¡Chiflido en tono mayor…!
Posted by Tomás Mojarro on 31st Enero 2006
Rechifla al PAN Edomex opaca el inicio de campaña de Felipe Calderón (Fecal). Fue una silbatina de más de cinco minutos (…) Silbatina y sillazos en el arranque de campaña de Roberto Madrazo, con una pelea donde volaron sillas y golpes. Al recibir a Madrazo, en Pachuca, la silbatina de los estudiantes fue general…
Y los vecinos de Cádiz no nos resignamos a permanecer a la orilla de la historia patria. Las silbatinas nos motivaron para aprender cuanto antes esa versión mexicana de la ciencia política. Un sondeo entre los vecinos, y desolador: nadie dominaba el arte de los chiflidos excepto don Tintoreto, lavado en seco y a todo vapor. Y lógico: comisionado de entrenador. Suspiró, la meneó, se la rascó: “A ver qué puedo hacer con ustedes. Con paciencia y salivita… Pero eso sí: entre los educandos tendrá que haber mucha disciplina. Doña Pragedis, por principio de cuentas: a los entrenamientos se me presenta con su dentadura completa, la de arriba y la de abajo, o mejor ni se presente”.
Es así como en este mi depto. de Cádiz nos congregamos docena y media del vecindario, que intentamos aprender el arte del chiflido. (¿Quién iba a imaginar lo ocurriría después? No un milagro, sino a un modo de fenómeno paranormal que logró el instinto psicológico de don Tintoreto.)
- Pero empecemos ya -se impacientaba el Síquiri-, o llegaré tarde al torneo. Estoy en muerte súbita. (Torneo de billar.)
- La teoría, primero. Hay de chiflidos a chiflidos. Uno es el del patrón y otro el del desempleado. De un modo chifla el microbusero, muy distinto al del chavo banda. Pero hoy un factor ha logrado unificar el lenguaje de la chiflada; 107 millones de mexicanos al unísono chiflamos en el mismo tono, con la misma cadencia, el mismo son y una intención idéntica.
Pensé, y el espeluzno me estremeció las zonas abajeñas: a las masas todo se nos va en chiflidos, que es decir en pura música de viento…
- Y a la práctica, vecinos. Para empezar, un chiflido discretón, de tono menor y modulación cadenciosa que…
- ¡Nada de menor! El Síquiri-. ¡El mayor de todos, con fiorituras y arpegios, acordes y contrapuntos, balseado y rebalseado! Quez-que menor…
- A practicar, pues. Aflójenlos, póngalos flojitos, relajados; labios, lengua, glotis, epiglotis, gañote. ¡Vamos a intentar el chiflido!
Ridículo. Uno la abría y aquél lo frunció, y el juguero lo paraba, el mostacho, y la tía Conchis los encogía, bizqueaba. Y aquella regazón de saliva. Pero como chiflar, estaba de la chiflada. “La lengua, miren: así, acanálenla. ¿Ven? Canalita, doña Pragedis. ¿Nunca puso la lengua de canalita?” La pobre. Y qué desfiguros de unos labios ancianos que se rizaban al esfuerzo.
- A tomar aire, y desde el diafragma… ¡rápido, el chiflido!
- Aquí la tía esta que practique para otro lado, ya me roció toda la oreja.
- No desesperarse. Procedan a meterse los dedos. Nomás los índices.
- ¿Que qué? (la Maconda) Oiga, no. Ni aunque fuera nomás el meñiquito. ¿Orgías acabando de cenar? Qué me los voy a meter. Y luego aquí el bigotonzón, que lo tengo enfrente y es tan chimolero. Ya me imagino: mañana los de METRO van a enterarse de mi temperamento, mis impulsos escondidos, mis interioridades y lo escandalosa que soy en el momento de…
Metérselos en la boca. Para adentro los índices. “¡Tíznale! -el Cosilión-. Ya me arañé la campanilla, me la antellevé con esta uña”. Escupió. En la chinela color de rosa de la Fela. Yo, dedos en las anginas, de ganchete miraba a la Lichona que, voz de maderas dulces, decía: “Por poco y canto la guácara”.
Al esfuerzo había parado todo: la trompita, el pecho, el trasero, la mía, (mi respiración). Y así una sesión se iba y otra se venía, pero en falso, porque los vecinos, como chiflar, pura madre que chiflábamos. Don Tintoreto puro sudor, cansancio, impaciencia. Anoche, de súbito, a media sesión lo vi detenerse, sentarse en posición de El pensador de Rodín, irse del mundo. Y de súbito, veo que se alza, pega una tarascada de aire, y a toda voz:
- ¡ Viva Vicente Fox! ¡Viva Marta Sahagún! ¡Milagro! ¡Todos pudimos chiflar! En la azotea, al fragor de la silbatina, se engrifaron los gatos. Ladraron todos los perros del vecindario. Un aullido a lo lejos. ¿Lobo, coyote? Don Tintoreto: “¡Viva la familia presidencial!” ¡Relámpago en seco, chicotazo, el chiflido! “¡Que los bolivianos se coman su gas! ¡Comes y te vas! ¡Que se dejen de cuentos y de historietas! ¡Mi familia no viola la ley! ¡Dejen de calumniar y ofrezcan disculpas!” ¡Chiflamos, y a la escandalera sirenas, judiciales, la AFI, la DEA. ¿Guerrilleros, nosotros? ¿Rebelión? En el ministerio público se aclaró todo. Nos liberaron. Pero al conocer la causa de nuestra rechifla y cuando ya nos retirábamos…
Qué bien chiflan juez, detenidos y policías. Alguno de ellos gritó: “¡Viva Manolo Bribiesca!”, y… (¡Fí-fi-fi-fiú-fiúu!)
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