El Valedor

Por Tomás Mojarro

Archive for Marzo 3rd, 2008

Ropa sucia y demás porquerías

Posted by Tomás Mojarro on 3rd Marzo 2008

Aquella noche, en plena tertulia, de repente el escándalo. Las dos rijosas irrumpen por esa puerta, una arrastrando a la otra a remolque, y la otra intentando recular. La tía Conchis:

- ¡Resuelto el misterio, vecinos! ¡Aclarada la incógnita de toda la ropa que se nos venía perdiendo en los tendederos! ¡Macarena, vacía tu bolsón!

La aludida intentaba zafarse, huir, escapar por la puerta falsa; no del suicidio, sino la de servicio. “¡Anda, vacíalo!”

Habló La Maconda, patrona de La Macarena, y en su cara de asombro vi un asomo de fingimiento: “¿Qué sucede, con cuál bolsón te enredaste?”

- O sea, señora, nomás porque una es pobre tratan de humillarla; porque la ven mansita tratan de incriminarla y mancharle su honra, y tampoco.

- ¡Tu bolsón, Macarena, vacíalo aquí delante de todos!

- Tampoco, ¿verdá? Porque yo conozco mis derechos humanos y mis garantías ora sí que individuales…

- ¿Vacías el bolsón, o te lo vacío?

- Porque aquí donde me ven yo no voy a caer en provocaciones.

- ¡Vacíalo!

A querer o no. Y ándenle Ahí, en la alfombra, a la vista de todos, el desparramadero. “¡Mi brasier de fayuca! ¡Mi fondo, que andaba perdido!”

- ¡Mi peluca tordilla y mi beibidol! ¡Esas pantimedias como que las quiero reconocer! ¡Mi portaligas..!

Ahí, sobre la alfombra, las sedas grifas de alforzas, encajes, tira bordada en forma de corazón. Chonchines de este tamañito, y esos sostenes con unas copas que ni las del torneo Libertadores. “¡Viejo, los de fayuca que me compraste para mi cumpleaños! ¡Y estos colorados, que apenas iba a estrenar el pasado 31 de diciembre! ¡Y estos calados que calamos tú y yo en una noche de torrente pasional! Primera lavada y volaron del tendedero!”

Encendido, el Cosilión, marido de La Lichona: “¡Y usted, valedor, no sea libidinoso, voltéese para otro lado!”

Quedaban aquellos chonchines minusculitos, tanguita color magenta y plúmbago, cocolitos violeta y al frente moñito fiusha y un corazoncito traspasado, todo en diminutivito. Yo, de reojo mirábalos cuando el juguero:

- ¿Son suyos, seño Lichona? ¿De usted, señito Maconda?

Yo, el sofocón. Un color se me iba y un trago de saliva se me venía, cuando el Jerásimo: “Esos choninos, ¿no los conozco..?” (Trágame, tierra Alfombra y duela, más bien.)

La tía Conchis, acusadora: “¿Por qué escondías esta ropa en tu cuarto?”

Y fue ahí, mis valedores; ahí hablaron el cinismo y la desvergüenza. Yo, ¿por qué habré relacionado el episodio con uno que tiene bastante oreja que le pisen, uno valido del de Los Pinos, que lo acaba de embombillar en la Secretaria de Gobernación? Oí a la inculpada, ya a punto de arraigo:

- ¡Yo soy la principal interesada en que se aclare esta dolosa situación! Porque mis actos han sido legales, mi actuar ha sido siempre ético, y ustedes hablando de pantimedias…

(La Maconda, nomás oyendo.) La Lichona: “Según lo que encontramos en tu bolsón, Macarena, tú y tu familia se enriquecieron con PEMEX”

- ¡Las acusaciones son inmorales, dolosas y mezquinas!

- Esa ropa la habías robado de los tendederos, ¿sí o no?

- Toda es mía; la compré al emprender un negocio con PEMEX, que consolidé gracias al tesón y al esfuerzo personal y al de mi familia.

- Creemos, señora Maconda, que por bien de todo el edificio, su empleada ya no debe trabajar para usted. ¿Tú qué dices a esto, Macarena?

- ¡No perderé el tiempo debatiendo con mis detractores!

- La fortuna de tu familia salió de PEMEX. ¿Sí o no, Macarena? ¿Fue tráfico de influencias o no lo fue?

Y mis valedores, fue entonces: ahí se alzó La Maconda, neopanista y adoradora de uno chaparrito, jetoncito, al que todo le queda grande. “¡Momento!”, y al levantón, La Maconda da con tetera y florero en la alfombra: “¡Basta! ¡Exijo respeto para mi muchacha! ¡Orejona y todo yo la he venido arropando desde antes de que me corrieran de la Sec de Energía!”

Yo, con el sofocón de que identificaran al dueño del chonchín fiusha, me solté aplaudiendo así, miren: “¡Ya, y a otra cosa, mariposa!” (Qué pena)

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