El Valedor

Por Tomás Mojarro

¡Guau, woow!

Posted by Tomás Mojarro on Enero 2nd, 2009

Los perros de mi calle y su sinfonía de ladridos. Por aquello de la inseguridad cada casa de la calle que camino a pie cada día tiene detrás de la puerta, como acechando mi paso, una estridente escoleta canina que a mí, no acostumbrado a ladridos, me produce espeluznos, respingos y taquicardias. Si ustedes vinieran a oír la escandalera de los ladridos, cuyos tonos, registros y tesituras van desde sopranos hasta tenores y uno que otro barítono que temo, por los sustos que me pega, vaya a rajuelearme el corazón. (De la casa rosada brota un ladrido con pujiditos a lo Juan Gabriel. Un falderillo, posiblemente.) La calle de mi barrio. Detrás de esta puerta ese ladrido desganado, de compromiso, del perraco que cumple por obligación apenas olfatea mi presencia. Pero en la puerta siguiente, válgame, que así ladrarían el tigre y el león si madre Natura los hubiese castigado con tal achaque. Tan estridentes ladridos me han aventado a la media calle. Mejor cinco toques de claxon o el riesgo de la clínica de Urgencias que el repentino sofocón del ladrido.

Y ocurrió que la noche del pasado lunes alguno de los zaguanes tenía la puerta entreabierta Yo venía distraído (pensando en ti, mi única) cuando de repente ya traía prendidas a mi nalga derecha unas fauces de este tamaño, miren, que en cuestión de segundos me secaron la
boca y me empaparon la frente con un sudor gélido. Intenté gritar. Me salió ladrido. Asustado, el pitbull (¡era un pitbull!) soltó mi carnaza y se refugió tras la querencia del portón. Y qué hacer, si en este país de las mordidas nadie está a salvo. ¿Prevenirlas, sancionarlas? Leyes existen. ¿Y..?

En fin, que tembloriqueando llegué a la tertulia, y cómo me verían los vecinos, que al relatar el sofoco, el joven juguera: “Órale, bigotón, hasta el fondo, para que le recoja la bilis”. (Una cucharada de azúcar con el migajón de un bolillo.) “Es la tragedia de los pobres abstemios, porque un buen pegue de cacardí, y estaría usted como nuevo, y no me refiero a su edad. Ahora, por aquello de la rabia, a mantener su “parte” en observación”. (Su “parte”, dijo.)

- Me extraña -le extrañó a la tía Conchis-. ¿Por qué no corrió?

¿Y cómo correr? Yo calzo botines, y con ellos no se puede correrle a los perros, y aquí la paradoja mis botines son de orejeta Los de las mafias Mouriño, Salinas, Gordillo, Bribiesca, Sahagún, Fox y congéneres, en el remoto caso de que tuviesen que huir de los perros de la justicia (ladran, pero no muerden. Pregúntenle al calderonista Cordero que bala, de balar, en la Sec. de la Función Publica), qué facilidad de desplazamiento el de los tales, ya sea a Dublin o ya a San Cristóbal, aunque les apeste El Tamarindillo. Yo, simple ciudadano, a sufrir los ladridos, sean bajos, tenores o sopranos coloratura

Tuve que narrar la mordida detalle a detalle, y lógico: los comentarios fuéronse derrumbando hasta la enumeración de diversas razas de chuchos: San Bernardo, pastor alemán, tepexcuintles. Don Tintoreto se nos reveló como experto en el tema:

“Una carnada de chuchos conozco, de la perrera del antiguo “ni-ni-ni”, o sea el Partido Socialista de los Trabajadores“.

- Achis achis, ¿y ni-ni-ni por qué?

- Porque ni era partido, ni de los trabajadores, y mucho menos socialista, un PST que por su vocación de logrero nombrábamos “pesetero”, y que iba a terminar, escarabajo excrementoso, en el Partido Frente Cardenista de Renovación Nacional, perrera de mercachifles de la catadura de Aguilar Talamantes, tarifa y servicios al mejor postor. Fueron talamanteros los que en 1992, atejonados en su cubil del PFCRN, como chuchos de barrio:

- ¡Ya están dadas las condiciones para la reelección del Sr. Presidente Salinas de Gortari!

Esa fue la matriz que parió la carnada de chuchos de Nueva Izquierda que (su naturaleza) ya son la nueva izquierda de Calderón. Pero que el de Los Pinos se cuide, porque esos viven de morder, y sus mordidas inoculan la rabia

Eso, el lunes pasado. Mi nalga agredida como si nada ¿Rabia? Sólo cuando oigo mentar Nueva izquierda y demás chuchas cuereras, como ahora pronto esa que me faltaba nuevo vecino en la casa de enfrente, un falderillo “socialdemócrata”, con chillones ladridillos de Farinelli el castrado:

- ¡Que el IFE revise los fondos utilizados por López Obrador en su gira por el país, y determine si los recorridos y mítines que ha encabezado constituyen actos anticipados de campaña y de dónde salen los recursos monetarios, que seguramente son de procedencia ilícita.!

Cría Díaz Cuervos y te sacarán los… por ahí va la cosa (¡Guau!)

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Después de esto, ¿hablar del Holocausto?

Posted by Tomás Mojarro on Diciembre 29th, 2008

Asqueado todavía, horrorizado, en la mente los cientos de cadáveres desgarrados por la vesania del “pueblo de Dios”, me explico ahora las opiniones que de los palestinos han expresado los nazis genocidas de Oriente. La de Menahem Begin en sendos discursos (1982 y 1988):

- Los palestinos son bestias caminando sobre dos piernas (…) Podrían ser aplastados como animalejos (…) las cabezas aplastadas contra las paredes…

Macabro, mis valedores. Demencial. En el territorio mártir, los validos de Washington siguen desgarrando a sus víctimas. Mujeres y niños, entre sus preferencias. Se manifestaba en The Jerusalem Post (2001) Moshe Katsav, presidente de Israel:

- Existe una enorme distancia entre nosotros, los judíos, y nuestros enemigos. No sólo en habilidad, sino en moralidad, cultura, santidad de vida y conciencia Ellos son nuestros vecinos aquí, pero aunque parece una distancia de unos pocos metros, aquí existe gente que no pertenece a nuestro mundo, sino que en realidad pertenece a una galaxia diferente.

