo a la ciudad capital, y en eso estuvo lo malo, porque no calculó el riesgo de viajar en un país cuyos caminos estaban rigurosamente resguardados por ejército y policías. Y al campesino le ocurrió lo previsible.

Y lógico en un país celosamente resguardado por ejército y policías: todo fue salir al camino, sus burros cargados con diversos productos para venderlos en la ciudad, cuando al campesino le cayeron encima los salteadores, que lo atacaron con el único lujo que conocen los pobres en una de las 15 mayores economías del orbe: el lujo de la violencia Total, que los asaltantes le robaron su recua con todo y carga. Porque en el país que, según Calderón, pronto estará entre las cuatro mayores economías del mundo, la pobreza obliga a los lugareños, para mal vivir, a ser malvivientes. Lóbrego.

En fin. Mal repuesto de la golpiza, el campesino acudió a las instancias legales y levantó sucesivas denuncias que en un país de leyes nunca encontraron respuesta, para que el agraviado -de los salteadores primero, y de los jueces después- demandase justicia una y otra vez, y nada Y como resulta que tú, yo, nosotros estamos el riesgo de caer en manos de un bergante cualquiera, militar o civil, y de ¡e-xi-gir! justicia a lo inútil, por que nos miremos en este espejo, asiento aquí los requerimientos que el campesino agraviado lanzó contra una justicia tan bien cantada en el discurso oficial:

- Señor, dice el agraviado al responsable del gobierno: tú fuiste colocado en tu puesto para escuchar los pleitos, para juzgar entre las partes, para castigar al bandido, pero al contrario, das tu apoyo al ladrón (¿a Fax, por ejemplo?). Uno deposita en ti su confianza en tanto tú te has convertido en un prevaricador. Los altos funcionarios practican el mal. Los jueces roban Quien debe repartir justicia es un prevaricador. Quien debe combatir la pobreza es el que la provoca en toda la región Quien debe reprimir el mal, él mismo comete la iniquidad (¿Está oyendo, Calderón?)

El encargado de pesar los granos trapacea en su provecho. El que llena graneros para otro, hurta los bienes de éste Quien debe mostrar el camino de las leyes organiza el robo. ¿Quién, pues, pondrá obstáculos a la perversidad cuando el que debe rechazar la injusticia se permite a sí mismo desviaciones? Mira a los altos funcionarios: un buen soborno basta para corromper a los jueces. Se nutren de las mentiras, y las reproducen Ciego es su rostro frente a lo que ven, sordo a lo que escuchan Tú eres como una ciudad sin gobernador, como una compañía sin jefe o una manada que no tiene pastor. Eres como un barco sobre el cual no hay capitán (tome nota, Calderón). Tú eres como un policía que roba un gobernador que pilla una autoridad encargada de reprimir el latrocinio y que se ha convertido en modelo de ladrones.

Míralo con tus propios ojos (qué lo vas a mirar): quien debe impartir la justicia es un ladrón; quien debe resolver los problemas es quien los provoca; el juez viola la justicia, Ladrones, bandidos, saqueadores son los funcionarios que fueron nombrados para reprimir el mal; cómplices del criminal, eso son los altos funcionarios que fueron nombrados para castigar el crimea

Hasta aquí el campesino, pero yo apuesto, mis valedores, a que ustedes no acaban de reponerse de la sorpresa y el ataque de estupor. ¿Cómo? ¿Un asalto en México? ¿En nuestro México un campesino pobre? Pero no, no espantarse, no tacharme de embustero o de amarillista Tranquilícense, que el desdichado episodio que sufrió el campesino pobre, como lo somos todos, si exceptuamos a los ricos (si pobres y ricos hubiese en el país) no ocurrió en este México de estadistas, el principal de los cuales le augura una prosperidad inaudita dentro de algunos años, sino allá, en el remoto país de Egipto, y no en el Egipto actual, sino del de hace cuatro mil años.

Pues sí, ¿pero qué tal el susto que se llevaron? “¿Cómo? ¿En el México de Calderón, de Beltrones, de Washington?” Ya ya cálmense. A la rorro. (En fin.)

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