El Valedor

Por Tomás Mojarro

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Si yo nunca muriera…

Posted by Tomás Mojarro on 1st Enero 2008

De pronto salimos del sueño - sólo venimos a soñar - no es cierto, no es cierto - que venimos a vivir sobre la tierra…

Con la desalentada filosofía del rey poeta Nezahualcóyotl y reflexiones en torno a la fugacidad de la vida que a su hora han formulado poetas de la hondura y reflexión de Omar Khayyam y Manrique, aquí entrego a todos ustedes, al igual que cada fin de año por estos días, este mi mensaje de fin de año que se nos torna tradición, y que procura interrumpirles el ritmo desalado de las fiestas de fin de año con la secreta esperanza de que a alguno sea de provecho con la meditación de lo efímero de tales festividades dentro de la fugacidad de una vida que en estampida se nos huye para nunca más. Y qué hacer. Clama, a su Hacedor, un abatido Job: Tus manos me hicieron y me formaron - Como a barro nos diste forma - ¿Y en polvo me has de volver..?

Mis valedores: el cuerpo todavía fatigado después de la celebración navideña, y estragado todavía el gaznate por el regusto a festividad y derroche imprudente, y una vez que a regocijos y litros de alegría embotellada se habrán deseado felicidades y parabienes para el año que está ahí nomás, acechando tras lomita, ¿me permiten, como cada año por estas fechas, que desentone del ánimo colectivo y los invite a frenarnos el tanto de un suspirillo para reflexionar sobre el tiempo que pasa para nunca volver? Por desdicha..

El hombre nacido de mujer - corto de días y hastiado de sinsabores- sale como una flor y es cortado - y huye como la sombra y no permanece…

Y qué hacer. Estamos a la vuelta de un año más, que a la hora de hacer las cuentas resulta que fue uno menos. Contradictoria la aritmética de nuestro humano existir. Andamos, dos o tres de nosotros, doblando ya el Cabo de Buena Esperanza. Será por eso que, al menos de forma inconsciente, alienta dentro de nosotros la sentencia inmortal de Manrique:

Nuestras vidas son los ríos - que van a dar a la mar - que es el morir…

¿Por qué este ánimo ceniciento, cuando en derredor todo es júbilos, azucarillos y aguardiente? Será, tal vez, porque a algunos se nos quiebra el ánimo, se nos resfría con la certidumbre de que vivimos en el cogollo de lo fugaz, lo finito, lo perecedero; de que existimos en la sustancia misma de nuestra muerte propia y particular, intransferible, a la que vivimos alimentando día a día con el tiempo de nuestro cotidiano existir. Clamor dolorido; Job: Mis días fueron más veloces que la lanzadera del tejedor y fenecieron sin esperanza…

Acá, en el otro polo del mundo, Nezahualcóyotl: ¿Acaso de veras se vive con raíz en la tierra? - No para siempre en la tierra - Sólo un poco aquí - Si yo nunca muriera -Si nunca desapareciera…

¿No es verdad que tal sentimiento de lo finito y lo transitorio; que semejante
sensación de errabundaje y romería viene a depositar al cabo del año y a principios del nuevo, en el ánima del ánima, un regustillo a ceniza, a terral, a aliento de despedida apenas postergada? Y qué hacer con esta tristura que se nos aposenta aquí, miren, en lo más blando de una corazonada, por cuestión de este otro año que se nos ha ido para nunca más. Y qué hacer. Mis valedores:

No por estropearles su gusto, sino porque los miro correr a lo desalado rumbo a ninguna parte, hoy invoco para ustedes la voz de algunos poetas filósofos que, de repente, perciben el aletazo del tiempo que pasa para nunca más retornar; voz que es sabiduría quintaesenciada que provoca serenidad y quebranto machihembrados, y un como regustillo a lejanía y desprendimiento del ánimo bien dispuesto en el final de un año más, que a fin de cuentas vino a ser uno menos. Tiempo que pasa, dije antes, y por tacharme de equivocado, de siglos atrás me llega la décima anónima:

Si quiero, por las estrellas - saber, tiempo, dónde estás - miro que con ellas vas - pero no vuelves con ellas - ¿En dónde imprimes tus huellas - que con tu rastro me doy? - Mas ay, qué engañado estoy - que giras, corres y vuelas - Tú eres, tiempo, el que te quedas - y yo soy el que me voy…

O aquel sabor de amargura en el villancico que entonamos apenas la medianoche del pasado lunes: La Nochebuena se viene - La Nochebuena se va - y nosotros nos iremos - y no volveremos más…

Dije antes a ustedes: es más tarde de lo que suponemos, y hoy digo, con el poeta: ‘Tanta vida, y jamás”. En fin. A vivir. Qué más. Qué mejor. (Vale.)

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