La opinión de Noam Chomsky, analista político norteamericano:

- En la prensa norteamericana y en la prensa mundial, se pinta a Israel como el símbolo de la decencia humana (New York Times), como un país con valores morales excepcionales. Es cierto que de vez en cuando se equivocan, dicen, pero fíjense en lo nobles que son. A ningún otro país que comete atrocidades se le trata así. Israel tiene una especie de carta blanca como ningún otro país en el mundo. Si los rusos hubieran tratado a los judíos como Israel trata a los palestinos, probablemente les habríamos atacado con bombas atómicas. A Israel se le permite que trate a los palestinos como no se le permite a nadie.

Israel atacó Líbano, mató mucha más gente que Hussein: mató como a unas 20 mil personas en ese ataque. Bombardeó con saña la capital frente a la televisión. Todavía ocupa el sur de Líbano. Como los Estados Unidos estaban a favor de la invasión, vetaron todas las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU que trataban de poner fin a la agresión. Israel sigue aferrado a los territorios ocupados. Se ha anexionado una gran parte. Los Estados Unidos (dicen estar contra las agresiones) les apoyan.

Golda Meier, en junio de 1969:

- ¿Los palestinos? No existe tal cosa como los palestinos. Ellos, los palestinos, nunca han existido. (Y una vez que se convenció, o de que fue convencida por medio de la violencia de que los palestinos sí existen:) Lo malo es que no hay nadie a quién regresárselos.

De Las guerras secretas de la CÍA: “El 7 de junio de 1981 se recibió aviso de que Israel, utilizando aviones de combate suministrados por los Estados Unidos, acababa de bombardear y destruir el reactor nuclear de Iraq (…) Israel disponía de acceso casi ilimitado a las fotografías por satélite obtenidas por los Estados Unidos y las había utilizado para preparar su ataque. Casey, director de la CÍA, había recibido la visita de Ariel Sharon, ex ministro de Defensa de Israel, un truculento ex general del bando de los halcones. Israel estaba facilitando apoyo paramilitar encubierto a la milicia cristiana más importante del Líbano, el derechista partido falangista dirigido por Gemayel, belicista implacable”.

El jefe Heilbrun del Comité para la Reelección Gral. de Shobno Lahat, en oct, 1983: “¡Tenemos que matar a todos los palestinos, a menos que ellos mismos se resignen a vivir aquí como lo que deben ser: esclavos!”

(Y no, los palestinos no se resignan. Y como no se resignan…) Frente a la masacre de Junín, en Cisjordania, lo expresó Terje Roed-Larsen, enviado especial de la ONU:

El campo de refugiados fue escenario de horrores que superan el entendimiento humano. Vi gente en total conmoción, cuyas casas hablan sido destruidas. Vi familias tratando de desenterrar gente bajo montañas de piedras, pedazo a pedazo. Desde hace mucho no se había visto una destrucción masiva de esta dimensión. Es un infierno. Moralmente es repugnante…

¿Cómo habría reaccionado, qué hubiese expresado de haber presenciado la carnicería de Gaza, perpetrada a lo impune gracias a Bush y demás perros de guerra encuevados en el Pentágono..?

Dios, Alá, ¿quién es la víctima? ¿Quién es el verdugo? ¿Quién? (Alá. Dios.)

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A su memoria…

Posted by Tomás Mojarro on Diciembre 22nd, 2008

Los hoy muertos y heridos se encontraban ayer aquí, a orillas de Acteal, rezando. Estaban rezando. Así, de rodillas, los balacearon por la espalda. Jesucristo Nuestro Señor, Principe de la Paz, el Verbo que vino a poner su morada entre nosotros, fue recibido • por algunos y rechazado por las tinieblas...

Hoy recuerdo a los mártires de Acteal. Como cada año desde que el crimen descomunal fue perpetrado, hoy traigo a la memoria colectiva aquel 22 de diciembre de 1997, cuando la comunidad chiapaneca quedó regada de cadáveres. Aquí, por que no se nos muera la memoria histórica, las vivas palabras de monseñor Samuel Ruiz, que así lo expresaba en su Carta pastoral de la Navidad de 1997:

“A todo el pueblo de Dios que peregrina en nuestra sufrida Diócesis de San Cristóbal de las Casas. A todos nuestros hermanos. Agentes de pastoral:

Por si acaso hubiéramos olvidado que la verdadera Navidad se da en un contexto trágico de opresión y dominio, de inseguridad y puertas cerradas, de persecución y exilio y aun de verdadero genocidio, los acontecimientos de estos días en Chenalhó nos lo vienen a recordar. La dicha más grande que el mundo ha conocido: el nacimiento en nuestra carne del Verbo de Dios, aconteció en el marco doloroso del mayor sufrimiento. La luz verdadera irrumpe en medio de la más densa niebla La Navidad de este año es para el pueblo cristiano de nuestra Diócesis, de nuestro estado y del país entero, una Navidad luctuosa No sólo es ignominioso el número comprobado, hasta el día de hoy, de muertos (45) y de heridos (25), muchos de ellos menores de edad, sino sobre todo el clima de violencia creciente e impune denunciado acuciosamente a las autoridades que lo podían haber frenado, con anterioridad a este indignante desenlace.

Son tantas las circunstancias agravantes que hacen de este doloroso acontecimiento un verdadero crimen contra la humanidad. El hecho de que el ataque fuera perpetrado por hombres adultos, armados, contra un grupo mayoritariamente de mujeres y niños desarmados. El hecho de que ese grupo victimado -“Las Abejas”- sea precisamente uno que ha hecho profesión pública y desde hace tiempo de su opción por los medios civiles, pacíficos y no violentos para la consecución de sus demandas, aun cuando viven y trabajan en el corazón de una zona donde la violencia se ha enseñoreado. El hecho de que las víctimas fueran un grupo de personas recientemente hostigadas hasta el punto de ser obligadas a abandonar sus casas y poblaciones, pues en Acteal se encontraban ya en calidad de desplazados.

