¡A liberar el Paseo de la Reforma!
Posted by Tomás Mojarro on 4th Agosto 2006
(A ti, María Rojo)
A liberarlo, sí, por supuesto, pero no por razones éticas, sino estratégicas, y aquí la razón: pugnan en el terreno político dos proyectos de gobierno levemente distintos entre sí, uno de ellos con el panista Felipe Calderón como cabeza visible y el otro con el perredista López Obrador. La meta: la presidencia del país. Cuál habrá de mudarse a Los Pinos, he ahí la incógnita, que corresponde despejar, en un plazo que por ley no debe rebasar el seis de septiembre, al Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación Mientras tanto, mis valedores…
A la espera de la susodicha resolución el panista guarda una taimada compostura; López Obrador, por contras, exhibe las armas con que cuenta para forzar al TRIFE a contar los votos de las casillas impugnadas. ¿En qué estriba su fuerza? En la estrategia de la marcha multitudinaria, rematada con el plantón. Esto para cualquier adversario es irrelevante, intrascendente más allá de lo extenso de las multitudes que una convocatoria logre congregar. Decenas de miles de participantes, millones tal vez; de todos modos marcha te llamas, una marcha “parada”, como mi maestro denomina huelgas y plantones que no incidan de inmediato en la organización ciudadana. Y lo enseña la historia, esa estrella polar: las causas más dignas y justas, las que suponen beneficio para las mayorías, nunca se han resuelto a favor cuando se apoyan en la marcha y el plantón, independientemente del tamaño de la muchedumbre Porque, mis valedores…
¿Cómo se resolvería la confrontación de 50 fortachones armados con palos de escoba contra 10 esmirriados con sendas AK-47 en las manos? Y eso es lo que opone López Obrador al nefasto proyecto de continuismo: palos de escoba. Los estrategas del Poder, peritos en sistemas de inteligencia y contrainsurgencia, a estas horas se aplican a calibrar y valorar la fuerza que le muestra el adversario, esa que, independientemente del alias que se le aplique, es la que genera, y no más, la marcha-plantón. El Poder, entonces, seguro de su fuerza y de la debilidad del adversario, le pierde todo respeto y temor, y no sólo aplica el antídoto, sino que aun se da el lujo de revelárselo:
“Ni te veo, ni te oigo, ni te siento, y hazle como quieras…” ‘Pero cómo no me vas a ver, oír y sentir, si te estoy trastornando la vida de toda una ciudad, la más importante del país” “¿A mí? ¿En qué me afecta como para que te reconozca el triunfo en las urnas? A quienes afectas con tu marcha-plantón no es a mí, sino a los habitantes de esta ciudad, muchos de ellos tus seguidores, y que quizá votaron por ti y ahora están en tu contra Yo, una vez sopesada la cantidad y calidad de tu ‘fuerza’, ni te veo, ni te etc. Tú sigue anclado en Reforma mientras Calderón se encamina a Los Pinos“.
¿La fuerza ciudadana, mis valedores, una fuerza que pudiese salvar al país del siniestro continuismo Salinas-Zedillo-Fox-Calderón? No.La fuerza reside en la organización de los comités de base; en la creación de redes ciudadanas, para de ahí avanzar a formas superiores de lucha pacifica.
Pero no comités y redes virtuales, sino redes de veras y de veras comités organizados por verdaderos expertos, no por esos hasta hoy encargados de integrar la estrategia fundamental, ellos que no son creadores, sino burócratas y administradores que sólo saben administrar lo ya creado. ¿El resultado? La marcha-plantón, esta vez en pleno Paseo de la Reforma…
Porque, mis valedores, con verdaderas redes ciudadanas, con redes de comités bien establecidas, entonces sí, la exigencia de 15 millones: recuento voto por voto, o enfrenten un día sin mexicanos. Piensen en sus efectos, a quién perjudicarían. Así de fácil. Así de casi imposible, porque las muchedumbres se mueven a la ley de la marcha-plantón, que es la ley del menor esfuerzo; porque las masas son capaces de irrumpir en un almacén transnacional y ponerse a hacer desfiguros con bolsas de Sabritas, pero no de aplicarle el boicot Un día sin mexicanos, día de brazos caídos, y a ver qué Poder lo resiste, que sus efectos le horadan la línea de flotación. Tal estrategia, mis valedores, ¿la conoce o la ignora López Obrador..?
La conozca o no, él es un caudillo, no un estratega que escuche a los asesores; no un personaje a quien el acto de humildad de todo revolucionario, (o no es revolucionario), lo lleve a la autocrítica, y llegue a la conclusión de que en materia de organización otros, y no los burócratas sino verdaderos especialistas, son los que deberán avocarse de inmediato a la tarea de la organización, y sobre la marcha y con el auxilio de la tecnología, comience a generar la verdadera fuerza popular, esa que reside no en la marcha-plantón (aprender de la historia), sino en el comité de base. Y el tiempo es un arma letal, y por ahora el tiempo corre a favor de Calderón, y quien maneja el factor tiempo…(Sigo después.)
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