El hecho de que el ataque se haya verificado precisamente en un momento en que estaban reunidos en la ermita del poblado, orando por la paz; y seguramente orando por quienes les perseguían. Conocemos que tal es la calidad cristiana de esos hermanos y hermanas. ¡Qué horrible paradoja que el mismo día en que pudieron ser abiertas algunas ermitas que habían estado cerradas y ocupadas por grupos armados de civiles y de policías, en este mismo día, en una ermita de la zona de Los altos hayan sido masacrados todos estos cristianos! En el espacio de lo sagrado irrumpe la violencia ¡Y para este pueblo tan hondamente religioso! Toda la tradición judeo-cristiana, secular, de que los templos son Santuario para los perseguidos, ha sido aquí pisoteada

El hecho de que hoy, a muy temprana hora las autoridades del estado hayan ordenado recoger todos los cadáveres, quizás con argumentos jurídicos o sanitarios funcionales (podrán hablar de la necesidad de practicar autopsia o evitar una peste), viene a convertirse en un agravio más, y no menor, a los sobrevivientes de la masacre. Ellos han venido hasta nosotros, suplicantes:

- ¡Queremos enterrar a nuestros muertos! ¡No dejen que se los lleven..!

Quien conoce el alma indígena sabe hasta qué punto es existencialmente indispensable hacer el duelo, llorar a los muertos. ¿Será que hasta ese consuelo les va a ser arrebatado? Sólo por la fe y con ayuda de la revelación podemos comprender que así es la Navidad verdadera Esta, y no la de la sociedad de consumo, es la que permite entender a fondo el misterio de la Encarnación. Aquí, en Chiapas, algo nuevo está naciendo, y no concluirá el parto sin estas dosis estrujantes de dolor…

Cuánto trabajo nos cuesta, en este momento, decir: ¡Feliz Navidad! A nuestra sensibilidad humana nos parece que el Niño nace muerto…”

Chiapas, Chenalhó, Las Abejas. Los masacrados de Acteal viven. Y reclaman.

(Óiganlos.)

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¡Aquí nadie impone presidentes!

Posted by Tomás Mojarro on Diciembre 17th, 2008

Managua, 15 de dic. La solidaridad internacional con el escritor Sergio Ramírez, censurado por el gobierno sandinista, ya supera una lista de 300.

Y que en Nicaragua sigue la turbulencia que provocaron las elecciones municipales de noviembre. Piedras, palos, morteros y plomos intentan sustituir el dictamen oficial del triunfo sandinista sobre los candidatos del Liberal Constitucionalista. y lo más grave en la acusación del presidente Ortega: “Nicaragua está desfinanciada por la decisión de EU y la Unión Europea de congelar la asistencia económica tras el ‘fraude’ en las urnas”. A ver:

¿Pues qué, sólo con las muletas de Washington puede avanzar un país al sur del Río Bravo? Porque fue así como hace décadas alguien echó al sandinismo del palacio de gobierno. Fue nada menos que una mujer, y enfermita de sus piernas, que a paso cojitranco llegó al palacio de gobierno. La plaza principal, enfiestada, hervorosa de dianas, entorchados y trajes de gala Aquella mañana de pólvora, sol y voleo de campanas, se cambiaba la presidencia del país. El corazón de Managua, un ascua viva..

Fue en los 80s. Al triunfo de la revolución sandinista sus comandantes conocían el nivel máximo de popularidad entre sus coterráneos y gobernaban el país; eran los esforzados hermanos Humberto y Daniel Ortega, el monje y poeta Ernesto Cardenal, el novelista y luchador civil Sergio Ramírez, y los todavía por aquel entonces íntegros e ínclitos Tomás Borge y el Comandante Cero. Fueron ellos, los sandinistas, quienes en nombre de la democracia y como por no dejar, al término del gobierno de Daniel Ortega llevaron a cabo el proceso de las urnas. Unas elecciones de mero trámite. El Frente Sandinista de Liberación Nacional seguirá gobernando, se aseguraba Lógico…

Pero no, y aquí lo increíble: la Nicaragua que fue de los vencedores de gringos, los héroes Estrada, Umanzor y Augusto César Sandino; la Nicaragua de León y el barrio heroico de Monimbó, que terminaron con la abyecta dictadura de los Somoza, ahora repudiaba al sandinismo y aplaudía a sus nuevas autoridades, quién lo creyera Ahí, bastón en la diestra y paso cojitranco, una modesta ama de casa, doña Violeta Barrios, viuda de Chamorro, por media plaza se desplazaba rumbo al estrado donde la aguardaba la banda presidencial. De no creerse: los nicas habían dado la espalda a los sandinistas y el voto a la viuda de un periodista asesinado por la dictadura somocista Cansino el andar y en el bastón la diestra, la señora ama de casa partía plaza entre los aplausos de los asistentes a la ceremonia Yo, los ojos clavados en el cinescopio, pregunté a mi amantísima “¿Lo entiendes tú? ¿Puedes entender cómo esa señora que trastabillea rumbo a la primera magistratura de Nicaragua desplazó a los luchadores de la revolución libertaria, los del Cerro del Común? Yo no alcanzo a entender”.

- No lo entiendes porque algunos detalles te pasan inadvertidos. Los bastones en los que se apoyó la señora, pongamos por caso.

- Uno le miro en la diestra, en el que aligera la pierna enfermita

- No es un solo bastón, son muchos. Mira ahí. ¿Qué ves, amor?

Los vi, los observé, y válgame, con razón: entre discretos aplausos a la nueva mandataria distinguí los bastones que la apoyaron en su camino rumbo al poder. En el palco de honor, sonriendo apenas, los representantes de Washington; a su lado, sonriendo beatíficamente, el cardenal Ovando y la alta jerarquía católica; más allá, los rostros circunspectos de los dirigentes de organismos empresariales de Estados Unidos. Más acá, los capitostes de radio, TV y prensa escrita; más allá, ojo avizor, los entorchados del uniforme militar. “¿Comprendes ahora, mi amor?”

Comprendí, y di gracias al cielo. Se las di (nomás las gracias) porque México no es Nicaragua, y hasta mi país no alcanza la mano rapaz e invasora de Washington, ni hay un gremio empresarial que desde periódicos, radio y TV enajene aturdidos a punta de lemas envenenados repetidos hasta la náusea (”¡un peligro para México!”), para que esas masas terminen dándole el voto a quienes las perjudican, ni la maldición de un clero católico que desde el púlpito y al engaño de la religión manipule a sus ovejas para imponerles una ultraderecha reaccionaria, yunquera y opusdeísta de cristeros tardíos. De pie, brazo en alto este dedo parado, miren, lancé a los cuatro vientos el vaticinio:

- Aquí, por fortuna, si llega a surgir un carismático líder de masas ¡nunca será derrotado por cualquier chaparrito, jetoncito, peloncito, de lentes!

Eso profeticé. Acertado que es uno. (México)

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Si Cristo bajara a la tierra…

Posted by Tomás Mojarro on Diciembre 16th, 2008

Que hace años visité a La Morena, les contaba ayer, para implorarle el milagro de que volviese a mí mi morena, que se me fue para nunca más, y alma mía de mi ausente, y ojos que te vieron ir, mi única Para llegar hasta el pie de la tilma cometí la temeridad de abrírmelo (el paso) en la selva virgen, o casi, del ambulantaje invasor. Sigo la crónica de mi aventura, desventura mía

Que implorando el milagro de salir con vida de la turbamulta de tenderetes miré el retablo del Divino Rostro, pero el ingenio de los imagineros: al alterar el ángulo de visión y gracias al artificio de unas placas de vidrio, el Divino se transformó en La Morena. Al persignármela, un meneo del cogote y ¡tíznale!, ya era el rostro bobalicón de Juan Pablo II, y qué hacer; ante el bobalicón y presunto beato dibujaba la cruz, cuando, al mover el pescuezo, válgame, me la estaba persignando frente a un anuncio de Sabritas, patrocinador de la gira papal. Por último, apareció la imagen ¿de San Juan Diego, del Niño Fidencio, del Ánima de Sayula? ¡No, la de Fox! Sentí el amago de vómito. Dios, tú, ausente en toda esta industria del fervor inducido…

Di tres pasos de lado, y empujado por la multitud de penitentes como yo me fui sobre el tenderete de medallas milagrosas y juanpablos de yeso, producto chino (concesión y licencias vendidas en dólares por Norberto Rivera, fayuquero político y cardenal). De repente, entre santitos de yeso: ¿y eso? ¡Una taponadura total de la vía dolorosa (los 46 centímetros libres entre la jungla de tenderetes), generada por los peregrinos que venían en sentido contrario! “De San Ciríndanguillo el de Enmedio . me informó el de la cotorina Alientos acedos, ácidos alientos. “Y cómo fregaos no, si llevamos desde oscura la mañana bien taponiados” “Ah, estreñimiento. ¿Cenarían tunas?” “Taponiados, que ni pa atrás ni pa’lante, aguantándonos la hambre y las ganitas de desfogar”, “¿vienen a dar gracias, a implorar algún milagro?” “Tovía en la mañana veníamos a rogarle a La Morenita que nos chispara al ratero que nos impuso el PRI. Más tarde le pedíamos el milagro de que esta cola avanzara Ora tan sólo y con toda el alma le suplicamos que nos ayude a salir de aquí”

Y ándenle, que de repente y a gritos, la ventrudita “¡Chencho, aquí el bigotón este se me trepó a la cola y me la está empuercando!”

- ¿Yo? ¿En semejante apretura?, protesté. ¿Podría yo propasarme sexualmente con usted? Ni cómo subir la mano y ponérsela allí.

- ¡La cola del vestido, no se haga que la Virgen le habla!

Blanco, nupcial. Uno de mis botines pisando la cola En la apretura logré alzar el pie el tanto de 4 cms. El Chencho “No se apene, mi señor, es que la Concha está muy sensible”. Y con razón. Según esto, se casaron ayer, y se les ocurrió pasar el estreno cerca de La Patraña. “En un hotelito de allá enfrente”. Y que llegaron al cuarto y se encerraron, y órale. “En los mameyazos, mi señor, ¿pues no sale del cuarto de baño el ambulantaje? Que viagra con sabor de grosella y que globitos de Taiwán, fayuca legítima, estos no se pandean con el trabajo sucio ni la obra negra”. Y que el acto fallido lo fueron a rematar bajando las escaleras, en un recodo de la planta baja Al salir, aquello todo inundado. ‘Tero si no es tiempo de lluvias”. “Inundado, pero de ambulantes, que ni cómo agarrar rumbo a la central camionera ¿No, Concha.?”

Y acá seguíamos la runfla de peregrinos, jadeos, tentaleos, pujidos y restregones. ¡Y aquella piel desnuda en mis manos! Suavecita, sin celulitis, pero lástima de machía “¡Y bien macho, sí señor! Mas que me vea en cueros no pensar mal”. Resultó ser un prófugo de los baños públicos. “Allá enfrente. Yo entré a mi regaderazo semanal, y ya en cueros iba al vapor, cuando en eso sésgale, el chisguete frío en pleno lomo y partes retrógradas. Un limpiaparabrisas, intentando lavármelas. Y que me le escapo, y me salgo, y me agarra esta apretura”. Y el panzón: “Yo peor, qué bochorno: ahí, en los sanitarios públicos, pagué, entré, y ya me disponía a hacerlo como Dios manda cuando ahí enfrente la chava “Productos higiénicos y otros rollos, patrón, pruébelos sin compromiso. Supositorios, oferta Qué bochorno”. Mis valedores:

Cuatro horas más tarde lograba yo arrodillarme a los pies de La Morena Y ocurrió que al mirarla ¿pues qué? ¿No se alegraba con mi presencia? ¿Por qué tal dolor en su rostro? Miré en derredor: a gritos y manotazos, una turba le exigía el milagrito: “¡Que saquen del tambo, patrona a nuestra patrona.!” -

La Barrios, por aquel entonces enchiquerada en la cárcel. (Y el milagro se produjo, pero no por la intercesión de La Virgen, sino de muchos billetes y un picapleitos.) En las pupilas de La Morena una furtiva lágrima (Dios.)

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Baile de máscaras

Posted by Tomás Mojarro on Diciembre 12th, 2008

Porque tal es la especie de los políticos. Esos nacieron políticos y políticos van a morir. Pueden encontrarse desactivados o desenchufados, pero sólo permanecen en hibernación. El día menos deseado van a amanecer en activo. En la banca, en desgracia, en ese exilio dorado que es una embajada o en el otro, riguroso, que son las Islas Fidji; aquí, como allá, son políticos. Siguen siendo políticos. Sin más.

Ciertas épocas suelen producir comaladas de políticos donde, garbanzo de a libra (esterlina), surge el estadista que, carismático y arropado por funcionarios eficientes, hace historia en los anales del país. Pues sí, pero lástima: hoy qué ralea de políticos, mis valedores, qué manada de políticos. Piensen, si no, en ese que haiga sido como haiga sido permanece, todavía hoy, encaramado en Los Pinos. Con gente de esa ralea, ¿es extraño que políticos defenestrados en años pasados vuelvan hoy al primer plano de la grilla politiquera? Vean ahí nomás, con pujos de candidato presidencial, a Santiago Creel, a un Manuel Espino yunquista y a un lunático Fox que (quién lo dijera) vuelve a la tenebra dentro del partido Decepción Nacional. Y entonces…

¿Entonces podría ser extraño que un René Bejarano, a su hora linchado por los medios de condicionamiento de masas, vuelva al rejuego político en su primitivo cubil del Sol Azteca? ¿Quién pudiese suponer que el llamado “Señor de las ligas” fuese rehabilitado? Para calibrar la dimensión del prodigio recuerden la dimensión de la escandalera que culminó en el linchamiento donde participaron todos los medios de manipulación. Ya enajenada, la masa vociferaba: ¡Línchenlo..!

Tal rugía una chusma enardecida, en la mano el hachón y el capirote de ku-klux-klán velando un rostro encrespado, sudorosa la cuera y las fauces babeantes. ¡A público juicio, a la picota con el corrupto corruptor corrompido! ¡Alumbren la noche las cruces en llamas! ¡Aullen los capirotes de la hermandad, enervados con el dulce espectáculo de la chamusquina y el suave aroma de la carne en llamas! ¡A corretear por la calle en tenebra al Mr. Hyde bandido que huye por las azoteas del poblado! ¡Rujan y ululen las masas de crispados puños! ¡No haya piedad para el engendro execrable! ¡Que del prevaricador no quede hueso sobre hueso! ¡Sea el corrupto empalado, masacrado, descuartizado, quemado vivo en pública hornaza para el regodeo de unas masas salidas de madre y sedientas de sangre! ¡Linchamiento hasta las últimas cenizas! ¡Siga el espectáculo de la carpa, del circo de tres pistas, que es decir la simulación, la gesticulación y la hipocresía, deleite de masas cándidas! ¡Que los sumos sacerdotes y los fariseos, voz engolada e iracundia de utilería, gargajéen el anatema contra el rostro del réprobo! ¡Rasgadas sus túnicas y sus cabezas capeadas de ceniza, condenen los justos jueces al condenando! ¡Al pescuezo una rueda de molino, y al mar! ¡Al patíbulo con el criminal, mal ejemplo de una comunidad que es espejo, flor y frutilla madura de beatas costumbres y hábitos santos, y en la comarca brille la justicia!

Y sí: ningún paliativo, atenuante ninguno merecía su crimen: haber escandalizado al quinteto de la muerte, quinteto de Carlos: Salinas, Ahumada, Gelista, Cabal Peniche y Romero Deschamps, todos Carlos legítimos. Justicia, claman Marta y su lunático, Lino Korrodi y Arturo Montiel! Justicia, los Ricardo Aldana, Espinosa, Isidoro el Divino y otros divinos como el divino Hank Rhon. Al patíbulo con el penitente impenitente! A tatemarlo con leña verde, blanca y roja. Con leña blanquiazul, a sancocharlo. El ritual de la hornaza contémplenlo todos en el benemérito duopolio, en vivo y a todo dolor, de costra a costra y de frontera a frontera. ¡A la hoguera!

Ah, indecorosa danza de máscaras, carnaval del histrionismo, el protagonismo, el fingimiento y la simulación. Ah, dramatización del escándalo en un repleto jacalón de San Lázaro, donde monigotes esponjados, engrandecidos (el ojo del duopolio les aumenta el tamaño), índice en alto y engolada voz mentaron leyes y reglamentos y clamaron justicia Qué estatura moral de los alcahuetes del fingimiento que así manipularon a unas masas encandiladas. ¡A la hoguera! Todo en nombre de la Justicia, Dios…

En fin, que esperpéntico Fénix, el linchado Bejarano resurge de sus cenizas, regresa y afianza el timón de una de las mafias del Sol Azteca Una, eso sí, mil veces menos bellaca que la chuchería talamantera de Nueva Izquierda

Mis valedores: revivió Bejarano. Como Creel, como Espino, como Fox el lunático. (¡Puagh!)

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De vocación carnicera

Posted by Tomás Mojarro on Diciembre 11th, 2008

La pena de muerte, mis valedores. De repente, una vez más, como bocanada de un aliento podrido vuelve a aflorar en nosotros el instinto de los matanceros. Los linchadores de vocación se desbocan una vez más, exigiendo sangre. Yo, por pudor, hubiese querido hurtarle el cuerpo a un asunto indigno del humanismo, de la cultura y del denominado proceso civilizatorio de la humanidad, porque digo a ustedes aquí y ahora lo que en su momento expresé en el programa Domingo 6, nuestro espacio comunitario de Radio UNAM:

¿Habrá a estas alturas de la historia del orbe pretensión más grotesca que la de nadar a contracorriente de la historia, del humanismo y de los países civilizados que la de resucitar la pena de muerte para convertirnos en asesinos “legales”? Qué difícil resulta hacer entender a los de vocación carnicera los impedimentos (morales, legales, humanistas) que proscriben esa práctica demencial de castigar un crimen con otro crimen, y a una brutalidad perpetrada por un sicópata o en el trance de un arranque pasional, responder con una brutalidad perpetrada a sangre fría y al amparo de unas leyes cavernícolas que descienden del código del rey Hammurabi en la Babilonia de hace 37 siglos. Macabro.

Que aun la Biblia prescribe la pena capital, alegan algunos. Y sí, aquí un párrafo: “Mas si hubiere muerte, entonces pagaras vida por vida, ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie, quemadura por quemadura, herida por herida, golpe por golpe. Si un buey acorneare hombre o mujer, y de resultes muriese, el buey sera apedreado, y no se comerá su carne”.

Más adelante señala de manera clara y categórica a quienes deberá aplicarse de inmediato la pena de muerte: al que mate, a la adúltera, al homosexual, a quien trabaje en sábado y a quien se querelle con sus padres. Entonces, si se trata de obedecer los ordenamientos de la Biblia, ¿no habrá por ahí alguno de estos cinco casos señalados por el denominado “libro sagrado”? ¿O qué? ¿Ahora salir nosotros con que pena de muerte en alguno de los casos que señala La Biblia, pero en otros no? A ver, un momento, que los filósofos moralistas y demás estudiosos lo afirman: quien acepta el todo acepta la parte. ¿Mató? Que lo maten. ¿Robó? Que lo roben. ¿Mutiló? Que lo mutilen. ¿Violó? Que lo violen. La barbarie, sin más. ¿Que se trata de un acto de estricta justicia, de justicia social, una acción que las masas reclaman? ¿Sí? ¿Y unas masas a las que el Sistema ha regateado estudios superiores tanto como la propia aplicación de la justicia, que mal conocen o, de plano, desconocen, están capacitadas para distinguir lo que es un clamor de justicia de lo que es una exigencia de venganza social, sin más..?

Pena de muerte Pero un momento, no dejarnos manipular.¿Habrá aquí y ahora cortina de humo más efectiva para desviar la atención de problemas que en verdad lastiman al paisanaje, como este de que la enorme mayoría de las familias mexicanas sobrevive con cuatro, seis salarios mínimos al día, y que su poder adquisitivo se deteriora día a día? Ah, pero para ocultar una realidad lacerante, la que se manifiesta a la hora de la comida, de la renta de la casa, de los gastos familiares, etc., el paisanaje ha sido manipulado con el miedo, el terror pánico que le administran los medios de condicionamiento de masas, donde se glorifica la nota roja con la exhibición del picadillo: cuerpos sin cabeza, cabezas sin cuerpo, droga, secuestros, policías delincuentes y delincuentes policías. El miedo, forma de manipulación con que Bush justificó la guerra en Iraq, que le dio tan buen resultado, es el recursos que aplica el Sistema de poder para desviar nuestra atención de una canasta básica ya inaccesible para el salario mínimo y el consiguiente empobrecimiento en la calidad de vida de las familias. Ahí, retumbantes: “¡Si no pueden renuncien!” “¡Lo que no tienen es madre!” Y México, las dos nalgas ante el cinescopio, qué atención va a aplicar en los aumentos a los productos básicos. Televisión. Exaltación de una nota roja que mantenga latente el temor social como formidable cortina de humo que nos oculte los reales problemas sociales. Y ahora, de súbito, espiga y fruta madura de la nota roja: ¡la pena de muerte!

Lo dicho, mis valedores: ya nos tomaron la medida Nos vencen por nuestra pura ignorancia, y como ironiza el cónsul de Gringo gallón, obra de teatro que tengo inédita y a disposición de grupos teatrales independientes: “Ah paisas, paisas, cuándo se nos quitará lo paisas…”

Gobernadores moreiras y priistas congéneres: ¡pena de muerte!

Seguiré con el tema. (Vale.)

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Prisionero mar

Posted by Tomás Mojarro on Diciembre 10th, 2008

La inmensidad esta vez; la potencia, la majestuosidad: la mar, hija magna de madre Natura y madre portentosa de civilizaciones. Mis valedores: ¿recuerdan ustedes cuando conocieron (su nombre de pila) el mar? Yo sí, y fue una vivencia imborrable. En algún recodo del monte me fue a dejar el transporte. Unos pasos, y entonces, de súbito, ahí nomás, a tiro de pupila, el mar. Todo el mar. Yo ahí, transfigurado, convertido en estatua de sal, de yodo, anonadado quedé ante el resollar de la inconmensurable presencia del leviatán en celo, del toro padre fecundador de trópicos. El mar.

Pues sí, pero al propio tiempo, mientras lo observaba, ¿por qué esa piedad, esa lástima soterrada? Y es que mirándolo sentí compasión por su refluir indefenso de enjaulado león, de Prometeo encadenado a su roca del Cáucaso. Cautivo en su prisión de sutiles muros (arenilla dorada) vi a un ciego Sansón reducido a la rueda de molino; a un Teseo temporalmente refundido en el Tártaro, al mítico Minotauro que a bramidos golpea los límites de su reducto en el laberinto o a su hermano el toro enceguecido ante el trapo que le planta por delante el ridículo figurín de colores que así, a la codicia de una henchida talega, arriesga la vida, este supremo don Ahí, tras los muros de deleznable arenilla, los topes del morueco, estertores de espumarajos, iban a fallecer entre picotazos de gaviotas y caracolas de mar. La playa.

Dos, tres, ¿cuántas inmensidades de tiempo transcurrieron antes de que yo volviese en mí? A lo impulsivo, sin definir el instinto que me empujaba al oscuro sentimiento de compasión, me vi de pronto abrazado de mar, abrasado de él (con zeta y con ese), y percibí en mí la fuerza telúrica que madre Natura me transmitía por mediación de aquel de sus elementos. El mar. (A lo lejos, palmeras. Serranías a lo lejos. Bandadas de aves marinas, alguna vela que se mece a los caprichos de unos vientos ahitos de esos afrodisíacos del trópico que son el yodo y la sal.) Y fue así, mis valedores: yo, hombre de tierra adentro, del altiplano, me sumergí en las ondas del mar tropical, del trópico marino. Y así pasé el tiempo (el tiempo me pasó a mí), y cohabité con las ondas del “nocturno mar amargo”, que dijo el poeta. Me acuerdo, a propósito:
De ahí en adelante, mientras estuve en el trópico, cada amanecer acudía a saber del insomne, del que entre mis sueños oí que de punta a punta la noche se pasó golpeteando los barrotes de una jaula implacable de suavísima arena, tanto que parecía haberse sutilizado para no herir en demasía a su ánima en pena, a su loco lunático que en la casa de salud se pega de cabezazos contra los muros acolchonados. Ahora, al estímulo del primer sol, su lomo cabrilleaba como recién estrenado, pero sin un instante interrumpir su clamor, fuerza heracleana en su agonía de carnes ardidas. De cara al cielo, el mar…

Cierta noche de luna salí a visitarlo. En la playa me puse a reflexionar sobre la oscura correspondencia de aquella luna con ese mar, de la influencia de Hécate, maga maligna, sobre un garañón que es puro temperamento, al que Selene la fría logra alterar a lo cíclico, y encabritar, y cabrear y encrespar, y ya que lo irritó irlo amansando, y calmarlo, y pacificarlo, hasta dejarlo rendido, sosegado, rebrilloso su lomo después de las fatigas del desbordado amor. Así, a lo suave, la luna se le posaba en el lomo y sacábale rebrillosos espeluznos de reposado metal. Duerme, duerme, mi amante amador. Mis valedores…

En: la potencia del mar, en su poderosa presencia reducida a los muros de arena de una playa sembrada de tufos, aromas y caracoles como restos de viejos naufragios, percibí entonces la alegoría del otro gigante, cautivo también tras sus muros de arena: sumisión, mansedumbre, inmovilidad, dependencia, rutina, incapacidad de autocrítica y de acción. Lóbrego.

El paisanaje, sí, fuerza descomunal y erizada de agravios por la acción de esa influencia lunar agresiva que es el Sistema. A su influjo, el ciudadano se encrespa en flujos y reflujos de descontento colectivo que, con todo, lo mantienen inerte porque la fuerza de sus mareas no trasciende el motín, la algarada, la guerrilla ineficaz y la aún más estéril megamarchita “¡Este puño sí se ve!” ¿De veras? ¿Cuánto tiempo vienes clamando ese conjuro mágico que esperas te haga el milagro? Si contamos no más desde mediados de los años 50 hasta hoy día, ¿en cuántos conjuros se te ha ido la fuerza por la boca?

Pues sí, pero de repente el gigante llega a su límite, y se alza y descarga toda su fuerza contra los muros de arena ¡Basta! ¡Y el tsunami! De su potencia el gigante parece no percatarse, y quienes así lo maltratan parecen no querer entender, pero cuidado, mucho cuidado. (En fin.)

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También las medias

Posted by Tomás Mojarro on Diciembre 9th, 2008

Las clases medias. A comer mariscos a Toluca me había invitado el amigo doctor, pero ante los precios del restaurante, a su casa, a la comida casera Y ahí sopesé la situación de las clases medias. Al llegar a la casa, un tufo como a pata de mula, pero agrio, rancio: por la puerta de la calle entraba aquella figura enteca, de chal y trapos oscuros. Tensa una voz cascada: “¿Y eso, Filiberto? No te esperaba tan pronto. Pues qué, ¿no ibas a derrochar la tarjeta de crédito gorreándole la tragazón a alguna panza aventurera?

- Mira, Chaguita, te presento aquí a nuestro huésped. Le prometí que iba a saborear tus artes culinarias. ¿No habrá modo, digo..?

La de los bifocales me la dejó tendida, mi diestra. Ceño fruncido: ‘Yo, por si acaso, en la misa de doce te encomendé a San Ramón Nonato, no vaya a ser que ese pseu-do-neo-comunistoide te contagie y vayas a terminar tú también en terrorista, una nunca sabe”. (Tragué saliva una vez más.)

- Vieja linda, no seas malita. Algo de picar, digo.

- Úchale, hasta con eso…

Rumbo a la cocina se arrastraron aquellos dos pies, planos como el peinado (tintura rabiosamente renegrida); planos como la parte delantera de la mujer, como su zona trasera. Por lo demás, todo naturalito, si exceptuamos la dentadura “A ver qué más se le ofrece al señor. Al fin que nadamos en la abundancia”. Agrio el gesto, ceño fruncido, regresó con aquello en las manos. “¿Algo más se le antoja al rey de la casa para agasajar advenedizos?” -ironizó.

La lata pregonaba: “Sardinas del Golfo“. Mi anfitrión: “Pura vida Cero colesterol. Píquele su cebollita ¿Limón, perejil? Con confianza, sin vergüenza. Y tú, vieja linda, ¿le darías aquí a nuestro invitado una probadita? De tu crema digo, para que se la unte en el…”

La vieja (linda) me dio una probadita de su crema Agria, rancia, desabrida Me la unté aquí, miren El doctor. “Chalco legítimo. Con masequitas del país. Para chupárselos. Mmm”. La espátula malmodienta, con aquello todavía fruncido, aprontó el cacharro de plástico. Mi anfitrión: “Huele a Actopan todavía ¿O es Atocpan? Mole mundialmente reconocido. Patrimonio de la humanidad. Y en el agasajo Milpa Alta no podía faltar. Nopalitos. ¿Le apetece el jocoque? Con confianza, no sea pene” (así lo oí).

Áspera, desapacible, la de formas lacias se alejó de nosotros. La vi subir de uno en uno los escalones rumbo a su habitación. Y fue entonces cuando conocí de fijo lo que el modelo neoliberal, el pago del Fobaproa y la deuda externa han repercutido en las clases medias mexicanas. Me dio una lástima…

Porque ocurrió que el clasemediero doctor Pérez y Hernández, con el toluqueño afianzado entre índice, medio y pulgar, se había quedado observando aquellas formas enjutas, el escurrimiento del físico, el cansino andar. De súbito lo oí suspirar (oí suspirar a las clases medias de México, mi país), y a media voz expresar la definición más completa de eso en que han venido a degenerar luego de resistir impuestos y carteras vencidas:

- Qué pena En verdad, qué pena..

Lo vi observar el rumbo por el que desapareció la matrona “Qué desperdicio de tiempo, dinero y esfuerzo”. Meneó la testa. El chorizo se le encorvaba “Qué pena, de veras, que yo, todavía hace unos años, lo imperdonable. Mire usted que malgastar vida sentimental y ahorros…”

Suspiró. El toluqueño se le curvaba, se le volvía lacio, resbalaba, seboso, entre sus dedos. “Haberme desperdiciado con Xiomaras, Karlas y Gloriellas muy buenas de lengua (secretarias bilingües), pero que vaya uno a saber si lo que tienen de bilingües lo tenían de sidosas, toco madera (Tocó plástico vil. El toluqueño, como falto de la respectiva pastilla azul, al piso.)

- Porque después de todo yo, con aquella vida de irresponsable; que si Yesenia, que si Dennise, que si Manolo (no, ese fue mi chofer, qué gasto inútil). Yo tantas Irinas, Tatianas, Genevives, qué horror. Frondosotas, rubiesotas, y unas pechugas. No, y aquella planta..

- ¿Alta o baja? ¿Leonerita?

- Planta de hembras. Plantosas. Me acuerdo, y qué horror…

Suspiró. Suspiraron las clases medias.

“Porque hoy, ya fijándose, pues caramba, para qué rubias y frondosotas, si mi señora esposa, ¿verdad? Ella todavía aguanta un piano. Qué digo un piano: un órgano de buen tamaño”.

Silencio. Lo vi morderse uno. El de abajo. El labio. Suspiré. Y aquel nudo aquí mero, vean. Nudo gordiano. (Las medias.)

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Hasta las medias…

Posted by Tomás Mojarro on Diciembre 8th, 2008

“La clase media será prioridad. Para rescatarla aplicaré de inmediato el plan adecuado”.

Pero un momento, mis valedores, no alegrarse antes de tiempo. Quien esto afirma es Barak Obama, y alude a la clase media de su país. El “mandatario” mexicano, por su parte, afirmó que “Nuestra clase media se está cayendo a pedazos, pero yo trabajo fuerte para extenderla y construir un futuro mejor para las siguientes generaciones”.

Pero tampoco alegrarse, que quien esto juraba fue Fox, imagínense. Yo, entonces, relaté aquí mismo el incidente que me mostró con más elocuencia que cualquier análisis de economista la depreciación de una clase media que hoy, ante la crisis que la masacra, juzgo de renovada actualidad. La crónica;

Fue aquel domingo a media mañana El doctor Pérez y Hernández (como los políticos mediocres, el profesionista más fácilmente perdona una mentada de madre que su apellido de madre se omita) me invitó a comen “Pero como Díos manda, no a lo que da el pago de sus fabulillas. Trépese”.

Me trepé a su volks. “Directamente a las patas, mi valedor. Patas de mula, ¿le gustan los mariscos? No, y más antes eran todavía mejor para el organismo. ¿Le gustan?” (Se me hizo agua, me refiero a la boca El doctor:) “Conozco un restaurante en Toluca donde mmm, una gloria de camarones…”

Y a la gloria nos fuimos; la de los mariscos. Dizque por su virtud tonificante no estoy seguro si del cerebelo, el apéndice o no sé qué clase de bulbo, ha de ser el raquídeo. Ya en la carretera (carretera libre, para evitar el peaje) por boca del doctorcito se expresaron las clases medias de mi país:

- Mire nomás qué chulada de arboledas. De ensueño, ¿no? Lindo mi México, se lo digo yo, que todavía en pasados sexenios no perdonaba mi viaje semestral a las Europas, nomás gastando divisas a lo pentonto. ¿Sabe que aquí donde me ve yo he andado desde Sumatra hasta La Sutra?

Iba a contestarle el albur, pero me aguanté. Por una pata de mula, a este mula doctor le aguanto cualquier patada. De mula.

- Mire: serranías pachonas de vegetación. Abedules, algarrobos o chicozapotes, sepa la madre. ¿Qué le piden estos bosques a los de Viena? Esos pinos, ¿qué le piden a Los Pinos, espurios? Para qué derrochar divisas en Europa, ¿no le parece?

Lo miré de reojo. Me dieron una lástima las clases medias de mi país…

- Y es que en nuestro México tenemos de todo, como en botica.

Botica que no sea del Seguro Social, que ni aspirinas -pensé, pero mucho me cuidé de expresarlo. Por aquello de las patas de mula

Mediodía Toluca. La entrada del restaurante. En el atascadero de coches y entre dos que dejaban un espacio que ni para carro de camotes, el de dos apellidos maniobró en forma tal que dejó la trompa a media banqueta y la trasera acomodada sobre una alcantarilla La trasera del volks.

- ¿Se dio cuenta, mi valedor? El chicampiano lo meto en cualquier huequito, no aquel estorboso “seis cilindros” del que me tuve que deshacer…

Hasta acá comenzó a llegarme el olor de las patas. De mula Al rato ya el doctor y su gorrón estábamos de las de acá, miren, leyendo la carta, pero leyéndola al estilo crisis de clases medias: de derecha a izquierda. A ven 50, una orden de mejillones; 65, jaibas rellenas de pulpos, o pulpos rellenos de jaibas, al gusto; callo de hacha, en oferta Sonriendo como estreñido, el doctor:

- Precios razonables. Media de ostiones, tantos pesos.

- Son dólares, doctor. (Palideció. Yo tragué saliva y fue lo único que tragué en el restaurante, porque el de los dos apellidos): “Se me ocurre una idea ¿Y si mejor nos regresamos al DF? A mi casa Porque después de todo qué mejor comida que la casera, y si viera que mi señora uh, qué mano tiene. Limpieza sazón. ¿A mi casa, a la pura proteína pura, mi valedor”.

Y acá venimos, clasemedieros, a desandar el camino, rumbo a la casera Yo, aquella compasión; por mí, por el de los dos apellidos. Y ni cómo liberarlo del compromiso sin herir su susceptibilidad. Apechugué. Y a casita, la de él. Total, que un par de horas más tarde… el antecomedor.

¿La casa? Clasemediera típica Mi anfitrión descorchó una de tinto. La olisqueó. “Mmm, uva añejada en barricas de ayacahuite Tres larguísimas semanas en reposo antes de llegar al tianguis. Los vinos del país qué le piden a los del Rhin. Texmelucan legítimo, aspire su bouquet”. Y que salucita Yo con agua, que conmigo vino y licor toparon en hueso. En tepetate Y válgame, que fue entonces… (Mañana)

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